Desigualdad económica
La desigualdad económica se refiere a las disparidades existentes en la distribución de la renta o de la riqueza entre los individuos de una sociedad o entre los países del mundo. Estas desigualdades pueden manifestarse en distintos niveles, siendo especialmente relevantes las diferencias en la distribución de la renta —que incluye ingresos laborales, profesionales, pensiones y transferencias públicas— y en la distribución de la riqueza —que abarca beneficios empresariales, dividendos, intereses, rentas de capital y plusvalías patrimoniales—.
Aunque el término suele aplicarse a la desigualdad entre individuos o grupos dentro de una misma sociedad, también puede hacer referencia a las diferencias económicas entre naciones o regiones. La desigualdad económica está estrechamente vinculada con los conceptos de igualdad de oportunidades y igualdad de resultados, los cuales representan distintas aproximaciones normativas al reparto de recursos en una sociedad.
Estudios recientes, como el Informe sobre la desigualdad global elaborado por el World Inequality Lab, han documentado un incremento significativo en la concentración de ingresos a nivel mundial durante las últimas décadas.[2]
Diversos enfoques teóricos y políticos proponen mecanismos para reducir estas brechas, tales como políticas de redistribución de la renta, sistemas fiscales progresivos, mejoras en el acceso a la educación, y reformas en los mercados de trabajo y capital.
Introducción[editar | editar código]
Históricamente la desigualdad de ingreso ha sufrido cambios importantes, relacionándose con desarrollos tecnológicos, cambios climáticos, demográficos, migratorios, bélicos, revolucionarios y de conflictividad social. En general, en los períodos de mayor desigualdad económica aumenta la conflictividad social y en los períodos de mayor igualdad disminuye la conflictividad social.[3][4]
El concepto actual de desigualdad de ingresos tiene su origen y desarrollo en los orígenes del sistema capitalista. En los siglos XVII y XVIII se produjeron cambios económicos y sociales profundos con la introducción de la manufactura y de la industria de la mano del capitalismo inicial que mostraba formas nuevas de desigualdad que se justificaron en ideas del liberalismo económico.[3]
Será en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 hasta 1974,[5][3] cuando en los países más desarrollados se produzca una enorme reducción de los niveles de desigualdad social. Desde entonces, señalan autores como Thomas Piketty, la desigualdad ha aumentado en todos los países del mundo.[3]
Existen varios indicadores económicos para medir la desigualdad de ingreso, pero a menudo se usa el coeficiente de Gini, aunque también se utilizan el índice de Atkinson, índice de Theil, índice de Hoover, la comparación interquintil o la varianza logarítimica.
Desigualdad de renta y desigualdad de riqueza[editar | editar código]
El economista Branko Milanovic señala la diferencia fundamental entre los ingresos y la riqueza. La desigualdad de riqueza es siempre mayor que la desigualdad de ingresos. La riqueza (herencia, ahorros) está distribuida de manera más desigual que los ingresos derivados del trabajo.[6]
Desigualdad de renta[editar | editar código]
Variable flujo derivada de la actividad laboral -ya sea trabajador por cuenta ajena o trabajador por cuenta propia, es decir del salario así como ingresos de los profesionales, las pensiones o los subsidios de desempleo.[6] También puede corresponder a rentas del capital, como rendimientos de acciones.
