Hércules
En la mitología clásica, Hércules (en griego, Ἡρακλῆς) era hijo del dios Júpiter y la mortal Alcmena.[1] Cuando los romanos adoptaron gran parte de la cultura griega, asimilaron también a sus dioses y héroes, pero los latinizaban o los identificaban con figuras propias.[2] A su vez, Heródoto le atribuyó un origen egipcio, anterior a los primeros mitos griegos (igual que a casi todas las deidades del panteón griego), resultado de un idéntico fenómeno de asimilación cultural.[3]
La diferencia —entre Hércules y Heracles— es principalmente lingüística y cultural, no de identidad como héroe.[4] Cuando Roma absorbió tanto a los etruscos como a su cultura, el personaje mítico de Hercle pasó al latín como Hércules, y con él la figura del héroe.[5]
Llevó a cabo doce grandes trabajos y fue deificado. Se caracterizaba por su monstruosa fuerza física y por amar a la humanidad. Los romanos relacionaban al héroe con la geografía del Mediterráneo occidental, más lejos del conocimiento de los antiguos griegos.[6] Aunque el personaje y sus hazañas son esencialmente los mismos, los romanos también le dieron matices nuevos, viéndolo como un modelo de virtud, esfuerzo y protector de los hombres, además de un símbolo de la fortaleza del Estado romano.[7][8]
Durante la Edad Media, el conocimiento de la Antigüedad llegó principalmente a través de fuentes romanas escritas en latín (como Ovidio, Virgilio o Séneca) ya que el latín era la lengua culta. En obras como las Etimologías de Isidoro de Sevilla o las Heroidas de Ovidio, se le presenta ya como un héroe moral más que como un semidiós pagano. Incluso aparece en la literatura caballeresca y en crónicas medievales como ejemplo de fuerza, valor o nobleza. No fue hasta el Renacimiento, con el redescubrimiento de los textos griegos, que el nombre Heracles empezó a reaparecer en la Europa culta. Pero incluso entonces, Hércules siguió siendo la forma más usada en el arte, la literatura y el lenguaje común, llegando incluso hasta nuestros días, y de paso en la cultura occidental.[9][6]
Hércules ha dejado su huella en el acervo cultural contemporáneo. El adjetivo «hercúleo» se refiere a ‘una persona muy fuerte y de gran musculatura’.[10] Las Columnas de Hércules, en el estrecho de Gibraltar, o la Torre de Hércules, en Coruña, son unos buenos ejemplos de la toponimia española. Francisco de Quevedo, en Los sueños, usa la expresión «fuerza hercúlea» como símbolo de poder. José de Espronceda, en El diablo mundo, usa la expresión «trabajo hercúleo» con una connotación moral. En el Renacimiento y el Barroco, Hércules se convierte en símbolo del príncipe virtuoso, capaz de dominar sus pasiones, como sucede en el tema de Hércules en la encrucijada y su diatriba entre la Virtud y el Vicio.[11]
Hércules y Hercle[editar | editar código]
El sincretismo entre el Heracles griego, el Hercle etrusco y el Hércules romano se formó progresivamente en Italia central a partir del siglo VI a. C., cuando el héroe fue adoptado por las comunidades etruscas con el nombre de Hercle(s), ampliamente atestiguado en inscripciones y en la iconografía de espejos y relieves votivos. Esta figura etrusca, ya desvinculada de un ciclo estrictamente helénico, fue integrada después en la religión romana como Hércules, asociado tanto a hazañas heroicas como a funciones cívicas y rituales, especialmente en el Foro Boario. Servio explica explícitamente esta identificación en su Comentario a la Eneida, donde presenta a Hércules como un héroe venerado en Italia antes de su plena helenización y asimilado a tradiciones locales itálicas y etruscas.[12] Dionisio de Halicarnaso refuerza esta visión al señalar que Roma incorporó cultos heroicos preexistentes en Italia, reinterpretándolos dentro de su propia tradición religiosa,[13] mientras que la evidencia epigráfica confirma la difusión y antigüedad del nombre Hercle en Etruria, base material del sincretismo que dio lugar al Hércules romano.[14]
Fuentes mitográficas[editar | editar código]
