Jardinería

De Enciclopedia Salmantina
Johann Sperl Muchachas en el jardín del agricultor, 1885

La jardinería es la técnica y el arte de la creación y mantenimiento de jardines, espacios donde se cultivan plantas con una finalidad de recreo, especialmente para el deleite de los sentidos de la vista y el olfato.[1] Puede realizarse tanto en un espacio abierto como cerrado (canteros), y las plantas pueden incluir herbáceas, arbustos y árboles. Puede considerarse una modalidad de paisajismo, en la que el paisaje generado muestra un claro protagonismo de elementos vegetales.

El término "jardín", conocido desde el siglo XII, parece provenir del compuesto latino-germánico hortus gardinus que significa, literalmente, "jardín rodeado de una valla", del latín hortus, jardín fráncico, o gart o gardo "cerrado", como si el jardín tuviera que defenderse contra los animales e incluso de los ladrones.

Definiciones[editar | editar código]

El término "jardinería" se conoce desde finales del siglo XIII (con él se designaba el conjunto de los jardines). Pero adquiere su rango de nobleza con el célebre tratado publicado por vez primera en 1709 titulado "Teoría y Práctica de la Jardinería", de Dézallier d’Argenville, abogado y secretario del rey, gran amante de los jardines. Hizo una síntesis de los conocimientos del Gran Siglo para el arte de los jardines y para las técnicas hortícolas. Por otra parte, Olivier de Serres, agrónomo, escribió en 1599 «El Teatro de la Agricultura y Cuidado de los Campos» detallando todo lo que se necesita para cuidar, enriquecer y embellecer la casa rústica. Se trata, indudablemente, de un manual agrícola en el que se explica la manera de gestionar una propiedad rural (la propiedad de O. de Serres era de 150 ha.) y en el que la finalidad económica primaba sobre el hecho estético y el placer, pero la obra contiene un capítulo titulado «La Jardinería», con unos subtítulos: «Para tener Hierbas y Frutos: las Hierbas y flores olorosas: las Hierbas medicinales: los Frutos de los Árboles: el Azafrán, el Lino, el Cáñamo, la Granza, los Cardos, los Rozeaux y, además: la Manera de hacer las Conservas para la conservación de los frutos en general».

El término jardinería se usa, especialmente, para el uso, goce y consumición de los particulares mientras que el término horticultura designa la actividad profesional dedicada a la producción de frutos, flores, legumbres y otros productos vegetales. Sus principales denominaciones son: la horticultura para las legumbres, fruticultura para los frutos, floricultura para las flores y arboricultura para los árboles y arbustos. Pese a todo, puede ser utilizado para actividades de tipo lucrativo, si la producción no es muy importante, por ejemplo, cuando un horticultor vende, directamente, en un mercado. Esta situación es corriente en países donde los mercados continúan abasteciéndose por medio de pequeños productores que podrían denominarse "jardineros".[2][3]

La diferencia entre la jardinería y la horticultura es una diferencia de valores y de medios: la jardinería puede ser un entretenimiento o un medio para complementar los ingresos, mientras que la agricultura o la horticultura se inscriben en los grandes circuitos económicos, con grandes superficies, cantidades y prácticas bien diferentes.[4] La jardinería requiere, casi siempre, la mano de obra y utiliza poco capital y medios mecánicos, son típicos algunos útiles: una pala, un rastrillo, una cesta, una regadera, una carretilla. En comparación, la agricultura se sirve de tractores, segadoras, fertilizantes químicos, sistemas de irrigación, etc.

La jardinería está asociada, generalmente, al cuidado de un jardín, no solo a su creación. Se habla de paisajismo, o de arquitectura de jardín, cuando se trata del arte de pensar o crear un jardín. Es preciso recordar que este término no existía en la época de André Le Nôtre, no se hablaba de paisajismo se utilizaba solo el término de jardinismo. Por último, es interesante constatar que, un determinado grupo de paisajistas contemporáneos prefieren el término "jardinero-paisajista". El más conocido es Gilles Clément, autor del Jardín Planetario. Esto denota, evidentemente, una determinada filosofía con respecto a la naturaleza, respeto a sus ritmos, y la economía de medios, de energías y recursos que caracterizan a la jardinería: el jardinero ¿no es el que hace suya la divisa Semper festina lente (crece lentamente)?