Desigualdad de riqueza[editar | editar código]
Variable fondo derivada de la acumulación de la herencia o herencias recibidas a lo largo de la vida, los ahorros acumulados y el rendimiento de todas las inversiones -inmobiliarias, fondos, acciones, etc.-.[6]
Informe de desigualdad global 2018[editar | editar código]
En el informe de desigualdad global de 2018 de la World Inequality Database[2] se indica, entre otros aspectos, que la desigualdad económica es un hecho generalizado que ha aumentado desde los años 1980[cita requerida]. El constante incremento de la desigualdad sin freno puede llevar a todo tipo de catástrofes políticas, económicas y sociales. La desigualdad de ingresos presenta una gran variación entre las distintas regiones mundiales. Es relativamente baja en Europa y máxima en medio oriente. En las últimas décadas la desigualdad de ingresos se ha incrementado en prácticamente todos los países, aunque a ritmos diferentes, siendo las instituciones gubernamentales y las políticas que se realizan decisivas para influir en la desigualdad. Se ha producido una divergencia entre los datos de Europa Occidental y Estados Unidos: estaban igualados en la década de 1980 y ha aumentado significativamente la desigualdad en Estados Unidos. Algunas de las causas que explica el aumento de la desigualdad económica en Estados Unidos son la desigualdad en el acceso a la educación, la menor progresividad en los impuestos (los ricos pagan menos que antes ) y la disminución de las rentas del trabajo frente a las rentas del capital.[2]
El informe destaca la importancia que tiene para reducir la desigualdad la riqueza que está en manos del sector público y el sector privado. Así la desigualdad aumenta cuando aumenta el sector privado y disminuye cuando aumenta el sector público. Los países se han vuelto más ricos pero los gobiernos más pobres por lo que tienen más limitada su capacidad de acción política, social y económica.[2]
Según los redactores del informe la clase media mundial, en términos de riqueza, se reducirá si la situación socioeconómica y política actual no cambia. En el informe se propone la progresividad impositiva como herramienta eficaz para limitar el aumento de la desigualdad y la concentración de ingresos y riqueza en unos pocos; también la creación de un registro financiero global de la propiedad financiera para limitar la evasión fiscal, el lavado de dinero y por tanto el crecimiento de la desigualdad. Consideran que un acceso más igualitario a la educación y al trabajo bien remunerados es un condición para impedir tanto el estancamiento económico como el crecimiento débil de los ingresos de la mitad más pobre de la población. Son necesarias inversiones públicas significativas en educación, salud y protección medioambiental, tanto para combatir la desigualdad actual como la futura.[2]
Causas[editar | editar código]
Entre las causas generales de la desigualdad se encuentran la falta de acceso a la educación, la sanidad, la pobreza económica, y la explotación laboral y de cualquier otro tipo (explotación infantil, explotación sexual, etc.). También pueden señalarse como causas más concretas los sistemas fiscales regresivos, la corrupción política, económica y judicial, la acumulación de la tierra, la privatización de servicios públicos y bienes comunes, la desigualdad de género y las guerras.[7]
Para Branko Milanovic las causas de la desigualdad son varias pero inciden unas sobre otras potenciando el empobrecimiento de la mayoría social y el enriquecimiento de unos pocos; la pérdida de peso del trabajo asalariado frente al capital junto con una enorme desigualdad en la distribución del capital y del trabajo bien remunerado; la acumulación de rentas procedentes de herencia, ahorro e inversiones en las mismas personas que ya disfrutan de posiciones privilegiadas en el mundo laboral y son dueños del capital. Además el aumento de la homogamia o emparejamiento selectivo -matrimonio entre personas de altos salarios y alta riqueza- incrementa la desigualdad. La homogamia era propia de sistemas sociales de la antigüedad y estamentales que impedían la movilidad social y se ha prolongado incluso durante la revolución industrial y hasta principios del siglo XX; después se produjo un apertura social al emparejamiento entre personas de distintos ingresos y riqueza que redujo la desigualdad -aumentando la movilidad social-, pero ha vuelto a aparecer de manera más pronunciada en las sociedades modernas en las últimas décadas del siglo XX y siglo XXI.[8]
Branko Milanović ha identificado como factores que reducen la desigualdad los siguientes: las guerras, los conflictos civiles, las epidemias, el sindicalismo, la prestación pública de servicios como la educación y la atención sanitaria, el envejecimiento de la población (ya que exige protección social) y los cambios tecnológicos que favorecen a los trabajadores menos especializados.[9]
Factores institucionales[editar | editar código]
Los factores institucionales y las políticas públicas pueden desempeñar un papel determinante en la evolución de la desigualdad a largo plazo.[10]
Régimen de producción y asignación[editar | editar código]