La tradición romana es sincrética y se apoya mucho en fuentes griegas reinterpretadas. De entre todos los autores que escriben en latín, el gramático Servio (s. IV o V d. C.) es la fuente más extensa y sistemática acerca de las hazañas de Hércules. Aunque no es un relato continuo, es la recopilación romana más rica sobre Hércules. El autor reúne mitos, etimologías, variantes locales italianas y tradiciones rituales. Integra a Hércules en el marco religioso romano (Ara Máxima, Hércules Invicto). Y también es la clave para entender cómo lo entendían los romanos, no solo qué heredaron de Grecia. Para estudios modernos, Servio es la base cuando se habla de Hércules propiamente romano.[15]
Ovidio, es, con diferencia, la versión más citada y difundida. Nos da un relato literario fluido y completo. Incluye los trabajos, la locura, Deyanira, Neso y la apoteosis. Y además es la fuente estándar en manuales, arte y divulgación. Si hoy alguien piensa en “Hércules” en clave latina, casi siempre está pensando en Ovidio.[16] Otra fuente romana importante es Virgilio, que habla sobre Hércules en Italia, el combate con Caco, el Ara Máxima y la integración en la religión romana.[17] Propercio nos da un retrato romano, casi “urbano”, de Hércules en Roma.[18] Higino nos da un resumen mitográfico, muy usado en la Antigüedad tardía y la Edad Media.[19] Finalmente Séneca aporta la visión trágica y estoica: el héroe, la locura y la apoteosis.[20]
Hércules en la encrucijada[editar | editar código]
Hércules, al llegar a la adolescencia, se enfrenta a dos mujeres personificando caminos opuestos: la Virtud (Virtus),[21] que le ofrece felicidad a través del esfuerzo, y el Vicio (Vitium),[22] que promete placeres fáciles sin trabajo; Hércules elige el camino arduo de la virtud. Con este relato, Pródico de Ceos presenta a Hércules como modelo moral del hombre que elige conscientemente el camino difícil de la virtud frente al fácil del vicio.[23]
Se dice que cuando Hércules pasa de la niñez a la adolescencia y debe decidir el rumbo de su vida, se retira a un lugar solitario, donde se le aparecen dos mujeres alegóricas. Una, de aspecto sobrio y digno, es la Virtud (Areté); la otra, exuberante y seductora, se presenta como Felicidad, aunque sus enemigos la llaman Vicio (Kakía). Esta última promete a Hércules una vida fácil, llena de placeres y sin esfuerzo, en la que disfrutaría de comida, bebida, descanso y satisfacciones sin trabajo ni sacrificio. La Virtud, en cambio, le advierte que los dioses no conceden ningún bien sin esfuerzo y que toda excelencia —el honor de los dioses, la estima de los amigos, el reconocimiento de la patria y la verdadera felicidad— solo se alcanza mediante el trabajo, la disciplina y el sacrificio. Frente a los placeres vacíos y efímeros que ofrece el Vicio, la Virtud promete una vida ardua pero gloriosa, coronada por la fama imperecedera y el recuerdo honorable entre los hombres y los dioses.[23]
Leyendas romanas[editar | editar código]
Sincretismo de Hércules (Cicerón)[editar | editar código]
Cicerón ya se hacía eco de los diferentes Hércules mencionados como diferentes versiones que confluyeron en el mismo personaje. Así cita que el primer Hécules nació de Júpiter y Lisítoe y se enfrentó a Apolo por el trípode délfico. El segundo Hércules nació de Nilo y dejó escritas las letras frigias. El tercero procede de los Dígitos del Ida, y se le ofrecen sacrificios de tipo infernal. El cuarto procede de Júpiter y de Asteria, hermana de Latona; se le rinde culto sobre todo en Tiro, y cuentan que Cartago es hija suya. El quinto, que se llama Belo (Melkart), está en la India. El sexto y último es aquel de Alcmena, al que engendró Júpiter.[1]
Combate con Caco[editar | editar código]
Las leyendas romanas acerca de Hércules están relacionadas con su viaje al Mediterráneo occidental para robar el ganado de Gerión, uno de sus conocidos «doce trabajos». Al regresar, mientras descansaba junto al Tíber, un héroe local llamado Caco, hijo de Vulcano, le robó algunas reses y las condujo hasta su gruta. Cuando Hércules se dio cuenta, buscó el ganado robado y lo encontró, gracias a que los animales se pusieron a mugir, o bien a que Caca, hermana de Caco, dijo a Hércules dónde se hallaban. Entonces Hércules y Caco entablaron un combate en el que Caco contaba con el fuego y el humo que brotaba de sus tres cabezas, pero Hércules lo mató con su maza. Según otra tradición, Caco se había encerrado en su gruta cubriendo la entrada con rocas y Hércules tuvo que arrancar las rocas del techo de la cueva para poder entrar y estrangularlo.[24]
