Fachada

De Enciclopedia Salmantina
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Fachada principal del Palacio Legislativo en Montevideo (Uruguay).

Una fachada (del latín facies y del italiano facciata, "cara exterior")[1] es, por extensión, cualquier paramento exterior de un edificio; por omisión, cuando se habla de fachada, se hace alusión a la delantera o principal, y se indican más datos en caso contrario (fachada trasera, fachada norte, etc.)

La fachada es objeto de especial cuidado en el diseño arquitectónico, al ser la única parte del edificio percibida desde el exterior. La componente expresiva está tan arraigada en el concepto de fachada, que en ocasiones se hace referencia a la cubierta como la «quinta fachada» cuando esta posee una intención estética.[2] Desde el punto de vista de la ingeniería, la fachada también tiene una gran importancia por su impacto en la eficiencia energética.[3]

Desarrollo histórico[editar | editar código]

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La fachada de Bletchley Park, en Inglaterra, una curiosa mezcla de estilos arquitectónicos diferentes.

Las fachadas a consecuencia del nacimiento de nuevos materiales y acabados han experimentado multitud de transformaciones a lo largo de la historia por su condición de soporte o lienzo para los distintos estilos arquitectónicos. Sin embargo, los cambios más profundos han sido consecuencia de la evolución de las técnicas constructivas.

Tradicionalmente, la fachada ha sido al mismo tiempo la estructura y el cerramiento del edificio, y por tanto la capacidad de abrir huecos para iluminar, ventilar o disponer de vistas al exterior ha sido limitada. El desarrollo histórico de la fachada ha sido pues una carrera tecnológica en pos de ampliar estos necesarios huecos.

El tamaño y disposición de los huecos han estado condicionados fundamentalmente por dos limitaciones: la capacidad para abrirlos (evolución del muro de carga) y la capacidad de protegerlos (evolución del vidrio).

Fachadas añadidas a edificios anteriores[editar | editar código]

En la época georgiana era bastante común que las casas existentes en las ciudades inglesas recibieran una nueva fachada a la moda. Por ejemplo, en la ciudad de Bath, The Bunch of Grapes en Westgate Street parece ser un edificio georgiano, pero la apariencia es sólo superficial y algunas de las habitaciones interiores todavía tienen techos jacobeos con yeserías.[4]

Esta nueva construcción se ha dado también en otros lugares: en Santiago de Compostela se construyó la Casa do Cabido, de tres metros de profundidad, a juego con el orden arquitectónico de la plaza, y la fachada principal churrigueresca de la Catedral de Santiago de Compostela, que da a la Plaza del Obradoiro, está en realidad encajonando y ocultando el Pórtico de la Gloria románico.

La tecnología del vidrio[editar | editar código]

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La existencia del vidrio está documentada desde hace más de 5.000 años en Mesopotamia y Egipto,[5] y el Imperio romano lo difundió por Europa en el 300 a. C.[6] Sin embargo, no se puede hablar de una utilización relevante de este material en la construcción hasta el siglo VII y la expansión árabe. A partir de entonces, la posibilidad de realizar grandes huecos en fachada empezó a generar un interés creciente.

En la antigua Roma, antes de la popularización del vidrio, se empleaba como acristalamiento el lapis specularis, un tipo de roca traslúcida de yeso del tipo de la selenita.

La incapacidad para fabricar vidrios de grandes dimensiones se resolvió subdividiendo las hojas de ventana en rectángulos más pequeños, capaces de ser tapados con una única pieza de vidrio más pequeña, o emplomando varios vidrios.

En el empleo del vidrio en fachadas, destaca su uso en las catedrales góticas. El problema del gran tamaño de los huecos se solventó creando vidrieras, diseñando figuras elaboradas con pequeñas piezas de vidrio tintado que sujetaban con un armazón de plomo.

