Geoeconomía

De Enciclopedia Salmantina

La geoeconomía es la rama de la ciencia económica que estudia cómo la rivalidad política internacional moldea las políticas y los resultados económicos, y viceversa.[1] La geoeconomía es por definición internacional y se centra en cuestiones de rivalidad transfronteriza.

Los investigadores en este campo se esfuerzan por determinar en qué momentos históricos y con qué magnitud los países deciden proyectar su poder económico, así como las estrategias que adoptan terceras naciones para protegerse frente a tales agresiones o presiones. Asimismo, la literatura académica geoeconómica evalúa la efectividad real de estas acciones coercitivas, analizando detalladamente sus efectos de equilibrio general en la economía global. Resulta de especial interés el cálculo de las pérdidas de eficiencia que se derivan de la fragmentación de los mercados, la cuantificación de las externalidades vinculadas a la seguridad nacional y la evaluación del dilema existente entre la integración económica internacional y la autonomía estratégica de los Estados.

Temas[editar | editar código]

Esta rama del conocimiento analiza una amplia gama de instrumentos de poder económico que los Estados modernos tienen a su disposición, entre los que destacan los aranceles a la exportación e importación, los controles cuantitativos al comercio, los boicots, los embargos, las sanciones financieras, las políticas industriales dirigidas y los controles sobre los flujos de trabajo y capital.

Las cuestiones que aborda la geoeconomía se pueden agrupar en cinco subcampos principales. En primer lugar, el uso de herramientas de política geoeconómica, tales como sanciones y embargos. En segundo lugar, la geopolítica comercial, especialmente los trabajos sobre coerción y fragmentación. En tercer lugar, la investigación sobre la geopolítica financiera, que se centra en el dominio de las divisas y los flujos de capital dirigidos por el Estado. En cuarto lugar, la literatura sobre el riesgo geopolítico y sus repercusiones en la economía nacional, p. ej., en las inversiones, el crédito y la inflación. En quinto lugar, la economía de la guerra, en particular la investigación sobre el comercio y la guerra, y sobre la producción militar.

Historia y evolución del pensamiento geoeconómico[editar | editar código]

Las raíces históricas de la geoeconomía pueden rastrearse hasta las doctrinas del mercantilismo europeo de los siglos XVI al XVIII, un sistema que poseía un marcado carácter geoeconómico al considerar que la acumulación de riqueza nacional era indisoluble del poderío militar y la supervivencia política del Estado frente a potencias rivales. En los albores de Estados Unidos, figuras fundacionales como Alexander Hamilton emergieron como pioneros en el análisis geoeconómico, promoviendo políticas de fomento industrial y protección arancelaria para garantizar la independencia real de la joven república frente a la hegemonía británica. Posteriormente, durante el siglo XIX, el economista alemán Friedrich List y sus seguidores, así como los promotores del "Sistema Americano" como Henry Clay, articularon visiones del desarrollo nacional que pueden interpretarse directamente desde un prisma geoeconómico, argumentando que el libre comercio solo beneficiaba a las potencias ya industrializadas.

A pesar de estos antecedentes, los economistas clásicos y neoclásicos ignoraron en gran medida estas dinámicas, prefiriendo enfocarse en modelos de libre mercado exentos de fricciones políticas. El término "geoeconomía" no fue acuñado formalmente hasta el período de entreguerras, gracias al trabajo de académicos del ámbito germano como Wilhelm Röpke y Arthur Dix, quienes se apoyaron en la larga tradición de la economía histórica y la geografía económica de la región. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, la disciplina experimentó un profundo declive. Este ostracismo académico se debió en gran parte a la desafortunada asociación de estas ideas con las teorías geopolíticas de Rudolf Kjellén, Friedrich Ratzel y, especialmente, Karl Haushofer, cuyo concepto de Lebensraum había sido instrumentalizado por el régimen nacionalsocialista alemán. Mientras tanto, teóricos anglosajones de la estrategia como Alfred Mahan, Halford Mackinder o Nicholas J. Spykman continuaron abordando la geopolítica, pero prestando una atención comparativamente menor a las dimensiones puramente económicas del poder.