Historia[editar | editar código]

Jardín forestal de Robert Hart en Shropshire, Inglaterra.

Antigüedad[editar | editar código]

La jardinería forestal, un sistema de producción de alimentos basado en el bosque, es la forma de jardinería más antigua del mundo.[5] Los jardines forestales se originaron en la época prehistórica a lo largo de las riberas de los ríos cubiertos de selva y en las húmedas estribaciones de las regiones monzónicas. En el proceso gradual de las familias para mejorar su entorno inmediato, se identificaron, protegieron y mejoraron las especies útiles de árboles y vides, mientras que se eliminaron las especies indeseables. Con el tiempo, también se seleccionaron e incorporaron a los jardines especies foráneas.[6]

Tras la aparición de las primeras civilizaciones, los individuos ricos comenzaron a crear jardines con fines estéticos. Las pinturas de las tumbas del Antiguo Egipto del Reino Nuevo (alrededor del año 1500 a. C.) proporcionan algunas de las primeras evidencias físicas de la horticultura ornamental y el diseño del paisaje; representan estanques de lotos rodeados de hileras simétricas de acacias y palmeras. Un ejemplo notable de jardines ornamentales antiguos fueron los Jardines Colgantes de Babilonia -una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo-, mientras que la antigua Roma tenía decenas de jardines.

Los antiguos egipcios ricos utilizaban los jardines para dar sombra. Los egipcios asociaban los árboles y los jardines con los dioses, creyendo que sus deidades se complacían con los jardines. Los jardines del antiguo Egipto solían estar rodeados de muros con árboles plantados en hileras. Entre las especies más populares que se plantaban estaban las palmeras datileras, los sicomoros, los higos, los nogales y los sauces. Estos jardines eran un signo de mayor estatus socioeconómico. Además, los antiguos egipcios ricos cultivaban viñedos, ya que el vino era un signo de las clases sociales más altas. Las rosas, las amapolas, las daisies y los irises también podían encontrarse en los jardines de los egipcios.

Asiria también era famosa por sus hermosos jardines. Estos solían ser amplios y grandes, y algunos de ellos se utilizaban para la caza -como un coto de caza actual- y otros como jardines de ocio. [Los cupresos y las palmeras eran algunos de los árboles más plantados.

También había jardines en el Kush. En Musawwarat es-Sufra, el Gran Recinto fechado en el siglo III incluía espléndidos jardines.[7]

Los jardines de los antiguos romanos estaban dispuestos con setos y enredaderas y contenían una gran variedad de flores-acanthus, acianos, crocus, ciclamen, jacinto, iris, hiedra, lavanda, lirios, mirto, narcisos, amapola, romero y violetas,[8] así como estatuas y esculturas. Los parterres eran populares en los patios de los romanos ricos.

Edad Media[editar | editar código]

La Edad Media representa un periodo de declive de los jardines con fines estéticos. Después de la caída de Roma, la jardinería se realizó con el fin de cultivar hierbas medicinales o decorar los altares de las iglesias. Los monasterios mantuvieron una tradición de diseño de jardines y de técnicas hortícolas intensas durante el periodo medieval en Europa.[9] Por lo general, los tipos de jardines monásticos consistían en huertos, jardines de enfermería, huertos de cementerio, garajes de claustro y viñedos. Los monasterios individuales también podían tener un "patio verde", una parcela de hierba y árboles donde podían pastar los caballos, así como un jardín del bodeguero o jardines privados para los obedienciarios, monjes que ocupaban puestos específicos dentro del monasterio. No obstante,

Hay evidencia de que en el siglo XIII existían espacios verdes en los que lo primordial era la fruición y no la obtención de productos. El fraile dominico Alberto Magno (c. 1200-1280) incluye en su obra De vegetabilibus, de carácter agrícola, un capítulo sobre la plantación de jardines (De plantatione viridariorum), donde afirma:

Hay espacios en los que la utilidad o el fruto son mínimos. Creados para el disfrute, no son por tanto cultivados y, en consecuencia, no pueden ser remitidos a ninguno de los terrenos de cultivo de los que hemos hablado con anterioridad. Esos espacios son llamados vergeles. Como están preparados sobre todo para el disfrute de dos sentidos, la vista y el olfato, se ha suprimido allí ante todo aquello que es favorable al cultivo. La vista, en efecto, no se solaza nunca tan agradablemente como ante el espectáculo de una hierba delicada, fina, corta...[10]

En ese jardín (vergel) de placer el elemento primordial es el prado florido, referencia inevitable en los textos e imágenes medievales. Sus plantas típicas son, pues, los céspedes y las flores. Hay también en el vergel que dibuja Alberto Magno lugares de sombra y frescor proporcionada por los árboles (de los que, en un jardín, «se espera más su sombra que su fruto»), plantados de forma que su cobertura no interfiera con la supervivencia del prado. Se recomiendan en el mismo rango viñas, manzanas, granados, perales, laureles y cipreses, con maridaje pues de frutales e «inútiles».[11] Al final del capítulo añade, para mayor claridad: «Delectatio enim quaeritur in viridario, et non fructus» [Placer, en efecto, se busca en un vergel, y no fruto].[12]

Idéntica caracterización del jardín se encuentra en unos versos del andalusí Ibn Faray de Jaén (siglo X): «Tal, un vergel, donde para uno como yo no hay otro provecho que el ver y el oler. / Que no soy yo como las bestias abandonadas que toman los jardines como pasto».[13]

Europa mediterránea[editar | editar código]

En la Europa mediterránea medieval coexisten las culturas cristiana e islámica. Ambas producen jardines distintos, las plantaciones y la estética de los espacios son diferentes. No obstante, muestran conexiones, por ser ambos herederos del jardín primordial de los territorios del Creciente Fértil, con sus diversos epígonos mediterráneos, y por influencias mutuas, al existir territorios limítrofes o que cambiaron de una cultura a otra (como las zonas meridionales de España y de Italia) y al coincidir en gran parte del territorio del clima mediterráneo.[14] La jardinería de la Europa cristiana mediterránea está, por razones climáticas y culturales, más cercana con la jardinería islámica, mientras que la de la Europa del norte se distingue más de la islámica.[15]

La sequía veraniega que caracteriza el clima mediterráneo supone un fuerte inconveniente para el desarrollo de los vegetales y obliga a regar los cultivos. Esta circunstancia determina la presencia en el sur de Europa de elementos comunes a la cultura cristiana y la islámica (captaciones y conducciones de agua, aterrazamientos, partición de los terrenos) diferentes a los del norte húmedo europeo.[14] Las albercas serían un recurso superfluo en la Europa húmeda (incluido el norte de la península ibérica), pues responden a la necesidad de acumular agua en territorios con periodos de sequía importantes.[16]

En lo que respecta a los elementos vegetales, la elección de especies se ve influida por el clima de cada zona, pero también por razones culturales.[14] El elemento básico del jardín medieval es el prado florido, reflejado en las representaciones gráficas de la Europa cristiana y de la islámica.[14]

El trazado ortogonal, presentando caminos en ángulo recto, es una característica común de los jardines medievales, tanto en el ámbito cristiano como en el islámico. En el ámbito islámico no es raro observar un solo eje de simetría, mientras que esto es infrecuente en el Medievo no islámico.[17]

Los jardines islámicos se construían siguiendo el modelo de los jardines persas y solían estar cerrados por muros y divididos en cuatro por cursos de agua. Normalmente, el centro del jardín tenía un estanque reflectante o un pabellón. Los jardines islámicos se caracterizan por los mosaicos y los azulejos utilizados para decorar los arroyos y las fuentes que se construían en estos jardines.

Cantigas de Santa María. Folio 57v del Códice de Florencia.
Cantiga 123 del Códice del Escorial, T.I.1., de las Cantigas.
Miniatura del manuscrito del Hadit Bayad wa-Riyad.