La evolución del muro[editar | editar código]

Una vez superado el problema de proteger el hueco con vidrio, las limitaciones se debieron al carácter estructural de la fachada. La apertura de un hueco obligaba a su pieza superior, el dintel, a soportar la carga del edificio. Esto impedía practicar huecos demasiado anchos, por lo que las aperturas adoptaron formas verticales para aumentar en lo posible la superficie de iluminación. También era necesario disponer los huecos alineados unos encima de otros, de manera que se facilitase la trasmisión de la carga del edificio por el resto del muro. Esta composición de fachada con ventanas verticales y regulares ha sobrevivido hasta nuestros días como una herencia cultural, a pesar de no ser ya necesaria.

Arbotantes y contrafuertes en la catedral de Amiens (Francia).

Para aumentar el tamaño del vano, en edificios singulares tradicionalmente se empleó el arco de medio punto. En el periodo gótico floreció el arco apuntado. Un gran avance en el tratamiento de fachadas surgió con las catedrales góticas, cuando se solucionó el problema de los grandes huecos al compartir la fachada su función estructural con otros elementos.

La revolución consistió en la sustitución del los tradicionales muro de carga por pilares, utilizar arcos apuntados, y desviar la carga de la cubierta mediante arbotantes a unos contrafuertes exteriores. De esa manera la fachada, liberada del peso, podía disponer de amplios huecos.

El empleo del acero estructural a finales del XIX, y del hormigón armado a principios del XX, terminó definitivamente por liberar a la fachada de su dependencia estructural. Los arquitectos del Movimiento Moderno exploraron las posibilidades de una fachada libre, popularizando la ventana corrida y los huecos horizontales en lugar de los tradicionales verticales, utilizándolos tanto por adecuarse mejor a la visión de las personas, como para evidenciar su independencia de la estructura.

El último paso conceptual quizás lo ejecutara Mies van der Rohe en 1946, al diseñar la Casa Farnsworth, donde la vivienda disuelve definitivamente la fachada, culminándose así el largo proceso evolutivo del vano.

La fachada contemporánea se distingue por una composición irregular de huecos que atiende a las necesidades de iluminación interiores, en lugar de estar motivada por consideraciones estructurales. También se está explorando con distintas formas y materiales (plásticos, titanio, textiles).

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No menos importantes son las consecuencias de la aparición de la informática y los ordenadores, que con sus aplicaciones de CAD y su capacidad de cálculo han posibilitado abandonar la clásica concepción plana de la fachada, permitiendo un tratamiento más volumétrico de la misma. Un ejemplo ya clásico de esta nueva revolución es el Guggenheim de Bilbao.

Funcionamiento[editar | editar código]

Las fachadas, además de la función estética, deben satisfacer otros requisitos: deben ser impermeables al agua, y aislar el interior térmica y acústicamente. La sección tipo de una fachada convencional se compone de dos hojas: una exterior, normalmente de ladrillo, y otra interior, que puede ser de ladrillo o de otros materiales como el cartón-yeso. Entre esas dos hojas se coloca un aislante térmico, para lo que usualmente se utilizan materiales como el poliuretano, la fibra de vidrio o la lana de roca. Para evitar condensaciones intersticiales, además, se coloca en el lado caliente del aislante una barrera de vapor. Por último, es necesaria una pequeña separación de uno o dos centímetros para permitir que ventile el vapor de agua y no empape el aislamiento, inutilizándolo.

El grosor de un muro de fachada no obedece tanto a necesidades de estabilidad o resistencia como a la necesidad de masa para el aislamiento acústico y de espacio para alojar el aislante y su cámara de aire.

Tipologías constructivas[editar | editar código]

Fachada ligera[editar | editar código]

Las fachadas ligeras funcionan como una piel colgada del edificio. No contribuyen a la estabilidad de la estructura.[7] Debido a su poca masa, son malas aislantes del ruido, por lo que no son aplicables para edificios que requieran ambientes silenciosos, como por ejemplo el uso residencial. Tampoco suelen funcionar bien como aislantes térmicos, exigiendo generalmente un gasto extra en calefacción o aire acondicionado. Sin embargo, su reducido peso, su gran capacidad para permitir la entrada de luz, y su rapidez de montaje las hacen idóneas para rascacielos y una gran variedad de espacios públicos.

