Bien público
En economía, un bien público es un bien que está disponible para todos, de manera que el consumo de ese bien por parte de un individuo no implica una disminución del consumo de ese mismo bien por parte de cualquier otro individuo.[1][2]
Para identificar la naturaleza de los bienes públicos se puede considerar que todos los individuos somos capaces de hacernos de algunos bienes a través de medios privados para satisfacer alguna necesidad, tal como vestido, alimento o transporte. Estos son bienes que se pueden dividir para ser proporcionados o consumidos. Pero hay otro tipo de bienes que no se pueden asegurar por medios privados, ya sea por los altos costos que implicarían o por la imposibilidad de dividirlos, tales como los sistemas de pesos y medidas, el valor de la moneda, la seguridad de una población, los servicios comunitarios, el gobierno de una sociedad o el conocimiento colaborativo.
En términos económicos, un bien es todo aquello cuyo consumo genera utilidad o beneficio a los individuos. Un bien privado es divisible y excluible, es decir, se puede fraccionar y relegar a las personas de su disfrute. Para aprovechar una casa, un plato de comida o un dispositivo electrónico, se requiere pagar el costo de dicho bien. Pero los bienes públicos por definición son compartidos, por lo que el costo de su producción y distribución no puede ser cubierto por los particulares (al menos en grupos grandes), debido a las implicaciones que tendría para una persona cubrir los costos de producción y mantenimiento de dicho bien.
Esto se expresa en términos técnicos diciendo que el bien público en cuestión es un bien económico cuya naturaleza implica que no es rival ni excluible. Un bien es no rival cuando su uso por una persona en particular no perjudica o impide el uso simultáneo por parte de otros individuos (por ejemplo, una señal de radio), y es no excluible cuando no se puede impedir su usufructo por usuarios potenciales o reales.
Muchos economistas clasificarían los bienes públicos como un caso especial o subcategoría de los bienes comunes,[3] sin embargo, conviene notar que la definición no hace referencia estrictamente al sistema de propiedad: un bien es público -en esta concepción- independientemente de quién lo posee, siempre y cuando su uso "esté disponible a todos y cuyo uso por una persona no substraiga del uso respectos de otros". Por ejemplo (aún cuando no el mejor) la señal de radio mencionada está disponible a quien sea que tenga acceso a un receptor, pero la propiedad de la empresa emisora no es necesariamente ni comunal ni estatal.
Un ejemplo típico de bien público es la defensa nacional, ya que todos los ciudadanos están protegidos y el hecho que un individuo de un país esté protegido no reduce la protección para otro ciudadano. Se diferencian de los bienes libres, como el aire limpio, en que estos últimos no son bienes económicos.
Otros ejemplos son los fuegos artificiales que brinda el gobierno en fechas patrias, la luz de un faro que indica la distancia a la orilla del mar, plazas públicas, monumentos públicos, etc.
Principio de no excluibilidad[editar | editar código]
El principio de no exclusión tiene que ver con la imposibilidad de excluir del consumo de un bien a determinadas personas; las razones de la imposibilidad pueden ser físicas o económicas. La baja capacidad de exclusión implica que es imposible o muy difícil prohibir el consumo de un bien a otros individuos (se ha alegado que todo bien es excluible, si se está dispuesto a tomar las medidas necesarias y costearlas; esto enfatiza que el concepto es relativo a consideraciones legales y sociales). La exclusión de los bienes públicos tiene que ver con la rivalidad del mismo.
Principio de no rivalidad[editar | editar código]
La rivalidad en el consumo de un producto implica que el consumo por parte de un individuo impide el uso por otros. Por ejemplo, el uso de un martillo por alguien impide que sea usado al mismo tiempo por algún otro (a pesar de que ese otro lo podría usar en el futuro). Algunos bienes rivales son, adicionalmente, consumibles; así, si un individuo se come un pastel, no queda pastel para ningún otro. En ambos sentidos, el uso de un bien rival reduce la disponibilidad para otros.
