Brecha digital

De Enciclopedia Salmantina

La brecha digital es un término para referirse a las desigualdades sociales en relación con el acceso, uso y calidad de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), incluida Internet. Dichas desigualdades se asocian con diferencias económicas, de localización geográfica, educativas, de edad, de género, culturales, entre otras, y actúan como un factor de exclusión tanto social.[1][2][3][4]

Es una brecha en términos de acceso y uso de la tecnología de la información y la comunicación (TIC). Tradicionalmente se consideraba una cuestión principalmente de acceso.[5] En la actualidad, con el uso global de teléfonos móviles de más del 95%,[6] la desigualdad relativa se plantea entre aquellos que tienen más y menos ancho de banda[7] y más o menos habilidades asociadas.[8]

Concepto[editar | editar código]

El concepto de brecha digital encuentra su antecesor en el llamado informe “El eslabón perdido”,[9] que se publicó en 1982 por la comisión Maitland. Este puso de manifiesto las conclusiones sobre la carencia de infraestructuras de telecomunicaciones en los países en vías de desarrollo, poniendo como ejemplo el teléfono. El término procede del inglés digital divide, utilizado durante la Administración Clinton, aunque su autoría no puede ubicarse con toda precisión. Mientras que en algunas referencias, se cita a Simon Moores como acuñador del término, Hoffman, Novak y Schlosser[10] se refieren a Lloyd Morrisett como el primero que lo empleó para hacer referencia a la fractura que podía producirse en los Estados Unidos entre "conectados" y "no conectados", si no se superaban las serias diferencias entre territorios, razas y etnias, clases y géneros mediante inversiones públicas en infraestructuras y ayudas a la educación. En todo caso, durante esta administración se dio lugar a una serie de reportes publicados bajo el título Falling through the Net, en el que se dejaba evidencia del estado que este fenómeno guardaba en la sociedad estadounidense a finales de la década de 1990.A partir de este origen, algunos autores prefieren en español, el término fractura digital[11] o estratificación digital,[12] por ser mucho más expresivos sobre lo que realmente significa. La traducción a otras lenguas latinas, como el francés, también ha optado por el término de fractura. No obstante, la mayoría de los autores hispanos se decanta por el de brecha, más suave y políticamente correcto. Algunas otras expresiones que han sido usadas para referirse a la Brecha Digital son divisoria digital,[13] brecha infocomunicacional[14] y abismo digital.[15]

Otros autores extienden el alcance de la Brecha Digital para explicarla también en función de lo que se ha denominado analfabetismo digital, que consiste en la escasa habilidad o competencia de un gran sector de la población, especialmente entre aquellos nacidos antes de la década de 1960, para manejar las herramientas tecnológicas de computación y cuyo acceso a los servicios de Internet es por ende muy escaso.[16]

Según los estudios realizados por Eurostat, la brecha digital hace referencia a la “distinción entre aquellos que tienen acceso a Internet y pueden hacer uso de los nuevos servicios ofrecidos por la World Wide Web, y aquellos que están excluidos de estos servicios”. Se trata de una separación entre las personas según su capacidad para utilizar las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) de forma eficaz y aquellas que no tienen acceso a las mismas, o teniéndolo, no saben utilizarlas.[17]

Archivo:Ana Porcel Gálvez - Brecha digital de género.webm Se distinguen tres tipos de brecha digital: la de acceso, que se basa en la diferencia entre las personas que pueden acceder y las que no a las TIC; la de uso, basadas en las personas que saben utilizar utilizarlas y las que no; y las de la calidad del uso, basada en las diferencias entre los mismos usuarios.[18]Al concepto de brecha digital se le incorporan los siguientes enfoques:

  • Infraestructura: Debe existir una infraestructura de telecomunicaciones y redes, es decir, la posibilidad o dificultad de disponer de computadoras conectadas a la red mundial.
  • Accesibilidad: Debe existir la posibilidad de acceder a los servicios que ofrece la tecnología, es la capacidad o dificultad de usar estas tecnologías.
  • Formación: Poseer habilidades y conocimientos para hacer uso de la tecnología, es la limitación o posibilidad que tienen las personas para utilizar los recursos disponibles en la red.

