Un momento de descanso
Un momento de descanso es una novela de campus de Antonio Orejudo, publicada en 2011.
Sinopsis
Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto como profesor en Madrid, en la facultad donde estudiaron. Durante los años que vivió en Estados Unidos, nunca lo abandonó del todo «esa impresión de estar perdido en un mundo inabarcable y excesivo».[1]
Cifuentes tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias determinantes de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo de más calado, que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja y permanente conspiración.
Tema
Un momento de descanso trata sobre el desmoronamiento de las certezas. También desautoriza con ironía algunos motivos narrativos, desde la crisis familiar o la recuperación de la memoria, hasta la autoficción. Asimismo, es una novela de campus que ironiza sobre la fauna de la selva académica humanística:
Por lo que yo recuerdo, Cifuentes era torpe y nunca se le dieron bien las manualidades. Hubo un tiempo, mientras escribía la tesina sobre José María Pemán, en que Cifuentes había jugado a ser un erudito sin contacto con la realidad y a sentirse orgulloso por no ser capaz de cambiar una bombilla. Pero en los últimos tiempos su inutilidad lo avergonzaba.[1]
La novela está llena de referencias y de bromas especialmente dirigidas al público con formación académica en literatura. Por ejemplo:
Algunos estudiantes graduados se acercaron a él. El primero fue Luis Baeza, un ensimismado andaluz de largas patillas que hacía Neotradicionalismo y que se había quedado sin tema de tesis. Había empezado a estudiar la influencia de Benet en la literatura española, pero no había encontrado nada y no sabía qué hacer.[1]
Ambientación
El primer párrafo de la novela sitúa la acción en Madrid, en el año 2009. Este es el lugar y el momento en el que Antonio Orejudo y Arturo Cifuentes se encuentran. Después, Cifuentes empieza a relatar su experiencia en los años pasados en Missouri, Estados Unidos.
Estilo
El lenguaje es muy natural, similar al que se usaría en conversaciones orales. Las frases son, por lo general, cortas, y el vocabulario es de uso común, incluyendo frecuentes anglicismos.
Tono
Esta novela, como las demás de Antonio Orejudo, está repleta de humor, a veces sutil, a veces disparatado. Un ejemplo sutil:
Pero no se mudaron a Missouri sólo por dinero. Aceptaron también porque Missouri representaba una inmejorable oportunidad de ser infelices. Sí, de ser infelices. Missouri les ofrecía la posibilidad de sufrir, de crearse unos cuantos problemas con el fin de solucionarlos y eso, cuando surge, hay que aprovecharlo.[1]
Técnica
Narrador
La historia está contada por un narrador protagonista que se llama Antonio Orejudo, como el autor. Con frecuencia expone sus percepciones y opiniones subjetivas.
El narrador habla en primera persona cuando es un personaje más en la acción que narra. En otras ocasiones, cuando cuenta largas historias sobre otras personas, que estas le han contado a él, usa la tercera persona, solo interrumpida de tanto en tanto por breves comentarios personales. Cuando la historia se alarga, a veces se añade algún breve diálogo que recuerda que lo que está contando el narrador le está siendo contado a él por otra persona. Por ejemplo:
Magdalena era medievalista, lo que tratándose de una mujer latinoamericana en Estados Unidos no dejaba de ser una excentricidad. Hacía Male Feminism aplicado a la épica, y según me dijo Cifuentes coleccionaba glandes de escritores célebres, que ella misma fotografiaba.
Digo no me lo creo.
Dice yo tampoco hasta que lo vi con mis propios ojos. Empezó a fotografiarlos muy jovencita, en Argentina. Le divertía la facilidad con la que los escritores se la sacaban. Daba igual el prestigio que tuvieran y el carácter de su obra. Ella decía, don Jorge Luis, don Jorge Luis, ¿me permite verle el glande? Y don Jorge Luis se lo enseñaba. O don Julio, don Julio. O don Ernesto, don Ernesto. Naturalmente, todos pensaban que aquella chica tan jovencita y tan descarada iba a chupársela, y se la sacaban gustosos. A ella le divertía muchísimo la cara que ponían cuando en vez de chupársela les sacaba una foto.[1]
Puntuación
Los diálogos no hacen uso de guiones o comillas. En su lugar, se usa el punto y aparte para marcar el cambio de personaje y sus palabras van precedidas de un "Digo", "Dice", "Digo", "Dice", sin dos puntos, simulando la manera oral en la que se reconstruiría el diálogo. En la primera página de la novela ya se aprecia esta técnica:
Dice soy un fantasma, ¿no te doy miedo?
Digo no, hombre, no.
Estructura
El texto se divide en tres partes: «Aparece un fantasma», «Cómo me hice escritor» y «La felicidad».
Véase también
Notas
Referencias
- Orejudo, Gonzalo (2011). Un momento de descanso. Tusquets. ISBN 978-84-8383-297-4.