En los dibujos de las Cantigas de Alfonso X el Sabio hay algunos patios ajardinados recogidos. Es útil reflexionar sobre dos muy distintos. El de los folios 57v y 58r del Códice de Florencia es el jardincito de una vivienda doméstica. Muestra puerta de la casa con arco de herradura y, tras un pórtico de arcos angrelados, una alcoba abierta al jardín que tiene su superficie sensiblemente rebajada del nivel del pórtico y cubierto de plantas formando un prado de hierba y flores de bajo porte. No hay aquí ningún árbol ni arbusto alto. El jardín de la cantiga 123 del Códice T.I.1 del Escorial se encuentra en el claustro de un monasterio, tras cuya galería se dibuja una selva densa con varias palmeras y árboles (algunos con fruto rojo, quizá naranjos), arbustos elevados (algunos con hojas similares a la adelfa) y flores (más elevadas que en el jardín anterior y posiblemente entre ellas rosas y lirios). En ambos jardines, como es habitual en las miniaturas de las Cantigas, es difícil determinar las especies representadas. Es útil comparar estos dos jardines de las Cantigas con un jardín cerrado (patio o anejo a la vivienda) del manuscrito de Bayard y Riyad. Muestra varios naranjos sobre un prado florido, en él las flores se marcan esquemáticamente con puntos rojos entre las hojas verticales del césped. Estos tres dibujos, cercanos en el tiempo, marcan tres posibilidades distintas de plantación en patios ajardinados: un prado de flores sin arbustos ni árboles, un prado de hierba con frutales, una densa maraña de árboles y arbustos.[18]

A finales del siglo XIII, los europeos ricos empezaron a cultivar jardines para el ocio y para obtener hierbas medicinales y verduras.[8] Rodeaban los jardines con muros para protegerlos de los animales y para proporcionar aislamiento. Durante los dos siglos siguientes, los europeos comenzaron a plantar césped y a levantar parterres y enrejados de rosas. Los árboles frutales eran comunes en estos jardines y también en algunos había asientos de césped. Al mismo tiempo, los jardines de los monasterios eran un lugar para cultivar flores y hierbas medicinales, pero también eran un espacio donde los monjes podían disfrutar de la naturaleza y relajarse.

Jardines de casa de campo[editar | editar código]

Un jardín de casa de campo en Bretaña
Un jardinero trabajando, 1607.

Los jardines de las casas de campo, que surgieron en la época isabelina, parecen haberse originado como una fuente local de hierbas y frutas.[19] Una de las teorías es que surgieron a raíz de la Peste Negra de la década de 1340, cuando la muerte de tantos jornaleros hizo que hubiera tierras disponibles para pequeñas casas de campo con jardines personales.[20] Según la leyenda de origen de finales del siglo XIX,[21] estos jardines fueron creados originalmente por los trabajadores que vivían en las cabañas de los pueblos, para proveerlos de alimentos y hierbas, con flores plantadas entre ellos para la decoración. Los trabajadores agrícolas disponían de cabañas de calidad arquitectónica situadas en un pequeño jardín -de aproximadamente Error de Lua: expandTemplate: template "es:Convertir/ud" does not exist.- donde podían cultivar alimentos y criar cerdos y gallinas.[22]

Los auténticos jardines del yeoman cottager habrían incluido una colmena y ganado, y frecuentemente un cerdo y una pocilga, junto con un pozo. El campesino de la época medieval estaba más interesado en la carne que en las flores, y las hierbas se cultivaban para su uso medicinal más que por su belleza. En la época isabelina había más prosperidad y, por tanto, más espacio para cultivar flores. Incluso las primeras flores de los jardines domésticos tenían un uso práctico: las violetas se esparcían por el suelo (por su agradable aroma y para mantener alejadas a las alimañas); la caléndula y la primrosas eran atractivas y se utilizaban en la cocina. Otras, como el guillermo dulce y la malvarrosa, se cultivaban exclusivamente por su belleza.[23]

Edad Moderna[editar | editar código]

La más antigua representación de un canal con doble fila de surtidores es el jardín persa de Talar-i-Tavileh dibujado por Engelbert Kaempfer entre 1683 y 1685. Grabado de ese dibujo, en E. Kaempfer, Amoenitatum exoticarum, 1712.
Jardín parque Sheffield, un jardín paisajístico diseñado originalmente en el siglo XVIII por Capability Brown.