Aspectos teóricos[editar | editar código]

Algunos de los primeros autores que abordaron el problema de la Brecha Digital desde una aproximación sistemática y socialmente profunda fueron Herbert Schiller[19] y William Wresch.[20] De manera general, estos autores planteaban la necesidad de incluir a todos los sectores de la población en el acceso a la información disponible a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como de las posibles ventajas derivadas de tal acceso.

Para Pippa Norris,[21] se trata de un fenómeno que implica tres aspectos principales: la brecha global (que se presenta entre distintos países), la brecha social (que ocurre en el interior de una nación) y la brecha democrática (que se refiere a la que existe entre quienes participan y quienes no participan de los asuntos públicos en línea).

Otra corriente de investigadores[22] se han centrado en aspectos cuantitativos de la brecha digital, destacando las diferencias estadísticas en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, según un extenso abanico de variables sociodemográficas entre las que destacan el sexo, la edad, el nivel de ingresos, la escolaridad, la raza y el lugar de residencia.

Uno de los aspectos más recientes que han sido analizados[23] sobre la brecha digital, tiene que ver no solamente con el acceso a Internet, sino con la calidad de dicho acceso y la disponibilidad de conexiones de banda ancha que permitan acceder a contenidos multimedia en tiempos y costos adecuados al contexto de los usuarios.

De forma específica, la investigadora neerlandesa José van Dijck identifica cuatro dimensiones en el acceso: la motivación para acceder; el acceso material; las competencias para el acceso; y el acceso para usos avanzados (o más sofisticados). Plantea que la brecha digital está en constante evolución, dado el surgimiento de nuevos usos tecnológicos, que son apropiados más rápidamente por aquellos que tienen el acceso en forma más permanente y de mejor calidad, determinado por dicho ancho de banda.[24]

La brecha Digital según Serrano y Martínez (2003) citado por la OEI (2014) se define como: "La separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países ...) que utilizan las Tecnologías de la Información y la comunicación (TIC) como una parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que, aunque las tengan no saben cómo utilizarlas".[25]

De acuerdo con Eurostat, la brecha digital hace referencia a la "distinción entre aquellos que tienen acceso a Internet y pueden hacer uso de los nuevos servicios ofrecidos por la World Wide Web, y aquellos que están excluidos de estos servicios".[26]

Editatón de género y brecha digital realizada en IIPE UNESCO (2015).

Contexto de la sociedad de la información[editar | editar código]

Con ocasión de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) los principales grupos de la sociedad civil dieron vida a la campaña CRIS (Communication Rights in the Information Society – Derechos de Comunicación en la Sociedad de la Información),[27] con el objetivo de infundir la agenda de la Cumbre con cuestiones relacionadas con los medios de gobierno y derechos a la comunicación. En la CRIS se ha enfatizado la función de las nuevas tecnologías como herramientas de comunicación de valores comunes entre grupos, individuos y organizaciones sociales, criticando una justificación instrumental de las tecnologías vistas principalmente como un fin más que como un medio para impulsar un cambio social, una visión instrumental que no considera ni las barreras culturales y lingüísticas, ni las relaciones de dependencia y subordinación técnica, económica y política entre y dentro del Norte y el Sur del Mundo.

La inclusión digital, sostiene este sector de la sociedad civil, hay que pensarla como un asunto colectivo, no individual, donde los beneficios sociales hay que verlos en relación con los que se generan para las comunidades, organizaciones, familias y grupos que sacan provecho de las tecnologías, aunque no tengan acceso a estas. La eficacia de las políticas de inclusión digital dependerán de las posibilidades de integración del conocimiento en los propios objetivos de sus beneficiarios, considerando que no existe un solo modelo, sino muchas posibles sociedades de la información y de la comunicación adaptadas según las diferentes necesidades y objetivos individuales y comunes de un planeta para nada homogéneo.[28]

Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), las nuevas oportunidades tecnológicas (y del libre comercio a escala global) serán el motor de una "tercera revolución industrial". Gracias a las TIC, se sostiene, se podrán anular las brechas de pobreza y de falta de recursos existentes, enfrentándose en el campo de la economía, de las transformaciones políticas y sociales, de la identidad, en la cultura y en el poder, modelando nuevas relaciones a escala global. A través del comercio electrónico y de los e-servicios, de la reducción de los costos de conexión, mejorando la eficiencia de los gobiernos y servicios públicos y favoreciendo el rol del sector privado, se creará un "entorno favorable" para lograr la reducción de las desigualdades entre y dentro de los Estados, siempre según la OMC.[29]