Bukowski y Novokmet (2021) analizan el caso de Polonia a lo largo del siglo XX (entre 1892 y 2015), mediante la combinación de datos fiscales, encuestas de hogares y cuentas nacionales.[11] Los autores documentan una evolución de la desigualdad económica en forma de «U»: los niveles eran altos antes de la Segunda Guerra Mundial, cayeron de forma abrupta tras la implantación del comunismo en 1947 —permaneciendo estables en niveles bajos durante todo el régimen socialista— y volvieron a subir con fuerza tras el regreso al capitalismo en 1989.[11] Con esta transición hacia una economía de mercado, en menos de una generación Polonia pasó de ser uno de los países más igualitarios del continente a situarse entre los más desiguales de Europa.[12] La investigación evidencia que las estadísticas oficiales basadas únicamente en encuestas de hogares infravaloran significativamente el aumento real de la desigualdad desde 1989, ya que tienden a omitir o subestimar los ingresos correspondientes a los percentiles más acaudalados de la población.[12] Asimismo, los resultados destacan la influencia predominante de los rendimientos del capital como el motor principal detrás del incremento de la participación de las rentas más altas dentro de la distribución general.[11]
Apertura económica[editar | editar código]
Heimberger (2020) aborda de forma cuantitativa dos interrogantes centrales que continúan siendo objeto de controversia en las ciencias sociales: en primer lugar, determinar qué indica la evidencia empírica agregada de los estudios primarios existentes sobre el impacto de la apertura económica en la desigualdad de ingresos interna de los países; y en segundo lugar, identificar qué factores concretos (metodológicos, de datos o de especificación econométrica) contribuyen a explicar la notable variación y heterogeneidad observada en los resultados informados por la literatura académica previa [13]. El marco conceptual del estudio distingue entre la apertura comercial y la apertura financiera.[13] Por una parte, las predicciones sobre la globalización comercial suelen fundamentarse en el teorema de Stolper-Samuelson, el cual sostiene que el comercio internacional disminuye la desigualdad salarial en las naciones en desarrollo al favorecer a su factor abundante (mano de obra no cualificada) e incrementa las disparidades en los países avanzados al beneficiar a la mano de obra cualificada.[14] Por otra parte, la teoría convencional respecto a la globalización financiera asume que la libre circulación de capitales optimiza los recursos crediticios y alivia las restricciones financieras de los sectores vulnerables reduciendo la desigualdad, aunque otros modelos matizan que este impacto depende estrictamente del nivel de desarrollo económico de la nación o de su calidad político-institucional.[15] Finalmente, el autor introduce las posturas escépticas de la literatura que defienden que las dinámicas distributivas internas responden principalmente a factores ajenos a la apertura económica, tales como el cambio tecnológico sesgado por habilidades o el nivel educativo nacional.[15] Para unificar e interpretar sistemáticamente este cuerpo de investigación, el artículo recurre a metodologías cuantitativas de metaanálisis y metarregresión multivariante.[16] La muestra del estudio comprende la totalidad de la literatura econométrica relevante publicada en revistas científicas revisadas por pares hasta febrero de 2019, sumando un total de 1.254 estimaciones comparables distribuidas en 123 artículos primarios independientes.[17] Metodológicamente, se adopta el coeficiente de correlación parcial como medida estandarizada del tamaño del efecto, el cual se pondera por su precisión estadística (la inversa de la varianza) a través de estimadores de efectos fijos y aleatorios.[18] Los hallazgos del metaanálisis muestran que, al evaluar la población total de estimaciones, la apertura económica ejerce un efecto promedio positivo de intensidad pequeña a moderada sobre la desigualdad de ingresos, desestimando estadísticamente la hipótesis de que actúe como una fuerza igualadora.[19] Sin embargo, al descomponer el análisis por dimensiones, se descubre una asimetría sustancial: mientras que el efecto de la apertura comercial sobre la desigualdad es exiguo (correlación parcial de 0,045), la apertura financiera muestra un impacto concentrador de ingresos que duplica con creces dicha cifra (0,123) [20]. Adicionalmente, las estimaciones de la metarregresión confirman que la disparidad de resultados en la literatura se halla condicionada significativamente por decisiones del diseño de investigación, tales como la elección de la variable de desigualdad (el índice de Theil arroja efectos menores que el índice de Gini) y la inclusión de controles como la educación y la tecnología.[21] Una conclusión crucial de la investigación radica en el rechazo empírico de las optimistas expectativas del teorema de Stolper-Samuelson para el mundo en desarrollo, dado que la evidencia acumulada señala que la apertura tiende a agravar las brechas distributivas en los países de menores ingresos de manera homóloga a lo observado en las economías avanzadas.[22] No obstante, el autor matiza que la influencia internacional no invalida el margen de acción doméstico, concluyendo que determinantes internos como el fortalecimiento de los sistemas educativos, las instituciones reguladoras del mercado de trabajo y las redes de protección del estado de bienestar preservan un rol determinante en la contención de la desigualdad salarial.[23]
Consecuencias[editar | editar código]
En la publicación de Wilkinson y Pickett de 2009, basado la comparación de más de 150 artículos científicos revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas de salud mental y drogas,[24] menores niveles salud física y menor esperanza de vida,[25] peores rendimientos académicos,[26] y mayores índices de embarazos juveniles no deseados.[27] En esos casos también se comprobó que no es el nivel de renta sino la desigualdad económica el factor explicativo principal. Por lo que los autores de dicho estudio concluyen que entre los países más desarrollados, los más igualitarios obtienen un mejor comportamiento en una serie amplia de índices de bienestar social.