Los jardines de los siglos XVI y XVII eran simétricos, proporcionados y equilibrados con una apariencia más clásica. La mayoría de estos jardines se construían en torno a un eje central y estaban divididos en diferentes partes por setos. Lo habitual era que los jardines tuvieran parterres dispuestos en cuadrados y separados por caminos de grava.

Los jardines del Renacimiento se adornaban con esculturas, topiaria y fuentes. En el siglo XVII, los jardines de nudos se hicieron populares junto con los laberintos de setos. En esta época, los europeos comenzaron a plantar nuevas flores como tulipanes, caléndulas y girasoles.

Antes del Barroco, los jardines incluían a menudo vegetación que podía llegar a tener una utilidad alimenticia, como árboles frutales, aunque se plantaran para dar frescor más que fruto. En el Barroco, se produce la expulsión, aunque nunca completa, de las plantas útiles de los jardines.[24] Así, la separación entre plantas de huerto y de jardín se recoge en el primer gran libro de jardinería español, la Agricultura de jardines (1592), donde su autor Gregorio de los Ríos mandaba:

En el jardín no planten árboles de fruta, porque ya no sería jardín, sino huerto o granja: y los jardines no requieren sino árboles de flores que tengan olor, y vista...[25]

Desde el Barroco, los jardines europeos presentaban una ordenación espacial de las plantas formando figuras.

En el siglo XVIII, los jardines se diseñaban de forma más natural, sin muros. Este estilo de hierba lisa y ondulada, que discurría en línea recta hasta la casa, macizos, cinturones y dispersión de árboles y sus lagos serpenteantes formados por pequeños ríos embalsados de forma invisible, constituían un nuevo estilo dentro del paisaje inglés, una forma de paisajismo "sin jardín", que barría con casi todos los restos de los estilos formales anteriores. El jardín paisajístico inglés solía incluir un lago, céspedes situados frente a arboledas, y a menudo contenía arbustos, grutas, pabellones, puentes y follies como templos falsos, ruinas góticas, puentes y otra arquitectura pintoresca, diseñados para recrear un paisaje pastoral idílico. Este nuevo estilo surgió en Inglaterra a principios del siglo XVIII, y se extendió por Europa, sustituyendo al más formal y simétrico jardín a la francesa del siglo XVII como principal estilo de jardinería de Europa.[26] El jardín inglés presentaba una visión idealizada de la naturaleza. A menudo se inspiraban en las pinturas de paisajes de Claude Lorraine y Nicolas Poussin, y algunos estaban influenciados por los clásicos jardines chinos de Oriente,[27] que habían sido descritos recientemente por viajeros europeos.[27] La obra de Lancelot 'Capability' Brown fue especialmente influyente. Además, en 1804 se formó la Sociedad de Horticultura.

Los jardines del siglo XIX contaban con plantas como el araña o el pino chileno. También es la época en la que evolucionó el llamado estilo "gardenesco" de los jardines. Estos jardines mostraban una gran variedad de flores en un espacio bastante reducido. Los jardines de rocas aumentaron su popularidad en el siglo XIX.

India: En la India, en la antigüedad, se utilizaban patrones de geometría sagrada y mandalas para diseñar sus jardines. Los distintos patrones de los mandalas denotaban deidades específicas, planetas o incluso constelaciones. Un jardín de este tipo también se denominaba "Mandala Vaatika". La palabra "Vaatika" puede significar jardín, plantación o parterre.

Aspectos sociales y políticos[editar | editar código]

Jardín acuático

Desde el nacimiento de la jardinería se pueden constatar los primeros signos de sedentarismo de seres humanos con intereses económicos en la jardinería, pero aquí se trata de evaluar los primeros pasos de su nacimiento en el Antiguo Egipto que tenían una connotación política y social. La fecha elegida puede explicarse por el hecho de que el nacimiento de esta cultura y la jardinería denotan, ambas, un mismo factor: un aumento de la prosperidad. Esto permite la utilización de tierras, tiempo y técnicas agrícolas más por razones de estética y entretenimiento que de otra índole. A partir de este momento es cuando se puede empezar a hablar de jardinería propiamente dicha. Los jardines permiten demostrar, a algunos, su prosperidad, lo que demuestra que la jardinería juega también, en cierto sentido, un papel sociopolítico.