Algunos autores críticos[30][31] han señalado que si bien en las grandes agendas internacionales se enfatizan los grandes beneficios que las Nuevas Tecnologías pueden tener para los países del Sur, lo que hasta ahora se identifica con la Sociedad de la Información se muestra como una invención de las necesidades de la globalización, vista como un fenómeno neoliberal; un desarrollo que no tiene en cuenta las necesidades de un Sur, que se encuentra en la parte equivocada de la brecha digital. Según esta visión, son los países del Norte los principales propietarios y beneficiarios de la World Wide Web, así como de la industria del hardware, del software y de la producción de los contenidos, el 70% en inglés. El Sur permanece excluido, y con ello aumentan las diferencias sociales regionales, y se impone un modelo de desarrollo "desde el Norte", a su imagen y semejanza. Tales voces críticas sostienen que de nuevo se proponen viejas lógicas que nunca han promovido cambios significativos y que, al contrario, han dado lugar a nuevas relaciones de dependencia y han acentuado las desigualdades existentes: el hardware, por ejemplo, está pensado en Occidente, lo que supone para el Sur nuevas formas de trabajo, muchas veces femenino e infantil, en las industrias de ensamblaje, reforzando la destrucción de los lazos sociales y de economía de explotación y aumentando exponencialmente la polución tecnológica.

Desde otros contextos, se ha planteado equiparar la existencia de brechas digitales con aspectos pedagógicos de la formación en todos los ámbitos. A cada brecha digital debería corresponder una similar desde la didáctica. A este concepto en construcción se le ha denominado directamente "brecha didáctica"[32]

Dimensiones[editar | editar código]

Brecha digital en personas con discapacidad física o mental[editar | editar código]

Las desigualdades en el acceso a la información están presentes entre las personas que viven con una discapacidad física en comparación con los que no viven con discapacidad. En 2011, según el Pew Research Center, el 54% de los hogares con una persona con discapacidad tenían acceso a Internet comparado con el 81% de los hogares que no tenían una persona con discapacidad.[33] El tipo de discapacidad que tiene un individuo puede impedir que interactúe con pantallas de ordenador y pantallas de teléfono móvil, como tener tetraplejia o una discapacidad en las manos. También sigue habiendo una carencia de acceso a tecnología y acceso a Internet en el hogar entre aquellos que tienen una discapacidad cognitiva y auditiva. Existe la preocupación sobre si el incremento del uso de tecnologías de la información aumentará o no la igualdad, ofreciendo oportunidades a individuos con discapacidades, o si solo incrementará las desigualdades actuales y conducirá a que las personas con discapacidad queden rezagadas en la sociedad.[34] Se ha comprobado que problemas como la percepción de las discapacidades en la sociedad, la política de gobierno nacional y regional, la política empresarial, las principales tecnologías informáticas y la comunicación en tiempo real contribuyen al impacto de la brecha digital en las personas con discapacidad. En 2022, una encuesta realizada a personas con discapacidad mental grave en el Reino Unido reveló que el 42% carecía de habilidades digitales básicas como cambiar contraseñas o conectarse a Wi-Fi.[35][36] Además, existen interfaces tecnológicas, como aplicaciones móviles y páginas web, que suelen incorporar colores brillantes, sonidos intensos y animaciones llamativas. Estas características pueden resultar abrumadoras para personas con hipersensibilidad sensorial, como ocurre frecuentemente en individuos con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Este diseño puede generar sobrecarga sensorial, dificultando la navegación y el uso de estas tecnologías, además de provocar ansiedad o frustración, como lo señalan Tomchek y Dunn (2007) en su estudio sobre el procesamiento sensorial en niños con y sin TEA.[37] En contraste, un diseño visual estructurado y simplificado mejora significativamente la experiencia de personas con TEA e hipersensibilidad sensorial. Según Chen y Bernard-Opitz (2015), este enfoque facilita el procesamiento y la retención de la información presentada en la interfaz, promoviendo una interacción más efectiva y satisfactoria.[38] Por tanto, adoptar estrategias de diseño que reduzcan la sobrecarga sensorial no solo optimiza la accesibilidad, sino que también contribuye a disminuir las brechas digitales para personas con esta condición.