La verdadera resurrección intelectual de la geoeconomía a mediados del siglo XX provino del trabajo pionero de Albert O. Hirschman, autor de National Power and the Structure of Foreing Trade. Hirschman documentó cómo la dependencia comercial podía ser explotada para obtener concesiones políticas, desarrollando herramientas analíticas que perduran hasta nuestros días: un ejemplo es el índice de concentración de Herfindahl-Hirschman, concebido originalmente para medir el poder geoeconómico de las naciones en sus relaciones comerciales.

En las décadas de 1970 y 1980, el campo experimentó nuevos desarrollos gracias al surgimiento de la Economía Política Internacional (EPI), con contribuciones seminales de autores como Robert Keohane, Joseph Nye, Robert Gilpin, Richard Rosecrance y Paul Kennedy, quienes analizaron la interdependencia compleja, el papel de las corporaciones multinacionales y el declive relativo de las potencias imperiales.

El resurgimiento contemporáneo de la geoeconomía[editar | editar código]

En las primeras décadas del siglo XXI, la geoeconomía ha regresado al epicentro del debate académico y político global, un fenómeno impulsado por una confluencia de factores estructurales de enorme calado. El motor principal de este resurgimiento es el ascenso de China y el consiguiente retorno de la competencia entre grandes potencias en un sistema internacional que transita aceleradamente hacia la multipolaridad. A esto se suma un incremento exponencial en el uso de sanciones económicas unilaterales y multilaterales como herramienta coercitiva preferida frente a la guerra abierta, así como una creciente y preocupante fragmentación económica mundial que amenaza con desmantelar décadas de globalización institucionalizada. El aumento de los conflictos bélicos regionales y las disputas hegemónicas ha obligado a los Estados a reevaluar la seguridad de sus cadenas de suministro estratégicas.

Desde el punto de vista académico y metodológico, este retorno de la geoeconomía se ha visto facilitado por la disponibilidad masiva de nuevos datos empíricos (Big Data) y por una mayor disposición de la profesión económica a incorporar en sus modelos variables institucionales, políticas y de seguridad nacional que históricamente se consideraban ajenas a la "economía convencional". Los economistas aportan a este renacimiento un riguroso enfoque analítico, destacando por su profunda apreciación del comportamiento intencional de los agentes, la estructura de incentivos, las expectativas racionales, y la importancia fundamental de las interacciones de equilibrio general que a menudo generan consecuencias imprevistas no triviales. Además, la economía moderna proporciona un marco inigualable para entender las restricciones agregadas, modelar dinámicas estocásticas complejas y establecer afirmaciones causales sólidas mediante ejercicios contrafactuales rigurosos.

En términos disciplinarios, la geoeconomía mantiene una estrecha relación simbiótica con la economía internacional, aunque difiere significativamente en su enfoque teológico. Mientras que la economía internacional clásica tiende a enfocarse en la maximización del bienestar y la eficiencia paretiana, la geoeconomía se erige como un complemento indispensable que abarca tanto dimensiones positivas (cómo y por qué actúan los Estados) como normativas, estando íntimamente ligada a la estrategia de Estado (statecraft) y la gran estrategia. Finalmente, posee sólidos vínculos con la Relaciones Internacionales, la Economía Política Internacional y la historia económica, prestando especial atención a la evolución histórica de la guerra económica y las sanciones a lo largo de los siglos.