Pazzona (2024) presenta un metaanálisis con el propósito de examinar el vínculo histórico entre la desigualdad de ingresos y la criminalidad.[28] El autor constata que el efecto de la desigualdad sobre el crimen es estadísticamente significativo pero económicamente insignificante, situándose en un rango de coeficientes de correlación parcial de entre 0,007 y 0,123.[28][29] Por otro lado, mediante la aplicación de la metodología de promedio de modelos bayesianos (BMA), el estudio revela que la desigualdad no afecta exclusivamente a los delitos contra la propiedad descritos por los modelos tradicionales de elección racional, sino que también influye en los delitos violentos.[28][29] Adicionalmente, el análisis demuestra que los indicadores de desigualdad que muestran mayor sensibilidad ante los cambios en la clase media y alta de la distribución salarial tienden a arrojar coeficientes de impacto significativamente más altos.[28][29] Finalmente, se destaca que omitir variables de control clave como los niveles de pobreza y desempleo introduce sesgos negativos severos en las estimaciones, lo que advierte que la desigualdad económica por sí sola podría no ser el motor principal de la conducta criminal en comparación con estos otros determinantes socioeconómicos.[28][29]
Propuestas para reducir la desigualdad económica[editar | editar código]
Thomas Piketty[editar | editar código]
El economista francés y experto en desigualdad económica Thomas Piketty[30] cuestiona de manera radical la hipótesis optimista del economista ruso Simon Kuznets quien establecía un vínculo directo entre el desarrollo económico y la redistribución de ingresos, resaltando la importancia de las instituciones políticas y fiscales en la instauración de impuestos e ingresos públicos y por tanto en la evolución económica histórica de la distribución de la riqueza.[31] por lo que propone, para evitar lo que denomina capitalismo patrimonial que genera gran desigualdad de ingresos:[32][33][34][35]
- Consolidación de impuestos progresivos.
- Instauración de un impuesto mundial sobre la riqueza.
Sandy Brian Hager[editar | editar código]
Para el profesor y economista Sandy Brian Hager,[36] que ha estudiado la situación de desigualdad en distintos países del mundo, hay varias causas de la desigualdad: niveles de impuestos inadecuados, gobiernos políticos de derechas, sistemas electorales poco representativos y poco peso de los sindicatos en las negociaciones laborales. Por tanto propone, para reducir la desigualdad económica:[37]
- Aumentar las tasas máximas impositivas. Es decir, mayor progresividad de los impuestos.
- Votar a gobiernos de izquierdas. Ya que sus políticas reducen la desigualdad y las políticas de los gobiernos de derechas aumentan la desigualdad de ingresos.
- Promover sistemas electorales con representación proporcional. Los sistemas que premian a las mayorías perjudican la igualdad económica al favorecer los gobiernos de derechas.
- Aumentar la sindicalización de los trabajadores y su representación institucional.
Jason Hickel & David Woodward & Kevin Anderson[editar | editar código]
Para Jason Hickel, profesor de antropología y experto en desarrollo global, la pobreza solo ha disminuido en China y el este de Asia mientras que en el resto de zonas geográficas de los tradicionalmente llamados países en desarrollo del hemisferio sur la pobreza relativa y la desigualdad interna y comparativa con otros países ha aumentado. Las metrópolis del colonialismo y las corporaciones de la globalización siguen extrayendo más recursos (a través de materias primas, bajos salarios, evasión de capitales, deuda injusta, etc) que los recursos que llegan a estos países pobres. Acudiendo al economista David Woodward y científico experto en clima Kevin Anderson, señala que con el actual modelo económico, no se puede erradicar la pobreza ya que es físicamente imposible ya que es una imposibilidad estructural dado el nivel de fragilidad ecológica del planeta. La única solución es el decrecimiento:[38]
- Países ricos: decrecimiento inmediato en un 6% anual.
- Países pobres: crecimiento hasta 2025 y decrecimiento de un 3% a partir de 2025.