Las personas con discapacidad también son víctimas de abuso en línea. Según un informe publicado por Leonard Cheshire, una organización benéfica de salud y bienestar, los delitos de odio en línea contra las personas con discapacidad se han incrementado en Reino Unido un 33% entre 2016 y 2017 y 2017-18.[39] Relatos de abusos de odio en línea hacia personas con discapacidad se compartieron cuando el hijo de la modelo Katie Price fue objeto de abuso en Internet atribuido a que él tenía una discapacidad. En respuesta a los abusos, Price puso en marcha una campaña para que los parlamentarios británicos exigieran responsabilidades a quienes perpetúan abusos en línea contra las personas con discapacidad.[40] El abuso en línea hacia personas con discapacidad es un factor que puede disuadir a las personas a participar en línea, lo que podría impedirles aprender información que podría mejorar sus vidas. Muchas personas con discapacidad se enfrentan a abusos en línea en forma de acusaciones de fraude en las prestaciones y de “fingir” su discapacidad para obtener beneficios económicos, lo que en algunos casos puede dar lugar a investigaciones innecesarias.

Brecha digital de género[editar | editar código]

Mujer trabajando con máquina de procesamiento electrónico de datos IBM 704, utilizada para hacer cálculos en investigación aeronáutica (21 de marzo de 1957).
La brecha digital de género es una de las variables más relevantes relacionadas con el retraso de las mujeres en la incorporación al mundo de las nuevas tecnologías y al uso de Internet. Las diferencias de acceso entre hombres y mujeres se dan en todas las sociedades actuales, tanto en contextos de economías avanzadas como de economías en desarrollo.[41] Ramiro destaca que "las desigualdades existentes entre hombres y mujeres en el terreno de las nuevas tecnologías e Internet, tienen diferentes manifestaciones, que van desde el acceso, pasando por la intensidad del uso, hasta el tipo de uso que se les da, sin olvidar, lógicamente, los factores económicos y socio-culturales que las rodean".[42]

Las mujeres aprovechan cada vez más las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en todas las esferas de la vida. Pero al mismo tiempo se produce una brecha de género manifiesta no sólo en el menor número de mujeres usuarias de las TIC, sino también en la persistencia de desigualdades estructurales específicas de género que constituyen barreras para su acceso y su uso. Al inicio de la aparición de las TIC, se partía de la idea de que no existía la brecha digital, sino que el retraso de algunos sectores, colectivos y países, era un estadio que se superaría con el tiempo y con el crecimiento económico (bastaría poner ordenadores para que la gente los utilizase). Hoy se constata, sin embargo, que hay diversos tipos de brecha digital y que esta persiste y adquiere nuevas formas. Además de la brecha de acceso, hay una brecha de uso, una brecha de contenidos y una brecha de habilidades tecnológicas.[43]

Brecha digital geográfica[editar | editar código]

La brecha digital geográfica según la OEI[44] abarca a grupos sociales que se encuentran tanto en zonas urbanas como en zonas rurales. Sin embargo, la infraestructura disponible para asistir a ambos grupos es muy diferente. En particular, la geografía de las zonas rurales plantea un acceso diferente al urbano.

Según este enfoque, el “pobre digital” es una persona que carece, sea por falta de acceso –consideración de oferta— o por falta de conocimiento de cómo se utiliza o por falta de ingresos –consideraciones de demanda—, de la información y comunicación que se accede a través de las tecnologías digitales. Pueden ser considerados pobres digitales quienes no utilizan las TIC, sea por falta de oferta o de capacidad de utilización. A esto se le puede sumar la carencia de información acerca de las ventajas de utilizar las TIC.