Este cometido va creciendo con el tiempo. En Europa y en América del Norte, la gente pone de manifiesto sus opiniones políticas o sociales en el jardín, de manera intencionada o no. Por ejemplo, el mensaje político de los partidos ecologistas, o algunas ONG, como Greenpeace aconsejando los jardines silvestres y en contra de los prolijos céspedes bien verdes.

Como todas las actividades humanas en las sociedades occidentales, la jardinería no escapa a un cierto mercantilismo y toda una actividad económica se desarrolla alrededor de esta práctica. En su origen sustentada por el comercio del grano, la comercialización de las plantas y granos se incrementa asegurada por la jardinería a la que acompaña una oferta de accesorios y productos de tratamientos diversos que forman parte, en la actualidad, del paisaje de las zonas comerciales y de las grandes ciudades. Viveros y empresas dedicadas a los espacios verdes completan la oferta de servicios accesibles al particular.

Democratizar el acceso a un jardín[editar | editar código]

Aunque se puede admitir que, por lo general, la jardinería ha estado al alcance de las clases sociales superiores, no se puede decir lo mismo respecto al resto de la sociedad. A medida que va creciendo la prosperidad, los marginados de la jardinería reivindican sus derechos. En Europa, más en concreto en España, en el siglo XVI bajo los postulados del Renacimiento se construyó el primer jardín público del continente, en unos terrenos hasta entonces inundables en el centro de la ciudad de Sevilla conocidos como "la Laguna". En el lugar se abrieron acequias para drenarlo y se concibió un gran jardín público arbolado, con fuentes, un monumento y esculturas que todavía se conserva, es la Alameda de Hércules[28] (1574). Más tarde, se puede decir que fue Inglaterra, durante la época victoriana, el país en el que el Estado empezó a conceder tierras para la construcción de jardines públicos.

Actualmente, y en Europa en particular, ante la falta, cada vez más creciente, de terrenos vírgenes, especialmente en las ciudades y alrededor de las mismas, un jardín es casi un lujo. Pero se pueden conseguir ingresos suplementarios para las personas menos favorecidas, impulsando la utilización de las tecnologías intermediarias (sobre todo la jardinería ecológica). Los jardines comunitarios que ofrecen el acceso a la jardinería para los ciudadanos, han conseguido, así como con las ideas para este tipo de jardines, poder alimentar hasta 100 ciudadanos.

En algunos países otros movimientos se han puesto en práctica, tales como el Slow Food, que han propuesto, por ejemplo, la creación de jardines alimentarios en las escuelas.

La biodiversidad[editar | editar código]

Tras los estragos que la era postindustrial ha causado en la naturaleza, los movimientos político-ecologistas y sus derivados, han ejercido su influencia sobre el campo de la jardinería (también sobre la arquitectura y la vida en general). Así han nacido los jardines silvestres (o jardines naturales), de modo que las plantas ornamentales y los frutos se cultivan junto con las especies nativas. Las especies cultivadas se incluyen en una especie de ecología natural preexistente, no perturbándola, todo lo contrario, favoreciéndose con el proceso de la jardinería. Como en otras formas de jardinería, estos jardines juegan un papel central decidiendo lo que es correcto, sin otras coacciones.

Los jardines silvestres son, por definición, ejemplo de una jardinería que sabe administrar los recursos del agua, dado que las especies naturales presentes en una ecorregión o en un microclima se adaptan por sí mismas a los recursos locales.

El césped, más que el jardín, es un punto importante en la planificación urbana, puesto que establece el derecho a la existencia de la naturaleza silvestre, antes que la naturaleza dominante. Para algunos, el derecho a aceptar en los jardines toda clase de especies, incluso las nocivas o alérgicas, representa un derecho de expresión.