Se componen de tres elementos:

  • Montantes: elementos de sujeción verticales que se anclan a la estructura del edificio.
  • Travesaños o perfiles secundarios: elementos horizontales anclados a los montantes, y que terminan de conformar el armazón.
  • Cerramiento: puede ser de vidrio o paneles ligeros (fibrocemento, madera, aluminio). Estos pueden ser fijos o practicables. Actualmente, se emplean muchos materiales para la fabricación de fachadas ligeras. Pero en estos últimos años se ha visto un crecimiento de notar en los siguientes materiales: alucobond, paneles de yeso, aluminio, vidrio, fachadas en chapas. Cada uno estos materiales tienen métodos y diseños diversos para su implementación, lo cual los convierte en materiales idóneos para la construcción de fachadas con diseños modernistas. Adicionalmente, a esto son fachadas resistentes a ambientes hostiles, más sin embargo, requieren de constante mantenimiento para su durabilidad.

En función de si la «piel de fachada» es continua o se interrumpe en cada forjado, las fachadas ligeras se pueden clasificar en «muros cortina» o «fachada panel», respectivamente.[7]

Muro cortina[editar | editar código]

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Muro cortina del hotel W Barcelona

Un muro cortina es un sistema de fachada, generalmente ligera y hecha de vidrio, independiente de la estructura resistente del edificio, que se construye de manera continua por delante de ella.[8] Un muro cortina está diseñado para resistir a la fuerza del viento, así como su propio peso, y transmitirla a los forjados. Generalmente, los muros cortina se construyen mediante la repetición de un elemento prefabricado modular que incluye los necesarios elementos de protección, apertura y accesibilidad según las necesidades.

Fachada pesada[editar | editar código]

Esta categoría abarca todas las fachadas tradicionales, ya sean de ladrillo visto, enfoscados, aplacados, de piedra, de madera u otras, además de las trasventiladas y las prefabricadas.

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Fachada tradicional de una Casa Chorizo de Argentina

Fachadas trasventiladas[editar | editar código]

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«Manta» de lana de roca en una fachada trasventilada.

Son parecidas a los muros cortina. También constan de montantes, travesaños y cerramientos pero, a diferencia de las anteriores, los montantes se anclan a muros de fábrica, y las piezas de cerramiento son pesadas: normalmente placas de piedra o cerámica.

Al existir una hoja de cerramiento interior (habitualmente de ladrillo), las placas no necesitan presentar una junta estanca, y en el montaje se separan entre sí unos pocos milímetros, permitiendo que el aislamiento térmico ventile por esas rendijas. Este tipo de fachadas se suele utilizar en edificios institucionales, debido a que ofrece una elevada calidad de acabado.

Fachadas prefabricadas[editar | editar código]

Son fachadas compuestas por módulos de pared que vienen hechos de taller, ensamblándose unos a otros en obra. Según sea su nivel de prefabricación, pueden incluso montarse paredes de fachada con las ventanas o la puerta ya instaladas. El material más utilizado en prefabricación es el hormigón, aunque también está extendido el uso de madera, y otros materiales más modernos como el GRC. Los sistemas de unión entre los distintos módulos vienen incorporadas en las propias piezas, de modo que suelen ser construcciones de junta seca.

Las ventajas de este método residen en un mayor control de calidad, al fabricarse las piezas en taller, y en un proceso de montaje muy rápido que no demanda mucha mano de obra. Por este motivo está ganando popularidad en países industrializados, donde la mano de obra es comparativamente más cara que los materiales.