Rubiera-Morollón et al. (2026) analizan cómo se distribuye regionalmente el nivel de digitalización dentro de la Unión Europea a escala desagregada (regiones NUTS 2) para identificar la ubicación exacta de la periferia digital y comprobar si esta coincide geográficamente con la periferia tradicional de desarrollo socioeconómico [45]. Señalan que los procesos de desarrollo digital no ocurren de forma uniforme y que las métricas tradicionales a escala nacional (como el índice DESI o el BBVA-DIGIX) camuflan fuertes desigualdades internas [46]. Los autores recopilan datos homogéneos de 205 regiones europeas (predominantemente a nivel NUTS 2) procedentes de la Encuesta sobre el uso de TIC en hogares y por particulares de EUROSTAT con cifras de hasta 2023, estructurados en 8 criterios que cubren el acceso, la frecuencia y los tipos de uso de internet [47]. El análisis revela una marcada brecha digital donde el norte (como Suecia y Finlandia) y el centro de Europa lideran los niveles de desarrollo digital, mientras que la periferia digital se concentra en los países del Este y gran parte del sur de Europa (Portugal, Grecia y el sur de Italia) [48]. Existe una correlación de 0,66 entre el índice de digitalización y el PIB per cápita regional, confirmando un fuerte solapamiento entre la periferia económica y la digital, aunque regiones de países como España demuestran un desempeño digital superior al de su nivel económico correlativo [48].Los criterios de infraestructura y accesibilidad física tienen el menor impacto en el ordenamiento regional, siendo la intensidad de uso diario y el dominio de las redes digitales los factores más discriminantes [48]. Se concluye que el desarrollo tecnológico de Europa responde a un comportamiento de dependencia de la trayectoria, donde alcanzar un umbral mínimo de infraestructura es condición necesaria pero no suficiente, ya que las habilidades avanzadas y los hábitos culturales son los verdaderos dinamizadores del rendimiento regional.[49]

Brecha digital generacional[editar | editar código]

Las diferencias generacionales en el acceso, uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se conocen como brecha digital generacional. Las personas mayores suelen enfrentar grandes dificultades tanto como para manejar dispositivos tecnológicos o servicios en línea. Entre los factores que explican esta situación se incluyen la poca experiencia previa con la tecnología, la falta de formación específica y la percepción de inseguridades al utilizar herramientas digitales.[50]

Diversos estudios muestran que estas diferencias pueden tener efectos realmente importantes, como limitar el acceso a servicios públicos digitales, dificultar la realización de trámites financieros o reducir las oportunidades de interacción social. La acelerada transformación digital en áreas como la administración, la salud y la banca ha profundizado estas desigualdades, afectando principalmente a personas mayores de 65 años incluso llegando a generar frustración.[51]

En cambio, los jóvenes suelen mostrar un gran dominio y familiaridad con los dispositivos, integrando las TIC en su vida cotidiana de forma automática. Se dice que estas habilidades tecnológicas suelen asociarse de forma natural puesto que han crecido en un mundo más digitalizado, por otro lado, los adultos encuentras dificultades por la falta de exposición temprana. Sin embargo, esto no asegura un uso completo de la tecnología, y algunas investigaciones indican que la ventaja generacional tiende a disminuir considerablemente al evaluar competencias como la gestión de información o la seguridad digital.[52]

Para disminuir la brecha digital generacional, organismos internacionales, fundaciones (como La Caixa o Telefónica), gobierno e incluso la UNED fomentan programas de capacitación tecnológica para personas mayores, el desarrollo de interfaces más accesibles y la creación de servicios que combinen atención presencial y digital. Estas medidas buscan asegurar que la creciente digitalización de la sociedad no deje rezagados a quienes poseen menos experiencia tecnológica.[53]

Brecha digital socioeconómica[editar | editar código]

La brecha digital socioeconómica (también conocida como desigualdad digital por ingresos, o brecha digital económica) es un fenómeno social que describe la disparidad existente en el acceso, disponibilidad y utilización de tecnologías digitales entre poblaciones de diferentes niveles socioeconómicos. A diferencia de otros tipos de brechas digitales, ésta se fundamenta específicamente en las diferencias de ingresos y riqueza que determinan la capacidad de los individuos para adquirir dispositivos tecnológicos, pagar servicios de conectividad a Internet y desarrollar competencias digitales.[54]

Las causas de la brecha socioeconómica digital incluyen barreras económicas directas (costo de dispositivos y conectividad), barreras de motivación (falta de percepción de utilidad), barreras de habilidades (analfabetismo digital) y barreras estructurales (infraestructura inadecuada en áreas de bajo poder adquisitivo). La educación emerge como el factor más fuertemente asociado con esta brecha.[55]

Aunque se trata de un fenómeno global, la brecha socioeconómica digital varía significativamente según el contexto. En países desarrollados, la brecha persiste principalmente en áreas rurales y entre poblaciones marginalizadas, mientras que en países en desarrollo, la brecha resulta ser más pronunciada y afectar a amplios segmentos de la población. La pandemia de COVID-19 amplificó significativamente estas disparidades, sobre todo en el ámbito educativo,[56] donde estudiantes de familias de bajos ingresos quedaron desconectados de la educación en línea.