Richard Wilkinson[editar | editar código]
El epidemiólogo e historiador económico Richard Wilkinson propone elevar el impuesto de sucesiones y eliminar los paraísos fiscales para evitar la evasión de impuestos con el objeto de aminorar la desigualdad económica. Wilkinson, junto a Kate Pickett, ha escrito dos libros sobre desigualdad: Desigualdad: Un análisis de la (in)felicidad colectiva (editorial Turner)—, donde indica los efectos negativos de la desigualdad, e Igualdad. Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (en la editorial Capitán Swing)— donde señala como las políticas igualitarias mejoran la calidad de vida de toda la sociedad.[39][40] En palabras de Wilkinon:
Prohibiría los paraísos fiscales y la maquinaria financiera que ayuda a privilegiados a evadir impuestos. Debería lograrse un acuerdo internacional para frenar estas dos trampas. Y elevaría el impuesto de sucesiones. Estamos creando dinastías. Hay familias en las que los hijos no necesitan trabajar y muchos los miran como si fueran seres superiores cuando no lo son.[39]
James K. Galbraith[editar | editar código]
En su libro El fin de la normalidad, el economista James K. Galbraith señala, entre otras cosas, que tenemos un sector financiero estructuralmente incapaz de proporcionar una dirección estratégica a la economía real. Las finanzas mundiales son el enfermo del capitalismo. La financiarización a la que ha llevado el neoliberalismo desde la década de 1980 ha aumentado la desigualdad haciendo insostenible el capitalismo a corto plazo si no llevan a cabo cambios estructurales importantes. J.K. Galbraith propone un New Deal (nuevo trato) que traiga un mayor esfuerzo de planificación, inversión, educación pública y seguridad social de la historia de la humanidad, es decir, la madre de todos los new deals. Se requiere una política integral que contemple reformas institucionales dirigidas a cambiar la estructura del sistema. En el programa del 'new deal' deben aparecer el modo de gestionar las limitaciones impuestas por el medio ambiente y los recursos, al tiempo que se preserva la estabilidad social y se mejora la calidad de vida. Su objetivo sería hacer un uso más racional de los recursos, así como la relajación general de las tensiones internacionales y la resolución de los conflictos.[41][42]
En el pensamiento económico[editar | editar código]
La desigualdad económica está presente en las ideas de distintos economistas a partir del siglo XVIII,[43] si bien su estudio se desarrolló especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Simon Kuznets (1955)[44] dibujaba en los años dorados del capitalismo su famosa U invertida entre desigualdad y crecimiento económico. Sin embargo, desde la caída del muro de Berlín en 1989 la tendencia al crecimiento de la desigualdad impulsó trabajos como el de Branko Milanovic (2005),[45] que utilizó encuestas de hogares de más de cien países para concluir que a comienzos del siglo XII el 5 por ciento más rico de la población recibía un tercio del ingreso global. Thomas Piketty (2014)[46] ampliaba el conjunto de datos para defender que, sin impuestos progresivos, la desigualdad se dispara. Esta desigualdad parece depender de las instituciones, que habilitan y dan capacidades, y, por ello, también se ha extendido el estudio a épocas históricas, con datos de ingresos de los hogares más difíciles de confirmar.[47]
En la filosofía política[editar | editar código]
El rechazo a la desigualdad económica se observa de manera generalizada en la filosofía política, independientemente de los objetivos de cada filósofo.[48] No es sólo que los menos privilegiados tengan envidia por la riqueza ajena, como planteaba Freud en El malestar en la cultura, o más recientemente McCloskey, sino que la desigualdad económica es rechazada por motivos más profundos. Ello pone en cuestión las ideas de liberales como Friedman (Capitalismo y libertad) o Hayek que apuntaban a que el igualitarismo es invención del siglo XX y aplicaban el suficientalismo, que considera que, mientras que los pobres tengan lo suficiente, no debemos preocuparnos por el exceso de riqueza.
También en oriente hay mucho escrito sobre el asunto. Confucio decía que un gobernante sabio “no se preocupa de la pobreza sino de la distribución desigual” y Lao Tzu y Gandhi se lamentaban del exceso de riqueza. Pero los filósofos políticos occidentales también consideran peligrosa la riqueza concentrada.