Lecciones de la historia: La coerción financiera y comercial[editar | editar código]

La historia económica proporciona innumerables ejemplos del uso de asimetrías de red y hegemonía financiera para alcanzar metas geopolíticas, siendo el caso de la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial en 1915 uno de los episodios más ilustrativos de coerción geoeconómica exitosa. A principios de 1915, el Estado italiano se encontraba en una posición de extremada delicadeza; a pesar de estar nominalmente aliado con el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro mediante la Triple Alianza, Roma había optado por la neutralidad en agosto de 1914 alegando el carácter estrictamente defensivo del pacto y las persistentes disputas territoriales con Austria-Hungría en regiones como el Trentino-Alto Adigio, la Marca Juliana y Dalmacia. Además, figuras políticas de enorme peso como Giovanni Giolitti y la amplia mayoría parlamentaria italiana se oponían frontalmente a la participación en el conflicto armado en cualquiera de los bandos. A pesar de esta arraigada oposición política interna, el Reino Unido logró persuadir al gobierno del Primer Ministro Antonio Salandra para que firmara el Tratado de Londres el 26 de abril de 1915 y entrara en la guerra del lado de la Entente, logrando además que Italia se mantuviera beligerante incluso tras el desastre militar de Caporetto. Este drástico giro estratégico se logró mediante una combinación letal de incentivos territoriales y amenazas económicas devastadoras impulsadas por la hegemonía británica. El Reino Unido utilizó su poder de monopolio sobre recursos críticos para amenazar con cortar drásticamente el acceso de la península itálica al carbón y al algodón, insumos vitales para la supervivencia industrial italiana. Paralelamente, Gran Bretaña explotó la enorme vulnerabilidad del sistema financiero italiano, dado que las principales entidades bancarias del país, como la Banca Commerciale Italiana y el Credito Italiano, dependían existencialmente de la liquidez proporcionada por el mercado de aceptaciones de Londres. Este episodio subraya cómo los países hegemónicos han utilizado históricamente su poder sobre las redes comerciales y el sector financiero internacional para someter a naciones dependientes.[2]

Agenda de investigación y desafíos futuros[editar | editar código]

El resurgimiento de la geoeconomía plantea una ambiciosa agenda de investigación para las próximas décadas. Uno de los frentes teóricos más urgentes es la incorporación de dinámicas estocásticas en la toma de decisiones geopolíticas. Los modelos deben evaluar interacciones intertemporales, como el aprendizaje práctico (learning-by-doing) en industrias estratégicas, ejemplificado en la actual "guerra de los microchips". Asimismo, resulta imperativo conceptualizar el "valor de opción" asociado al momento exacto en que una potencia decide ejercer su influencia o buscar la cooperación, enfrentándose siempre a formidables problemas de consistencia temporal e incertidumbre frente a shocks exógenos globales.

Una segunda vertiente crucial es el análisis profundo de la economía política interna que subyace a la política exterior. Las acciones geoeconómicas de un país rara vez responden a un ente unitario abstracto, sino que son el producto de una compleja negociación entre grupos de interés domésticos. Para comprender la actuación de actores contemporáneos, como el sistema político mercantilista-leninista de China, los modelos macroeconómicos deben integrar la heterogeneidad de los agentes económicos, permitiendo evaluar cómo diferentes sectores industriales y clases sociales se benefician o perjudican por las políticas de coerción.

En tercer lugar, el marco geoeconómico debe adaptarse rápidamente a un mundo multipolar. La mayor parte de la modelización económica histórica se ha basado en la existencia de un hegemon único, pero la historia de las relaciones internacionales muestra que las estructuras multipolares son la norma. Esto exige adaptar teorías de la competencia oligopólica (como la competencia de Cournot o de Bertrand) a la escena internacional y formalizar conceptos clave del neorrealismo de autores como Kenneth Waltz, tales como las estrategias de bandwagoning (acompañamiento estratégico) frente a la política de equilibrio de poder (balancing).

Finalmente, el desafío econométrico sigue siendo sustancial. Para que la geoeconomía pueda ofrecer recomendaciones de política pública precisas y concretas, como calibrar el efecto exacto de un arancel preventivo, es esencial resolver problemas severos de identificación de parámetros estructurales en un entorno caracterizado por una enorme incertidumbre.

Véase también[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Mohr y Trebesch, 2024, p. 4.
  2. Forsyth, Douglas J. The Crisis of Liberal Italy: Monetary and Fiscal Policy, 1914-1922. Lambert, Nicholas A. Planning Armageddon: British Economic Warfare and the First World War.

Referencias[editar | editar código]