Fachadas añadidas a edificios anteriores[editar | editar código]

Era bastante común en el período georgiano (arquitectura georgiana) que las casas existentes en las ciudades inglesas recibieran una nueva fachada de moda. Por ejemplo, en la ciudad de Bath, The Bunch of Grapes en Westgate Street parece ser un edificio georgiano, pero la apariencia es superficial y algunas de las habitaciones interiores todavía tienen techos de escayola de estilo jacobino.[9]

Esta nueva construcción se ha dado también en otros lugares: en Santiago de Compostela se construyó la Casa del Cabildo de tres metros de profundidad a juego con el orden arquitectónico de la plaza, y la principal fachada churrigueresca de la Catedral de Santiago de Compostela, frente a la Plaza del Obradoiro, en realidad encierra y oculta el antiguo Pórtico de la Gloria.

Fachada medianera[editar | editar código]

Se denomina fachada medianera a la fachada constituida por una pared medianera, es decir, a una pared exterior que linda con otro solar. Debido a esta característica de lindar con otro solar, normalmente estas fachadas no tienen aperturas, sino que son ciegas, pues es posible que en el futuro tengan otro edificio adosado.[10]

En origen, una fachada medianera se deja en una edificación como una posible continuidad de otras edificaciones. Si no está prevista la continuación de las construcciones a fecha de edificación del inmueble, se le da un tratamiento de acabado definitivo. Por ser una zona poco expuesta a la vista, este acabado suele ser sencillo, a menudo un simple acabado de raseo y pintado. En los casos en los que una fachada medianera tiene alta visibilidad, es habitual embellecerla pintando un mural, a veces en forma de trampantojo que simula una fachada con vanos.[10]

Fachada medianera completa[editar | editar código]

La fachada medianera completa parte desde el suelo, mostrándose toda ella hacia el exterior.[10]

Fachada medianera parcial[editar | editar código]

Una fachada medianera parcial es aquella pared medianera que se encuentra expuesta a la intemperie sólo en las últimas plantas, debido a que el edificio con el que linda es más bajo que el edificio en el que se encuentra la fachada medianera.[10]

Un ejemplo de fachada medianera parcial es la que se encuentra en Salamanca (España), en la avenida de Italia, número 46. Este edificio, de siete plantas, linda con el número 1 de la calle de las Islas Canarias, de tan solo dos plantas. La diferencia de altura entre los dos edificios hace que la pared medianera entre ambos se encuentre parcialmente expuesta. Dado que esta fachada medianera parcial es altamente visible desde la avenida de Italia, se embelleció con un mural a modo de escritura decorativa, realizado en 2026 en el marco de la Galería Urbana del Barrio del Oeste.[11]

Véase también[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

  1. Lajo Pérez, Rosina (1990). Léxico de arte. Madrid - España: Akal. p. 80. ISBN 978-84-460-0924-5. 
  2. «Avanzan las obras de la «quinta fachada» de la catedral de Málaga». El País.com. 14 de febrero de 2008. Consultado el 29 de septiembre de 2008. 
  3. Boswell, Keith (2013). Exterior Building Enclosures. John Wiley & Sons. p. 11. 
  4. Jean Manco. Bath's lost era, «Bath and the Great Rebuilding», Bath History vol. 4, (Bath 1992). Publicado por primera vez en Bath City Life Summer 1992. Recuperado el 22 de junio de 2010
  5. «Museo del Vidrio». Archivado desde el original el 18 de septiembre de 2008. Consultado el 2009. 
  6. «Museo del Vidrio». Archivado desde el original el 18 de septiembre de 2008. Consultado el 2009. 
  7. 7,0 7,1 Construmática.com. «Tipos constructivos en fachadas ligeras» (Página web). Consultado el 2008. 
  8. FULLANA, M. Diccionari de l'art i els oficis de la construcció 5ª ed. Palma, 1988. Ed. Moll ISBN 84-273-0372-6 (en catalán)
  9. Jean Manco. Bath's lost era, "Bath and the Great Rebuilding", Bath History vol. 4, (Bath 1992). First published in Bath City Life Summer 1992. Retrieved 22 June 2010
  10. 10,0 10,1 10,2 10,3 https://www.obrasinsignia.com/es/tutorial-fachadas-medianeras/
  11. https://www.salamancahoy.es/salamanca/ciudad/mejores-muralistas-mundo-dejara-huella-barrio-creativo-20260413200702-nt.html