Juego de confianza

De Enciclopedia Salmantina

El juego de confianza, también conocido como juego de inversión, es el experimento de referencia para medir la confianza en las decisiones económicas.[1][2] El experimento fue diseñado por Berg et al. (1995) para demostrar «que la confianza es un primitivo económico», es decir, que la confianza es tan fundamental para las transacciones económicas como el interés propio.[3] Dado que «la confianza no forma parte intrínseca de la economía convencional», el éxito de este experimento al demostrar la primacía de la confianza supone un desafío para los supuestos básicos de la economía estándar, que tienden a ignorarla.[4]

Descripción[editar | editar código]

Primer movimiento del juego de la confianza. Y representa una cantidad de dinero.

En el juego de confianza, al igual que en el juego del ultimátum y el juego del dictador, participan dos individuos emparejados de forma anónima.[5] Ambos reciben una determinada cantidad de dinero. Al primer participante, o jugador, se le indica que debe enviar una parte de su dinero a un segundo jugador anónimo, aunque la cantidad enviada puede ser cero. Asimismo, se le informa de que cualquier cantidad que envíe será triplicada por el experimentador.[6] Así, cuando el primer jugador elige una cantidad, el experimentador la toma, la triplica y entrega ese dinero al segundo jugador. A continuación, se pide al segundo jugador que tome una decisión similar: devolver al primer jugador una parte del dinero ya triplicado, aunque esa cantidad también puede ser cero.[7][8]

Segundo movimiento del juego de la confianza. Y representa una cantidad de dinero.

Resultados predichos[editar | editar código]

Según los supuestos económicos estándar de racionalidad completa y preferencias egoístas, se predice que el primer jugador no enviará ninguna cantidad de dinero. Incluso con información perfecta sobre las reglas del juego, la estrategia de que el primer jugador no envíe nada (y, por consiguiente, que el segundo tampoco devuelva nada) constituye el equilibrio de Nash del juego.[9]

Resultados observados[editar | editar código]

En el experimento original de Berg et al., treinta de las treinta y dos partidas realizadas produjeron resultados contrarios a las predicciones de la teoría económica estándar. En esos treinta casos, los primeros jugadores enviaron una cantidad que, en promedio, superaba ligeramente el cincuenta por ciento de su dotación inicial.[10] Experimentos posteriores obtuvieron resultados similares para los primeros jugadores: únicamente el 11 % no envió ninguna cantidad.[11]

Los resultados obtenidos por los segundos jugadores en respuesta a las transferencias distintas de cero realizadas por los primeros fueron más variados. En el experimento de Berg et al., la cantidad devuelta dependía en gran medida del nivel de información social que los experimentadores proporcionaban al segundo jugador sobre el primero. Sin embargo, independientemente de la información suministrada, la cantidad media devuelta por el segundo jugador al primero fue superior a la cantidad originalmente enviada.[12] En el experimento de Brulhart, la cantidad media devuelta también superó la enviada inicialmente, y solo el 20 % de los segundos jugadores no devolvió ninguna cantidad.[13]

En conjunto, los resultados observados tanto para los primeros como para los segundos jugadores difirieron notablemente de los predichos por el supuesto económico estándar del interés propio puro.

Explicaciones[editar | editar código]

Aunque estos resultados parecen contradecir la concepción económica del interés propio racional, existen interpretaciones que permiten preservar dicha noción. Si los participantes actúan de acuerdo con el interés propio racional, un primer jugador que decide enviar dinero al segundo debe esperar obtener un rendimiento positivo que compense el riesgo asumido.[14] Una forma de generar esa expectativa sería que el experimentador repitiera varias veces el juego entre los mismos dos participantes, permitiendo que el primer jugador desarrollara una reputación sobre la fiabilidad del segundo. En ese caso, enviar dinero podría constituir una decisión racional desde la perspectiva del interés propio, siempre que el segundo jugador hubiera demostrado ser suficientemente fiable para corresponder. Sin embargo, dado que la mayoría de los primeros jugadores envían dinero incluso en la primera partida, es necesario buscar una explicación alternativa.

Un enfoque alternativo, que niega que el interés propio sea el único motivo que guía las acciones humanas, consiste en recurrir a la evolución. Como afirma Berg, «los modelos evolutivos predicen la aparición de la confianza porque maximiza la aptitud genética».[15] Así, si la confianza fuera un rasgo innato producto de la evolución, se convertiría en un «primitivo conductual» y, por tanto, en un primitivo económico junto con el interés propio.[16] Esto bastaría para explicar el comportamiento observado en el juego de la confianza, al menos en el caso del primer jugador.

La explicación del elevado promedio de dinero devuelto por el segundo jugador también podría depender del carácter evolutivamente innato de la confianza. Berg sugiere que la reciprocidad se desencadena porque el segundo jugador interpreta «la decisión de enviar dinero [por parte del primer jugador] como un intento de utilizar la confianza para mejorar el resultado de ambas partes».[17] Al reconocer esta intención, el segundo jugador estaría más inclinado a corresponder.

Sea cual sea la explicación adoptada, los resultados del juego de la confianza ponen de manifiesto que «la capacidad de incorporar la confianza y la reciprocidad como parte del paradigma de la elección racional parece permitir mejores explicaciones de las instituciones económicas».[18]

Véase también[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Brülhart y Usunier, 2012.
  2. Berg, Joyce, John Dickhaut, Kevin McCabe. “Trust, Reciprocity, and Social History.” Games and Economic Behavior 10, (1995): 123, 122-142. http://dibartolomeo.comunite.it/courses/ee/Berg%20et%20al%201995.pdf
  3. Berg, Dickhaut y McCabe, 1995, p. 123.
  4. WITTELOOSTUIJN, Arjen Van. “A Game-Theoretic Framework of Trust.” A Game-Theoretic Framework of Trust 33, no. 3 (2003): 53-71.
  5. Brulhart
  6. Berg 123
  7. Brulhart
  8. Berg 123-124
  9. Berg 123
  10. Berg 123
  11. Brulhart
  12. Berg 134-135
  13. Brulhart
  14. Berg 123-124
  15. Berg 124
  16. Berg 124
  17. Berg 124, 138-139
  18. Berg 138

Referencias[editar | editar código]