Bona Dea[editar | editar código]
Bona Dea, también llamada Fauna, que era el equivalente romano de Pan, era una divinidad romana. Mientras estaba ocupada de la celebración de misterios sagrados, Hércules, cansado después de la lucha contra Caco, le pidió beber en la fuente sagrada. Esta se negó, puesto que el acceso a esta fuente solo estaba permitido a mujeres. Hércules, como represalia, excluyó a las mujeres del acceso a su propio santuario.[25]
Hijos de Hércules[editar | editar código]
Algunos dicen que Hércules también dejó a los hijos que tuvo de dos mujeres en estos lugares que ahora habitan los romanos. Estos hijos fueron Palante, nacido de la hija de Evandro, cuyo nombre dicen que era Lavinia; y Latino, cuya madre fue cierta muchacha hiperbórea que Hércules se llevó como prenda de amistad dada por su padre y la conservó pura durante algún tiempo, pero mientras venía navegando hacia Italia se enamoró de ella y la dejó encinta. Y cuando iba a partir hacia Argos, se la dio como mujer a Fauno, rey de los aborígenes, y por esta razón, muchos consideran a Latino hijo de este y no de Hércules. Dicen que Palante murió antes de llegar a la pubertad, pero que Latino, cuando se hizo hombre, heredó el reino de los aborígenes. Y al morir este en la batalla contra sus vecinos los rútulos y no dejar hijos varones, recayó el trono en su yerno Eneas, hijo de Anquises.[26]
Fundación de Herculano[editar | editar código]
Hércules, cuando en Italia dejó establecido todo como quería y su armada llegó sana y salva de Iberia, ofreció a los dioses en sacrificio la décima parte de su botín y fundó una pequeña ciudad con su nombre —Herculano— en el lugar donde ancló su flota, que también ahora está habitado por los romanos y se encuentra entre Neápolis (Nápoles) y Pompeya, con puertos seguros en todo momento; y habiendo conseguido fama, admiración y honores divinos entre todos los habitantes de Italia, partió para Sicilia. Los que dejó como guarnición y colonos en Italia y se asentaron alrededor de la colina Saturnia, durante algún tiempo se gobernaron de forma independiente, pero no mucho tiempo después adaptaron su modo de vida, sus leyes y sus ritos a los de los aborígenes, como los arcadios y todavía antes los pelasgos habían hecho y, participando del mismo gobierno que ellos, ocurrió que llegaron a ser considerados como el mismo pueblo. En la segunda generación, después de la marcha de Hércules, hacia el año cincuenta y cinco, según dicen los mismos romanos, el rey de los aborígenes era Latino, el hijo de Fauno, aunque realmente era un vástago de Hércules, y hacía treinta y cinco años que tenía el reino.[27]
Otras leyendas[editar | editar código]
La leyenda de Hércules y Caco también se ha relacionado con otras tradiciones: en una de ellas, Hércules era recibido por el rey Fauno. Este solía sacrificar a los dioses a los extranjeros pero cuando lo intentó con Hércules, fue muerto por él.[28] Otra leyenda indica que era Evandro el que había recibido a Hércules y, aconsejado por Carmenta, su madre, erigió un altar al héroe, que fue conocido como el Altar Magno.[29] Por otra parte, en Campania se atribuía a Hércules la construcción de un gran dique y de una vía que servían de separación entre el mar y el lago Lucrino.[6]
Culto[editar | editar código]
El centro de culto más antiguo de Hércules en Roma era el Altar Magno, que se hallaba en una llanura entre los montes Palatino y Aventino, en el llamado Foro Boario. Allí se celebraba cada año un sacrificio en honor de Hércules Invicto. Por otra parte, también en el Foro Boario, se conserva un monóptero que se ha identificado como el Templo de Hércules Víctor.[30][31]
Bibliografía[editar | editar código]
- Heródoto (2025). Los nueve libros de la historia. Editores mexicanos unidos. ISBN 9786071443861.