Brecha digital en competencias digitales[editar | editar código]

La brecha digital no depende únicamente del acceso físico a dispositivos o conexión, sino también del nivel de competencias digitales necesarias para utilizar la tecnología de manera eficaz. Esta dimensión incluye habilidades como buscar información, comunicarse en línea, realizar trámites electrónicos, gestionar la seguridad y resolver problemas básicos. La falta de estas capacidades limita la participación social, laboral y educativa, y agrava desigualdades preexistentes. [57]

En España, el 66,2 % de la población de 16 a 74 años dispone al menos de competencias digitales básicas, cifra superior a la media de la Unión Europea. Sin embargo, más de un tercio de la ciudadanía carece de habilidades suficientes para desenvolverse en ámbitos como la banca digital, la administración electrónica o la protección de la identidad en línea. Según el ONTSI, estas carencias se concentran especialmente en personas mayores, población con menor nivel educativo y hogares con bajos ingresos, lo que refleja una brecha que se superpone con factores estructurales. [58]

El entorno territorial también influye: los municipios de menor tamaño presentan porcentajes más altos de personas con competencias digitales reducidas, debido a menores oportunidades formativas y menor disponibilidad de servicios digitales avanzados. Aunque la brecha de género en habilidades básicas es pequeña, persisten diferencias en competencias avanzadas y en la participación en sectores tecnológicos.[59]

El Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) subraya que la falta de habilidades digitales es uno de los principales obstáculos para la transformación digital europea. La pandemia de COVID-19 evidenció que disponer de competencias digitales funcionales es esencial para acceder a la educación, al empleo, a servicios sanitarios y a la participación ciudadana en entornos digitales. [60]

Cifras globales[editar | editar código]

Usuarios de Internet en el mundo
  2005 2010 2017 2023
Población mundial[61] 6500 millones 6900 millones 7400 millones 8000 millones
Usuarios totales 16 % 30 % 48 % 67%
Países en desarrollo 8 % 21 % 41.3 % 60%
Países desarrollados 51 % 67 % 81 % 93%
Fuente: Unión Internacional de Telecomunicaciones.[62]

Según Internet World Stats, en el 2019 existen 4.536 millones de internautas conectados, con porcentajes de cobertura sobre el total de la población que van desde un 89% en Estados Unidos y 88% en Europa, hasta un 40% en el continente africano. En el medio, la cobertura en América Latina y el Caribe alcanza un 69%.[63]

Datos de 2019 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones muestran que en los países desarrollados la mayoría de las personas están en línea, con cerca del 87 por ciento de las personas que utilizan Internet. En los países menos desarrollados (PMD), por otro lado, solo el 19% de las personas está en línea en 2019.[64]

El informe de SITEAL 2014 para América Latina, fundamentado en la UIT Unión Internacional de Telecomunicaciones, revela datos de la penetración de banda ancha fija (2010-2013) con un crecimiento de 5.28% a 7.35%. El informe destaca que este aumento está en pleno desarrollo en la región conjuntamente con el crecimiento exponencial de los últimos dos años de la banda ancha móvil que pasó de 9 accesos cada 100 habitantes en 2011 a más de 28 en el segundo semestre de 2013.[65] Es de destacar el crecimiento de la telefonía móvil en la región que se ha incrementado de 5,26 en el 2011 a 117,72% en el 2014.[65]

Críticas[editar | editar código]

La brecha digital no es un fenómeno que sea reconocido de forma unánime. Entre las principales críticas que se hacen, destacan los hechos por Benjamin M. Compaine,[66] quien sostiene que se trata de un asunto que ha sido objeto de manipulaciones políticas y que las actuales diferencias observadas en el acceso y uso de las tecnologías de la información y la comunicación, se salvarán gracias al destacado impulso de este sector del mercado.