El tratamiento de los residuos[editar | editar código]

En algunas eco-construcciones, que generan por sí mismas el agua y sus residuos, las cubiertas vegetales han sido creadas. Este principio es lo más próximo al de una máquina viviente, la cual descansa sobre:

  • La reproducción de residuos (abono o aguas residuales).
  • Su transformación (por ejemplo en un abonador, una fosa séptica o aseos secos).
  • Su esparcimiento por el suelo.
  • El caldo de cultivo sobre ese mismo suelo.
  • La recogida de productos que, tras su consumo, generan el abono y aguas residuales.

En la mayor parte del mundo este tipo de jardines es corriente, a pesar de la existencia de riesgos sanitarios, ya que no se utilizan las tecnologías y métodos modernos.

En China, por ejemplo, los agricultores ponen sus aseos en el exterior, en las carreteras, para favorecer su uso por parte de los turistas y abastecerse de materias orgánicas. Con este método se obtienen calorías, agua y minerales, pero choca con las consideraciones estéticas y sanitarias de la mayor parte de los occidentales que no aceptarían la utilización de los residuos humanos en sus jardines o la alimentación de los animales. Se establece, de este modo, el conflicto entre la jardinería por razones personales o estéticas y razones prácticas de producción de alimentos.

La pared de cultivo es una variación poco habitual de una máquina viviente y convertida en un jardín vertical; el agua resbala por una superficie sobre la cual se desarrolla el musgo y otras plantas, algunos insectos y bacterias, al final de la pared se forma un charco que vuelve a reinyectarse ascendiendo por la pared. Este tipo de jardín es perfecto para el interior de las habitaciones, ayuda a reducir el estrés de la vida en las zonas urbanas o sirve para aumentar el contenido en oxígeno en la atmósfera reciclada. Otros jardines de interior forman parte de los sistemas de calefacción o de aire acondicionado. La pared de cultivo o pared viva forma parte de lo que se denomina jardinería urbana.

Aspectos económicos[editar | editar código]

Gracias a la reducción del tiempo de trabajo y al aumento del tiempo libre, el número de jardineros aficionados ha crecido notablemente, y el sector dedicado a la jardinería ha experimentado un incremento. Los comercios, (grandes superficies dedicadas a este sector) han proliferado o han sido ampliados gracias a la informática para jardinería. Su crecimiento es considerable.

Sistemas de riego para jardín[editar | editar código]

Los sistemas de riego más usados comúnmente en el sector de la jardinería suelen ser los siguientes mencionados:

  • Riego con aspersores
  • Riego con difusores
  • Riego por goteo
  • Riego subterráneo
  • Riego con cintas de exudación
  • Riego con microaspersores
  • Riego con manguera
  • Riego con regadera
  • Macetas de autorriego
  • Riego por surcos (por ejemplo, el huerto)
  • Riego a manta (por ejemplo, inundando un cantero)