Véase también[editar | editar código]
Referencias[editar | editar código]
- ↑ 1,0 1,1 Cicerón: De natura deorum III 16, 42
- ↑ Servio (comentarios a la Eneida VIII, 202–305) aclara que el Hércules romano deriva del Heracles griego, y cita cómo Evandro introdujo su culto en el Palatino.
- ↑ Heródoto, 2025, «...no deben los egipcios a los griegos el nombre de aquel dios, sino que los griegos lo tomaron de los egipcios (...) Declárese pues, la verdad, y sea Hércules tenido, como lo es, como un dios antiquísimo del Egipto.; (...) desde la época en que los ocho dioses engendraron a los otros doce, entre los cuales cuentan a Hércules, hasta el reinado de Amasis, han transcurrido no menos de 17 mil años.», p. 100-101.
- ↑ Dionisio de Halicarnaso (Antigüedades romanas I, 39–41), historiador griego en Roma, explica que el culto a Hércules llegó a Italia antes de la fundación de Roma, traído por griegos, y fue asimilado por los latinos.
- ↑ Un espejo de Vulci muestra a Hercle siendo amamantado por Uni (la versión etrusca de Hera). En la inscripción se lee «Uni Hercleś» (“Uni y Hercle”).
- ↑ 6,0 6,1 6,2 Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana, pp.77,189,260, Barcelona: Ediciones Paidós (2004) ISBN 84-7509-166-0.
- ↑ Macrobio (Saturnales I,7) menciona la celebración del Ara Maxima Herculis en Roma. Hércules aparece como protector de la ciudad y del pueblo romano, no solo del héroe que mata monstruos. En cuanto a su función política, su culto refuerza la idea de estabilidad y poder del Estado mediante rituales colectivos y sacrificios públicos.
- ↑ Polibio (Historias II, 17) comenta la religión romana como instrumento de cohesión social y política. Hércules, con su fuerza y victoria sobre monstruos, se interpreta como símbolo de la potencia militar y política de Roma.
- ↑ Varrón (citado por Servio, ad Aen. 8.271), el gran erudito romano, comenta el templo de Hércules en el Foro Boario (Roma) y lo vincula al héroe griego Heracles que pasó por Italia.
- ↑ RAE: «hercúleo»
- ↑ El tema de la encrucijada de Hércules entre la Virtud y el Vicio fue expresada en Jenofonte: Memorabilia, II, 1, 21 ss.
- ↑ Servio: In Vergilii Aeneidem VIII, 203; 271; 362
- ↑ Dionisio de Halicarnaso: Antiquitates Romanae I, 40–44
- ↑ Evidencia epigráfica reunida en el Corpus Inscriptionum Etruscarum y analizada por Bonfante.