Platón y Hobbes, claros partidarios de la desigualdad en el terreno político, sin embargo consideraban la desigualdad económica el mayor peligro de una república floreciente. Platón, en las Leyes, afirmaba que la guerra civil es la “mayor de todas las plagas” resultado inevitable de la excesiva desigualdad económica. (Este pasaje inspiró el título del libro The Greatest of All Plagues, publicado en 2024 por David Lay Williams.) Platón era desigualitario en República ya que imaginaba que el poder político en la ciudad-estado ideal se concentraría en manos de los filósofos virtuosos. Sin embargo, para él la armonía y los lazos fraternales son la base de una buena república. Platón enfatizaba los efectos de la desigualdad en el alma y el desorden social: dado que el deseo de riqueza requiere de disciplina, el avaricioso deja de lado las verdaderas virtudes como el coraje, la moderación, la justicia o la sabiduría, y el peligro de la perpetuación de esta oligarquía “sin alma” será cada vez mayor. Su solución es que se distribuya la riqueza de modo que el ciudadano más rico no tenga más de cuatro veces más que el más pobre. La desigualdad debe reducirse gradualmente a través de la persuasión. La desigualdad es un tema central de los tratados de la antigüedad. Cuando en Atenas las diferencias de riqueza eran muy grandes, “todo el mundo estaba endeudado con los ricos” (Plutarco, 2001, 114) y muchos tuvieron que volverse esclavos, o emigrar. Solón hizo perdonar las deudas y prohibió la venta de uno mismo como seguridad de la deuda, algo que, según Plutarco, fue necesario para asegurarse una libertad democrática (Plutarco, 2001, 145). También Tucídides relata esa situación en la guerra del Peloponeso; y el legislador Licurgo aconsejaba organizar comidas comunes para que los ricos tuvieran que alimentarse con lo mismo que sus vecinos pobres. Ello volvería a la gente, no tanto ciudadanos, sino hermanos. Recomendó la división de Esparta en tierras iguales para distribuirlas entre las familias.
Thomas Hobbes quería salir del estado de la naturaleza de perfecta igualdad, pero consideraba que la mayor amenaza a la autoridad de Leviatán era la concentración de riqueza. La extrema pobreza genera resentimiento y envidia, que es la fuente de la guerra. La riqueza concentrada crea “presunción de impunidad”, inconsistente con el imperio de la ley. Hobbes esperaba que el Leviatán redistribuyera la riqueza para evitar estos extremos. Jean-Jacques Rousseau, típico exponente de la lucha por la igualdad, consideraba que en repúblicas no corrompidas por el lujo y la desigualdad, como Córcega, la moneda prácticamente podía prohibirse; en sociedades corrompidas por la desigualdad, los impuestos al lujo deben crear mayor igualdad. Igualmente, Adam Smith consideraba que la desigualdad mina la simpatía mutua. La pobreza desmoraliza porque el hombre se siente avergonzado.[49] La desigualdad hace que los códigos morales y legales beneficien sólo al rico e inspira un egoísmo insano. Aunque su solución no es revolucionaria, aceptaba la imposición progresiva.
En el siglo XIX, John Stuart Mill, defensor de la libertad individual, creía que esa libertad no puede ejercerse sin igualdad de oportunidades. La desigualdad corrompe tanto a ricos como a pobres, embruteciendo a los primeros y victimizando a los segundos. Lleva al egoísmo porque los ricos desprecian en vez de cuidar a aquellos degradados por la pobreza. Las soluciones que propone son la instauración de cooperativas, la educación o los impuestos a la herencia. Mill apela a la armonía, amistad y fraternidad en la “unidad de nuestros semejantes” (Mill, 2001, 32).[50] Karl Marx es un exponente más evidente contra la desigualdad. Discute el mito de que los ricos son más trabajadores que los pobres, que justifica el capitalismo. Para él, la desigualdad lleva a la dominación. Su remedio consistiría en derrocar el sistema económico mismo.
En la religión[editar | editar código]
En el cristianismo, Jesús predicaba para los pobres diciendo que no se puede servir a dos señores: el rico elige amar al dinero, no a Dios (Mateo 6:24, Mateo 19: 16, Marcos 4:1-9; Marcos 10:17-31; Lucas 8:4-8; Lucas 18:18-30, etc.) El mandamiento principal es amar al prójimo como a ti mismo y son bienaventurados los compasivos, los humildes, los pobres de espíritu. El pobre no debe anhelar la riqueza porque “los ricos acumulan tesoros para sí mismos, pero no son ricos para Dios” (Lucas 12:21). El final de esta idolatría lleva a que sea “más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos” (Mateo 19: 23-24). (Este pasaje inspiró el título del libro Por el ojo de una aguja, publicado en 2016 por el historiador Peter Brown.)
