Geopolítica comercial

De Enciclopedia Salmantina

Poder y comercio internacional

Muchos pensadores influyentes, entre ellos Nicolás Maquiavelo, Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill, han estudiado la relación entre el comercio internacional y el poder. La disyuntiva central ha seguido siendo la misma a lo largo de las épocas: la integración económica puede fortalecer el poder nacional, pero también expone a un país a nuevas dependencias y riesgos.

Albert Hirschman ofrece en National Power and the Structure of Foreign Trade (1945) un recorrido histórico completo del pensamiento económico sobre el tema. Comienza con las ideas mercantilistas según las cuales una mayor riqueza siempre se traduce en un mayor poder nacional, por lo general a expensas de las potencias rivales. Destacados mercantilistas como Jean-Baptiste Colbert en el siglo XVII veían el comercio internacional como un juego de suma cero y, por lo tanto, favorecían una fuerte intervención gubernamental para evitar los déficits comerciales y la dependencia. A lo largo del siglo XVIII, esta cosmovisión mercantilista dio paso a la escuela de pensamiento liberal, liderada por Adam Smith y Hume, que enfatizaba las ganancias del comercio tanto en términos económicos como políticos (una idea central de los pensadores liberales es que la integración económica puede ayudar a promover la paz, ya que las dependencias mutuas y los lazos comerciales aumentan el coste de oportunidad de la guerra.). Hirschman subraya que, a pesar del auge del liberalismo, algunas ideas centrales del mercantilismo resurgieron una y otra vez, especialmente en tiempos de convulsión geopolítica.

Una idea mercantilista recurrente es que los países más grandes, militarmente más fuertes o más competitivos pueden extraer ganancias del comercio de potencias comparativamente más débiles. Esto es coherente con Findlay y O’Rourke (2007), quienes ofrecen un amplio relato histórico de dichas dependencias y de la lucha por los recursos y las rentas comerciales durante los últimos mil años.

El libro de Hirschman de 1945, escrito bajo la impresión de la agresión exterior de la Alemania nazi, se centra en esta perspectiva. Ofrece un análisis en profundidad de los mecanismos de coerción económica internacional y de extracción de rentas, en particular mediante la amenaza de interrumpir las relaciones comerciales o financieras con otro país. Los temas centrales de este libro y las ideas de Hirschman sobre la política comercial como una «alternativa a la guerra» han vuelto hoy al primer plano del debate público, motivados en gran parte por la creciente firmeza de China, la política comercial transaccional de Donald Trump de «America First» y las sanciones a gran escala contra Rusia desde 2022. Muchas de las contribuciones recientes e influyentes en geoeconomía se basan en el trabajo de Hirschman.

En el modelo de Clayton, Maggiori y Schreger (2023), un país grande y hegemónico supera el conocido problema de la exigibilidad limitada de los contratos internacionales. El mecanismo clave consiste en coordinar amenazas conjuntas con otros países, aprovechando también la amplificación de las perturbaciones a través de las redes de insumo-producto. El hegemón utiliza estas sanciones coordinadas para actuar como un garante global del cumplimiento, por ejemplo, amenazando con cortar el acceso a los sistemas de pago globales o a tecnología crítica. En este mundo, un hegemón desempeña un doble papel. Utiliza su poder para extraer rentas globales que empeoran la situación de los países más pequeños. Pero el hegemón también proporciona un bien público global al facilitar el cumplimiento de los contratos transfronterizos, lo que ayuda a expandir la producción y el bienestar globales.

Clayton, Maggiori y Schreger (2024) se basan en este marco, centrándose en particular en la respuesta de los países que buscan prevenir la coerción y la extracción de rentas por parte del hegemón. Destacan una disyuntiva. De forma individual, los países pequeños pueden ganar seguridad desacoplando sus economías de las redes comerciales y financieras del hegemón. Pero si muchos países hacen esto de manera no coordinada, se puede desencadenar un «bucle nefasto de fragmentación» que reduzca las ganancias globales del comercio.

La noción de coerción económica también desempeña un papel central en el estudio de Liu y Yang (2025), el cual combina la teoría con un exhaustivo esfuerzo empírico para medir el poder internacional y los vínculos políticos bilaterales. Un hallazgo clave en su trabajo es que el aumento de las tensiones geopolíticas puede motivar a los países a expandir estratégicamente su poder internacional a través de las redes comerciales.[1]

Hegemonía, alineamiento y globalización

Otro debate que resurge es el de la hegemonía y la globalización. ¿Cómo moldean las superpotencias el sistema comercial global? ¿Y cuáles son las implicaciones económicas del paso de un mundo hegemónico a uno más multipolar? Durante la era de la Guerra Fría, en las décadas de 1970 y 1980, estas preguntas se estudiaron exhaustivamente, con investigaciones que abarcaron la historia económica, la ciencia política y la escuela sociológica del «sistema-mundo».

Kindleberger (1973), en particular, desarrolló desde la historia económica el concepto de «estabilidad hegemónica», según el cual un sistema económico global integrado requiere de un hegemón que lo sustente.[2] Gilpin (1975) y Krasner (1976), desde la ciencia política, desarrollaron aún más esta idea, enfatizando que las potencias hegemónicas favorecen la integración por interés propio y no por altruismo.[3][4] Una potencia hegemónica con una economía grande y eficiente está destinada a beneficiarse de la integración, lo que la lleva a sostener dicha integración mediante el uso de bloques de poder político y militar. Trabajos recientes retoman estas ideas y las formalizan.