- ↑ En el comentario a la Eneida, Servio presenta a Hércules como un héroe semidivino hijo de Júpiter y Alcmena, desde su infancia estrangulando las serpientes enviadas por Juno hasta la locura que lo llevó a matar a su esposa e hijos, desencadenando la penitencia que lo obliga a realizar los doce trabajos. Servio también destaca su presencia en Italia, especialmente en el Foro Boario, donde lucha contra Caco y funda cultos como el de Hércules Invicto en el Ara Máxima, así como la tradición del Templo de Hércules Víctor. Finalmente, comenta su apoteosis y su divinización, consolidando su papel tanto en la mitología heroica como en la religión romana (Servio, In Vergilii Aeneidem, I–VIII; comp. Richardson 1992: 27–28; Beard 2015: 125–126).
- ↑ Ovidio: Las metamorfosis (libros IX y X)
- ↑ Virgilio: Eneida VIII (vv. 184–305)
- ↑ Propercio: Elegías IV, 9
- ↑ Higino: Fabulae y De Astronomica
- ↑ Séneca: Hercules Furens (Hércules furioso) y Hercules Oetaeus (Hércules en el Eta)
- ↑ La Virtud (Virtus) es la traducción natural de la Areté de Pródico. Representa excelencia, valor, rectitud y fuerza moral. Se usa tanto en contextos heroicos como cívicos: p.ej., en Cicerón, Séneca y Livio, “virtus” indica la cualidad moral que permite al hombre actuar bien, cumplir con los deberes y lograr gloria duradera.
- ↑ El Vicio (Vitium) se traduce o se corresponde con Kakía. Designa defecto moral, corrupción o vida sin esfuerzo ni disciplina. Los autores romanos lo usan para contrastarlo con virtus, especialmente en literatura moral y filosófica: Cicerón, De Officiis I, 4–6: habla de virtus y vitium como elección ética. Horacio y Séneca también usan “vitium” para describir indulgencia, pereza o placer mal empleado.
- ↑ 23,0 23,1 Jenofonte: Recuerdos de Sócrates II 21-34 (Memorabilia, II, 1, 21 ss)
- ↑ Virgilio: Eneida VIII, 184–305; Tito Livio: Ab urbe condita I, 7; Propercio: Elegías IV, 9; Ovidio: Fastos I, 543–586; Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas I, 39–41
- ↑ Plinio el Viejo: Naturalis Historia XV, 4; Macrobio: Saturnales I, 7–8; Varrón: De lingua Latina V, 36; Cicerón: De natura deorum II, 62
- ↑ Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas, I 43, 1-2
- ↑ Dionisio de Halicarnaso: Antigüedades romanas, I 44, 1-3
- ↑ Virgilio: Geórgicas III, 286–288; Ovidio: Las metamorfosis XIII; Servio: comentario a la Eneida VIII; Macrobio: Saturnales I,7; Plinio el Viejo: Naturalis Historia VIII
- ↑ Virgilio: Eneida VIII, 184–305; Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades romanas I, 39–41; Servio: comentario a la Eneida VIII, 190; Ovidio: Fastos I, 543–586; Plinio el Viejo: Naturalis Historia XV, 4
- ↑ Tito Livio: Ab Urbe Condita 1.7: menciona los primeros cultos a Hércules en Roma. Plutarco: Vida de Camilo 11.4: alude a sacrificios rituales a Hércules. Festo (s. II d.C., fragmentos recogidos por Pablo Diácono 2.67 L): explica el término “Ara Maxima” y su asociación con Hércules.
- ↑ El Ara Máxima es anterior al Templo de Hércules Víctor; el primero era un centro ritual abierto, mientras que el segundo es un templo cerrado y monumental, del período republicano tardío. Ambas estructuras reflejan la importancia de Hércules en la Roma temprana y su integración en la religión pública.
Enlaces externos[editar | editar código]
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Hércules.- Hercule - Encyclopédie
- Imágenes de Hércules, en el sitio del Instituto Warburg.
- Hércules, en el sitio del Proyecto Perseus.