Jesús pide la vuelta de las leyes hebreas del año Sabático y Jubileo que requerían que todas las deudas se perdonaran cada siete años y toda propiedad se restaurara a la distribución equitativa cada medio siglo. Así, pretendía reunir a la “casa dividida”.
Informes y bases de datos sobre desigualdad y desarrollo humano[editar | editar código]
Varias instituciones emiten informes, normalmente anuales, relacionados con la desigualdad social, económica y el desarrollo humano:
Informe anual sobre Desigualdades Mundiales[editar | editar código]
El 'Informe anual sobre Desigualdades Mundiales' (World Inequality Report) lo realiza el World Inequality Lab.[51][52][53]
Informe sobre Desigualdad del Banco Mundial[editar | editar código]
El 'Informe de Desigualdad del LAC Equity Lab dependen del Banco Mundial:
Notas[editar | editar código]
- ↑ «Global Wealth Databook 2019» (PDF 6,6MB) (en English). Zúrich (Suiza): Credit Suisse Group AG - Research Institute. Octubre 2019. pp. 117-120. Consultado el 9 de noviembre de 2020.
- ↑ 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 Alvaredo, Facundo; Chancel, Lucas; Piketty, Thomas; Saez, Emmanuel; Zucman, Gabriel (2017). «Informe sobre desigualdad global 2018. Resumen ejecutivo». World Inequality Lab: 20. Consultado el 12 de abril de 2018.
- ↑ 3,0 3,1 3,2 3,3 Historia de la desigualdad, La Vanguardia, 23/02/2017
- ↑ Breve historia de la (des)igualdad. Las democracias son propensas al populismo, sobre todo cuando la inequidad está en alza, El País, 4 de agosto de 2016
- ↑ El economista Barry Eichengreen extiende el período de mayor reducción de la desigualdad desde 1930 a 1980, véase Breve historia de la (des)igualdad.
- ↑ 6,0 6,1 6,2 Milanovic, Branko, (2017) Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización, FCE - Fondo de Cultura Económica, ISBN 9786071653956, pág. 53 y ss.
- ↑ Las diez causas de la desigualdad, El País, 3/11/2014
- ↑ Milanovic, Branko, (2017) Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización, FCE - Fondo de Cultura Económica, ISBN 9786071653956, pág. 215 y ss.
- ↑ Milanovic, Branko, (2017) Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización, FCE - Fondo de Cultura Económica, ISBN 9786071653956, pág. 73 y ss.
- ↑ Bukowski y Novokmet, 2021, p. 187, 191.
- ↑ 11,0 11,1 11,2 Bukowski y Novokmet, 2021, p. 187.
- ↑ 12,0 12,1 Bukowski y Novokmet, 2021, p. 190.
- ↑ 13,0 13,1 Heimberger, 2020, p. 2961.
- ↑ Heimberger, 2020, p. 2960-2962.
- ↑ 15,0 15,1 Heimberger, 2020, p. 2963.
- ↑ Heimberger, 2020, p. 2961, 2963.
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- ↑ R. Wilkinson & K. Pickett, pp. 38-39
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- ↑ R. Wilkinson & K. Pickett, pp. 125-140
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- ↑ 28,0 28,1 28,2 28,3 28,4 Pazzona, 2024, p. 1.
- ↑ 29,0 29,1 29,2 29,3 Pazzona, 2024, p. 2.
- ↑ «Edición en español del libro de Thomas Piketty El capital en el siglo XXI». Archivado desde el original el 6 de noviembre de 2016.
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- ↑ Tres razones por las que algunos países son mucho más desiguales que otros, Sandy Brian Hager, Profesor titular de Economía Política Internacional, Universidad de Londres, 7 de octubre de 2018, Público (España)
- ↑ Europa, ha llegado el momento de terminar con la dependencia del crecimiento (carta abierta), eldiario.es, 17/9/2018
- ↑ 39,0 39,1 Pérez-Lanzac, Carmen (18 de septiembre de 2019). «Richard Wilkinson: “Elevaría el impuesto de sucesiones. Estamos creando dinastías”». El País. Consultado el 18 de septiembre de 2019.
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Referencias[editar | editar código]
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Enlaces externos[editar | editar código]
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- Por qué acabar con la desigualdad es la salvación del capitalismo, 5 de enero de 2020, El País