La diferencia social que existe entre aquellas personas que saben utilizar las TIC y aquellas que no, no siempre es un problema de posibilidad de acceso e infraestructuras (servicio universal) o conocimientos previos (alfabetización digital), sino que en la mayoría de los casos es un problema de actitud personal en lo referido a las nuevas tecnologías. Es preciso un cambio cultural que implique a todas las personas sin importar su condición o rango de edad para poner a su alcance y de forma más intuitiva y “usable” lo que llega, ha llegado y llegará en un futuro en materia digital.[67]

Educación[editar | editar código]

Existen diversos estudios que apuntan las limitaciones de las personas que sufren la brecha digital. Por ejemplo, el Centro para el Progreso Americano (Center for American Progress) afirmó que si los EE. UU. redujeran la brecha digital educativa entre niños blancos y negros/hispanos la economía del país crecería un 5.8.[68]

Sin embargo, en Silicon Valley, cuna de los grandes sistemas informáticos actuales, hay una creciente tendencia a limitar o incluso eliminar el uso de tecnologías en la educación.[69]

Se sabe que la educación es una construcción colectiva del conocimiento, y no un mérito individual del profesor, por este motivo la capacitación del docente hacia las TICs no es la principal función, pues dependerá también de los estudiantes, de los retos y desafíos que implique el adquirir estas nuevas habilidades digitales. [70]Por consiguiente, se debe de incluir una pedagogía adecuada que permita la capacitación basada en estrategias metodológicas en un entorno digital. En consecuencia el estudiante será capaz de examinar, analizar críticamente y localizar la información de manera autónoma, creando un vínculo con su desarrollo personal y el educativo.[71]

Consecuencias de la brecha digital[editar | editar código]

Una de las consecuencias de la brecha digital es el rezago, así como la dificultad que enfrentan las personas para salir de condiciones de pobreza por tener problemas en la toma de información por la falta de acceso a nuevos conocimientos lo que lleva a esta parte de la sociedad a la ignorancia y falta de comunicación social por la limitación de información que además los limita a actividades primarias. [72]Cabe resaltar que la implementación de la digitalización debe hacerse con mucha responsabilidad y educar en su uso a la población.

Por regiones[editar | editar código]

Latinoamérica[editar | editar código]

En zonas rurales y de bajos recursos en general se encuentran grandes desventajas, por la menor cobertura de servicios y la falta de recursos económicos para pagar los servicios de Internet de banda ancha., así como de capacidades para el uso de TIC.[73]

El acceso a dispositivos y conectividad no es suficiente para provocar una apropiación significativa de las TIC ni para mejorar los aprendizajes. El problema es que si bien la brecha en el acceso puede reducirse en relativamente corto plazo, la brecha en el desarrollo de competencias digitales está profundamente relacionada con desigualdades estructurales.[74] Hay consenso en que la escuela y las instituciones educativas y culturales del Estado tienen un rol clave en la promoción de las competencias digitales y nivelación de las diferencias sociales.[75]

La diferencia entre generaciones en el conocimiento requerido para incorporar las TIC en su cotidianidad, se traduce en un déficit al momento de responder a los desafíos que plantean los niños y de aprovechar las oportunidades que ofrece el entorno. Esta es la coyuntura que demanda una reconfiguración de las estrategias de acompañamiento, para educar y aprender, y redefinir algunos roles en relaciones más descentralizadas y horizontales.[76]

Los contenidos multimedia son portadores de representaciones sociales, moldean las formas de percibir, pensar e imaginar nuestro mundo y producen sentidos. Con escasa producción local, la mayor parte de los contenidos a la que acceden chicas y chicos latinoamericanos no contemplan las particularidades regionales ni nacionales. Esta situación tiene consecuencias directas en la construcción de la identidad cultural de las nuevas generaciones latinoamericanas.[77]

España[editar | editar código]

España ocupa el puesto #34 en el World Economic Forum Networked Readiness Index (índice que mide cómo los países aprovechan las oportunidades ofrecidas por las TIC), lejos de países de su entorno como Finlandia, Suiza, Alemania, Francia o EE. UU.[78] En este país el porcentaje de hogares con acceso a algún tipo de conexión de banda ancha se sitúa apenas entre el 50-60%, con una penetración bastante alejada de las otras grandes economías de la UE.[26]