Broner, Martin, Meyer y Trebesch (2025) presentan un modelo de globalización hegemónica en el que el comercio aumenta con la alineación política. La presencia de un gran país hegemónico impulsa la alineación en torno al hegemón, respaldando así el comercio y el bienestar globales. Sin embargo, el surgimiento de una segunda gran potencia puede hacer que la globalización se desmorone. Empíricamente, ponen a prueba su teoría utilizando un conjunto de datos de tratados bilaterales y multilaterales a lo largo de 200 años. Descubren que los hegemones impulsan la firma de tratados y que los países que firman tratados con un hegemón comercian más, no solo con el hegemón, sino también con otros países alineados con este. Es probable que un mundo con un único y gran hegemón experimente una globalización más profunda.[5]

El vínculo entre la alineación política y el comercio también se explora en Kleinman, Liu y Redding (2024). Demuestran que los países que comercian ampliamente entre sí también tienen más probabilidades de estar alineados políticamente entre sí. Empíricamente, miden la exposición económica utilizando datos detallados de comercio y aprovechan la entrada de China en el sistema comercial global para mostrar un efecto causal de la exposición económica sobre el (re)alineamiento.[6] En un trabajo relacionado, Hinz (2023) muestra que las consideraciones geopolíticas pueden impulsar la decisión de un país de integrarse económicamente con otro país.[7]

Fragmentación, desacoplamiento y riesgos de la cadena de suministro

Desde la década de 2010 se observa un patrón de «slowbalization» (lenta globalización), lo que significa una desaceleración en el crecimiento del comercio internacional tras dos décadas de rápida expansión.[8][9] El ataque de Rusia a Ucrania marca el comienzo de una nueva era de agitación geopolítica, con mayores riesgos para la globalización y el libre comercio. La seguridad nacional es el más poderosos de los argumentos esgrimidos contra una globalización sin restricciones e impulsada por el mercado. Esta afirmación resuena con Adam Smith, quien escribió célebremente que «la defensa, sin embargo, es de mucha mayor importancia que la opulencia».[10]

En esta línea, existen estudios empíricos que analizan los signos de fragmentación geoeconómica, desacoplamiento o «friendshoring».[11]

La fragmentación geoeconómica se ha definido como la reversión de la integración económica global impulsada por políticas y a menudo guiada por consideraciones estratégicas.[11] Para analizar la fragmentación geoeconómica, la literatura utiliza diversas medidas de distancia geopolítica entre países. El artículo de Fernández-Villaverde, Mineyama y Song (2024) elabora un índice de fragmentación combinando una amplia gama de subindicadores, tales como la apertura comercial, las restricciones comerciales y sanciones, el riesgo geopolítico o los conflictos. Con base en este indicador, concluyen que la fragmentación geopolítica tiene efectos negativos en el PIB, la producción industrial, la inversión y los mercados de activos, con repercusiones especialmente graves en las economías emergentes.[12]

La conclusión general de esta literatura es que los flujos comerciales se están reorientando cada vez más según afinidades geopolíticas, si bien existe desacuerdo sobre la magnitud real de esta divergencia. Además, se observa que la fragmentación resulta económicamente costosa.[13] Otra vertiente de la literatura se centra en los países conectores, que cultivan vínculos con socios de diferentes bloques geopolíticos.

Véase también

Notas

  1. Liu, Ernest; Yang, David Y. (2025). «International Power». NBER Working Paper (en inglés) (34006). 
  2. Kindleberger, Charles P. (1973). The World in Depression, 1929-1939 (en inglés). Berkeley: University of California Press. ISBN 0-520-02423-0. 
  3. Gilpin, Robert (1975). U.S. Power and the Multinational Corporation: The Political Economy of Foreign Direct Investment (en inglés). Nueva York: Basic Books. ISBN 9780465089512. 
  4. Krasner, Stephen D. (1976). «State Power and the Structure of International Trade». World Politics (en inglés) 28 (3): 317-347. 
  5. Broner, Fernando; Martin, Alberto; Meyer, Josefin; Trebesch, Christoph (2025). «Hegemonic Globalization». Social Science Research Network (en inglés). 
  6. Kleinman, Benny; Liu, Ernest; Redding, Stephen J. (2024). «International Friends and Enemies». American Economic Journal: Macroeconomics (en inglés) 16 (4): 350-385. 
  7. Hinz, Julian (2023). «The ties that bind: geopolitical motivations for economic integration». Review of World Economics (en inglés) 159 (1): 51-100. 
  8. Antràs, Pol (2020). «De-Globalisation? Global Value Chains in the post-COVID-19 Age». NBER Working Paper (en inglés) (28115). 
  9. Goldberg, Pinelopi K.; Reed, Tristan (2023). «Is the Global Economy Deglobalizing? And if so, why? And what is next?». NBER Working Paper (en inglés) (National Bureau of Economic Research) (31115). 
  10. La riqueza de las naciones, Libro IV, capítulo II, párrafo 30
  11. 11,0 11,1 Aiyar, Presbitero y Ruta, 2023.
  12. Fernández-Villaverde, Jesús; Mineyama, Tomohide; Song, Dongho (2024). «Are We Fragmented Yet? Measuring Geopolitical Fragmentation and Its Causal Effect». NBER Working Paper (en inglés) (National Bureau of Economic Research) (32638). 
  13. Javorcik, Beata; Kitzmüller, Lucas; Schweiger, Helena; Yıldırım, Muhammed A. (2024). «Economic Costs of Friendshoring». World Economy (en inglés) 47 (7): 2871-2908. 

Referencias

  • Mohr, Cathrin; Trebesch, Christoph (2024). «Geoeconomics». CEPR Discussion Paper No. 19856 (en inglés).