Se dice que no existe rivalidad en el consumo de un producto o servicio, cuando el consumo que un individuo realiza de ese bien no impide ni reduce la cantidad disponible para el consumo de otras personas. Por tanto, de manera simultánea o no, varios individuos pueden consumir las mismas unidades del bien sin que se resienta el consumo de los otros. La Defensa nacional constituye el ejemplo más claro de ausencia de rivalidad en el consumo de un producto. La defensa nacional entendida como garantía y protección frente a un hipotético enemigo exterior, es un bien que ofrece el Estado a la ciudadanía y alcanza por igual a todos los ciudadanos del territorio y el hecho de que un individuo de un país esté protegido por la defensa nacional, no implica menores garantía para otro ciudadano. La no rivalidad en el consumo de la defensa nacional no implica que todos las personas valoren internamente por igual el servicio, de hecho es muy probable que las demandas de defensa nacional sean muy variadas entre los habitantes de un territorio. La no rivalidad significa que la existencia de un ejército equipado significa una garantía igual para todos ciudadanos del país.[4]
Hay algunos bienes no rivales que presentan un punto de saturación, es decir, un punto en el cual el consumo aumenta y se perjudica a los otros consumidores. Cuando se pasa el punto de saturación el bien deja de ser puro. Un ejemplo son las autopistas, cuando llegan a estar congestionadas los conductores se ven perjudicados.
Bienes mixtos[editar | editar código]
Obviamente, estas definiciones teóricas a veces son difíciles de aplicar al mundo real, puesto que estrictamente no hay ningún bien que no pueda ser derivado a algún nivel de producción o consumo mercantil; una calle, puente, etc, pueden ser construidos y/o administrados de manera privada (por ejemplo, con pagos de peaje).
El problema del polizón[editar | editar código]
La consecuencia más importante de que en los bienes públicos concurran las dos características citadas (la no rivalidad de su consumo y la imposibilidad de aplicar el principio de exclusión) es que la producción o suministro de estos bienes se enfrentan con el denominado problema del polizón o de los consumidores libres de carga (free riders en inglés). Al no ser factible la exclusión, la producción de los bienes públicos beneficia por igual a aquellos consumidores que cooperen en su financiación, y a aquellos consumidores que no lo hagan. Los polizones son, en definitiva, aquellos miembros de un colectivo que amparados en las características de los bienes públicos, se benefician de la producción de los mismos sin contribuir a su financiación.
La existencia de estos consumidores polizones inhabilita al mercado para la asignación de los bienes públicos y constituye una manifestación de fallo de mercado.
Véase también[editar | editar código]
Referencias[editar | editar código]
- ↑ Elinor Ostrom en Glosario
- ↑ Samuelson, 1954, p. 387. «I explicitly assume two categories of goods: ordinary private consumption goods [...] and collective consumption goods which all enjoy in common in the sense that each individual's consumption of such a good leads to no subtraction from any other individual's consumption of that good.»
- ↑ Por ejemplo: Friedrich von Wieser planteó que: "además de las economías privadas existen varias 'economías comunales' ("Gemeinwirthschasften" en el original). F. von Wieser: (1889) Der natürliche Werth Introducción al Libro VI, capítulo I; p 209 (en alemán). Von Wieser llega a diferenciar primero entre la economía estatal (solo un caso de economía comunal) y luego, diferentes tipos de 'economías estatales', entre ellos, 'las empresas públicas'.
- ↑ García Villarejo, Avelino; Salinas Sánchez, Javier. Manual de Hacienda Pública, general y de España. Tecnos. ISBN 84-309-1197-9.
Bibliografía[editar | editar código]
- Buchanan, James M.: Demanda y oferta de bienes públicos, 1968. (E-book en inglés)
- Colomer, Josep M.: Ciencia de la política. Ariel, Barcelona, 2009. ISBN 9788434418363
- Hardin, Garrett: "La tragedia de los comunes", Gaceta Ecológica, núm. 37, Instituto Nacional de Ecología, México, 1995. Traducción de Horacio Bonfil Sánchez del original: "The Tragedy of Commons" en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248.
- Samuelson, Paul A. (1954). «The Pure Theory of Public Expenditure». Review of Economics and Statistics 36 (4): 387-389. ISSN 0034-6535.
- Stiglitz, Joseph E.: La economía del sector público, Ed. Antoni Bosch Editor, 2003. ISBN 84-95348-05-5
Enlaces externos[editar | editar código]
- La tragedia de los comunes por Garrett Hardin
- Los bienes públicos, Manual básico de Economía de Mercado, en Eumed.net
- La tragedia de los comunes y la tragedia de los anticomunes: una reinterpretación, por Germán Coloma
- Bienes públicos: fallo del mercado o coartada del Estado, por Albert Esplugas