La falta de conexión a Internet o la facilidad de acceso tiene consecuencias graves desde el punto de vista de la exclusión social. En primer lugar, la brecha digital genera un tipo de exclusión geográfica, teniendo como zonas más afectadas las rurales y las zonas suburbanas que se enfrentan a posibles fallos del mercado y a la falta de inversión en TIC y en sus infraestructuras. En segundo lugar, encontramos un tipo de exclusión catalogado como generacional: las personas mayores tienen un nivel de penetración y una tasa de uso muy inferior a los demás grupos de edades. Finalmente, y contando con que la economía digital supone ya un 5,7% del PIB del país,[79] las personas con bajos recursos económicos no pueden acceder a la información y herramientas que ofrece el entorno digital, sufriendo asimismo una descapitalización que tiene un alto precio en términos educativos y de acceso y mantenimiento en el mercado. En términos económicos, la brecha digital tiene un coste social de 1300 millones de euros en España.[80]

Asimismo, la brecha digital se ve incrementada por los precios ofrecidos por las operadoras. En el caso de España, tanto la Comisión Europea ha advertido que los precios del ADSL están por encima de la media de la UE. De hecho, España se sitúa entre los países OCDE con la banda ancha más cara.[81]

Medidas[editar | editar código]

La Ley 2/2011, de 4 de marzo, de Economía Sostenible, en su artículo 52, recoge el llamado “servicio universal de telecomunicaciones” por el que la conexión a la red pública de comunicaciones con capacidad para ofrecer servicios de internet deberá permitir el acceso a velocidades de descarga de 1Mps.[82] Se entiende por servicio universal, de acuerdo con el artículo 22.1 de la Ley 32/2003, de 3 de noviembre, General de Telecomunicaciones, el conjunto definido de servicios cuya prestación se garantiza para todos los usuarios finales con independencia de su localización geográfica, con una calidad determinada y a un precio asequible.

Telefónica, al ser la única operadora que se presentó al concurso público convocado a tal efecto por la Orden ITC/2464/2011, Orden ITC/2465/2011 y Orden ITC/2466/2011,[83] todas ellas de 15 de septiembre, es la adjudicataria del servicio y su proveedora por los próximos 5 años. El precio del mismo quedó fijado en un máximo mensual de 29,9 euros más una cuota inicial de alta de 66 euros iniciales. Si se le añade el servicio de telefonía fija, el precio mensual asciende en 19,9 euros al mes, más 13,97 euros de la cuota de línea telefónica y 38,1 euros por alta. Cuando no se dispone de ninguno de los dos servicios, la cuota inicial de alta sube a los 121,63 euros y la cuota mensual a los 33,87 euros.[84] La Asociación de Internautas ha criticado este tipo de servicios y costes para los usuarios, puesto que ningún operador ofrece menos de 3 megas.[85]

En 2013, dentro del Programa Nacional de Reformas, el Gobierno de España ha puesto en marcha la Agenda Digital para España con el objetivo prioritario de que en 2015 medio país cuente con una conexión de 100 Mbps.[86] Asimismo, la Agenda también persigue incrementar el porcentaje de personas que normalmente emplean internet de un 61,8% a un 75%, así como el número de personas que se relacionan electrónicamente con la Administración hasta el 40%, dando continuidad a la implantación de la e-administración diseñada por la Ley 11/2007, de 22 de junio, de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos y los planes Moderniza y Avanza.

Los Presupuestos Generales del Estado prevén la dotación correspondiente para la Agenda Digital,[87] de los cuales 140 millones de euros están dirigidos a la reducción de la brecha digital a través del Plan de Inclusión Digital y Empleabilidad.[88] Este plan tiene cuatro objetivos a ser alcanzados en 2015: incrementar el número de personas que utilizan internet regularmente hasta el 75%; alcanzar al 60% de personas de colectivos desfavorecidos usando Internet; reducir del 30% al 15% el número de personas que nunca ha utilizado Internet; e incrementar la penetración de la banda ancha de móvil entre los usuarios de telefonía móvil hasta el 75%.

Véase también[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Cabero Almenara, Julio. «Reflexiones sobre la brecha digital y la educación: siguiendo el debate». Brecha digital- Cobero Almenara. Consultado el 02/11/2023. 
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Referencias[editar | editar código]