Véase también[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

  1. "Gardening | Definition, Types, Tools, & Facts | Britannica". www.britannica.com
  2. Smith, Bruce D. (27 March 2011). "General patterns of niche construction and the management of 'wild' plant and animal resources by small-scale pre-industrial societies". Philosophical Transactions of the Royal Society
  3. Jardineros Marco Matoli
  4. Bailey, Mark (2021). "The Difference Between Farming & Gardening".
  5. Douglas John McConnell (2003). Las granjas forestales de Kandy: Y otros jardines de diseño completo. p. 1. ISBN 9780754609582. 
  6. Douglas John McConnell (1992). The forest-garden farms of Kandy, Sri Lanka. p. 1. ISBN 9789251028988. 
  7. Stirn, Isma'il Kushkush,Matt. «Por qué la notable civilización antigua de Sudán ha sido pasada por alto por la historia». Smithsonian Magazine (en English). Consultado el 23 de agosto de 2020. 
  8. 8,0 8,1 localhistories.org/gardening.html «Una breve historia de la jardinería». Consultado el 4 de junio de 2010. 
  9. Roebroeks, Wil; Villa, Paola (29 March 2011). "On the earliest evidence for habitual use of fire in Europe". Proceedings of the National Academy of Sciences. 108 (13): 5209–5214
  10. "Sunt autem quaedam utilitatis non magnae aut fructus loca, sedob delectationem parata, quae potius cultu carent, et ideo ad nullum dictorum agrorum reducuntur. Haec autem sunt, quae viridantia sive viridaria vocantur. Haec autem, quia ad delectationem duorum maxime sensuum praeparantur, hoc est visus et odoratus; ideo po- tius privatione eorum, quae maxime cultum parant, praeparantur. Visus enim in nullo adeo delectabiliter sicut in subtili et capillari non luogo gramine reficitur." Texto latino y traducción tomados de Tito Rojo (2011, p. 35)
  11. Tito Rojo, 2011, pp. 35-36.
  12. Tito Rojo, 2011, p. 36.
  13. Tito Rojo, 2011, p. 37.
  14. 14,0 14,1 14,2 14,3 Tito Rojo y Casares Porcel, 2011, p. 67.
  15. Tito Rojo y Casares Porcel, 2011, p. 115.
  16. Tito Rojo y Casares Porcel, 2011, p. 108.
  17. Tito Rojo, 2011, p. 46.
  18. Tito Rojo y Casares Porcel, 2011, pp. 83-84.
  19. Ryrie, Charlie (2004). The Cottage Garden: Cómo planificar y plantar un jardín que crece por sí mismo. Collins & Brown. p. 7. ISBN 978-1-84340-216-9. 
  20. Scott-James Anne, Osbert Lancaster (2004). The Pleasure Garden: Una historia ilustrada de la jardinería británica. Frances Lincoln Publishers. p. 80. ISBN 978-0-7112-2360-8. 
  21. Anne Scott-James, The Cottage Garden (Londres: Lane) 1981, desmitificó los orígenes del jardín de la casa de campo inglesa, y su atesorada topiaria entre las hortalizas y las flores, que popularmente se supone que representan reliquias del siglo XVII.
  22. A Biographical Dictionary of British Architects, 1600-1840, Howard Colvin, Yale University Press, 2008 ISBN 0-300-12508-9, p 659
  23. Lloyd Christopher, Richard Bird, Jacqui Hurst (1999). El jardín de la casa de campo. Dorling Kindersley. pp. 6-9. ISBN 978-0-7513-0702-3. 
  24. Tito Rojo, 2011, p. 43.
  25. Gregorio de los Ríos, Agricultura de jardines, Real Jardín Botánico y Ayuntamiento de Madrid, Tabapress, 1991, pág. 266.
  26. Yves-Marie Allain y Janine Christiany, L'Art des jardins en Europe, Citadelles y Mazenod, París, 2006.
  27. 27,0 27,1 Boults, Elizabeth and Chip Sullivan (2010). Illustrated History of Landscape Design. John Wiley and Sons. p. 175. ISBN 978-0-470-28933-4. 
  28. Albardonedo Freire, Antonio (2002). Guadalquivir, ed. «El Urbanismo de Sevilla durante el reinado de Felipe II». pp. 191-208. ISBN 84-8093-115-9. 

Bibliografía[editar | editar código]

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  • Segura Munguía, Santiago (2005). Los jardines en la Antigüedad. edición a cargo de Javier Torres Ripa. Premio Nacional al Mejor Libro Universitario de 2005, categoría mejor monografía. Bilbao: Universidad de Deusto. Departamento de Publicaciones. ISBN 978-84-7485-977-5. 
  • Tito Rojo, José (2011). «Características de los jardines andalusíes». En José Tito Rojo; Manuel Casares Porcel, eds. El jardín hispanomusulmán. Granada: Editorial Universidad de Granada. pp. 19-66. ISBN 978-84-338-5247-2. 
  • Tito Rojo, José; Casares Porcel, Manuel (2011). «Tipologías de los jardines de al-Andalus». En José Tito Rojo; Manuel Casares Porcel, eds. El jardín hispanomusulmán. Granada: Editorial Universidad de Granada. pp. 67-116. ISBN 978-84-338-5247-2.