Bien posicional

De Enciclopedia Salmantina

En economía, un bien posicional es un bien o servicio cuyo valor está en su mayoría (si no exclusivamente) clasificado en función del atractivo que genera a otros agentes, en comparación con otros bienes sustitutos. La medida en que el valor del bien depende de esta clasificación se denomina posicionalidad.

El término fue usado por primera vez por Fred Hirsch en su libro Social Limits to Growth (1976),[1] si bien Hirsch nunca proporcionó una definición clara y sucinta del mismo. En la actualidad, el término "bien posicional" se usa y es definido de maneras diferentes por distintos estudiosos.[2] El concepto más usado en economía y otras ciencias sociales es el de Robert H. Frank, mientras que el más usado en filosofía es el de Brighouse y Swift.

Ejemplos de los bienes posicionales incluyen un alto estatus social, bienes raíces exclusivos, un cupo en la clase de primer año de una universidad de prestigio, una reserva en un restaurante de categoría y la fama. La medida de la satisfacción derivada de una buena posición depende de cuánto uno tiene en relación con los demás.

En general, los bienes posicionales no se pueden crear, solo se redistribuyen. Sin embargo, la mayoría de los productos tienen un componente posicional y un componente material. Los automóviles rápidos pueden ser considerados inherentemente escasos debido a la percepción general de que la velocidad de un auto depende de su relación con otros vehículos, pero todavía hay un valor absoluto adjunto a la satisfacción obtenida con la velocidad a la que un automóvil puede viajar; por lo tanto, puede ser considerado como un aspecto posicional en el cual sólo algunos automóviles pueden ser los más rápidos.

Los bienes posicionales suelen ganar rentas económicas o cuasi-rentas.

Ejemplos

Tierra

La tierra (en el sentido económico) es similar a los bienes posicionales, ya que no se puede crear, y la renta de la tierra surge en gran parte por la deseabilidad de una parcela en contraposición con otras parcelas.[3] Sin embargo, la tierra está valorada por su contribución absoluta a la productividad, que no se deriva de su posición relativa. Así, algunos economistas (como Hirsch) incluyen a la "tierra" en los bienes posicionales, mientras que otros (como Robert H. Frank) sólo incluyen los bienes que se valoran especialmente por su calidad relativa.[4]

Externalidades posicionales

Algunos economistas, como Robert Frank, argumentan que los bienes posicionales crean externalidades, o la llamada "carrera armamentista" para productos que podrían impulsar el estatus social en relación con otros. Este fenómeno es claramente derrochador, por lo que el gobierno puede mejorar el bienestar social mediante la imposición de altos impuestos al consumo sobre determinados artículos de lujo para corregir la externalidad y mitigar el derroche social.[5]

Sin embargo, simplemente que el mercado produzca determinadas mercancías inferiores al óptimo, no significa que la intervención pública esté justificada.[6] Por un lado, el gasto público es administrado por agentes que podrían estar igualmente motivados por objetivos posicionales. Por otra parte, tales acciones por parte del gobierno potencialmente pueden impedir la mejora de las condiciones de vida y la innovación. El avance tecnológico en sí es posible en parte porque los individuos ricos están dispuestos a comprar y probar nuevos productos. Hay una cierta experimentación y riesgo que acompañan a los artículos de lujo, y si se los encuentra útiles a la larga serán producidos en masa para hacerlos asequibles a la persona común: los bienes de lujo de una época son bienes mundanos al pasar el tiempo. En resumen, la externalidad posicional negativa a menudo está compensada por la de los bienes públicos de los efectos de la industria naciente y de la investigación y desarrollo.[7]

Bien posicional de tipo Hirsch

Los bienes posicionales de tipo Hirsch pueden denominarse “bienes de oferta fija o casi fija”, o “bienes de oferta fija” como abreviatura menos precisa, o bien “bienes con oferta extremadamente inelástica”.[8]

Fred Hirsch utiliza por primera vez el término «bienes posicionales» en el resumen de su argumento, en la introducción de Social Limits to Growth (pág. 11), pero no proporciona una definición clara y concisa del término. Lo más cerca que Hirsch llega a ofrecer una definición de «bienes posicionales» es, posiblemente, un pasaje en el que describe una distinción entre «dos divisiones de la economía», a saber, la «economía material» y la «economía posicional», en los siguientes términos:

La economía material se define como la producción susceptible de un aumento continuo de la productividad por unidad de trabajo empleado: es la riqueza democrática de Harrod. La economía material abarca la producción de bienes físicos, así como aquellos servicios que admiten mecanización o innovación tecnológica sin deterioro de la calidad tal como esta se presenta al consumidor. [...] La economía posicional, que constituye la base de la riqueza oligárquica de Harrod, se refiere a todos los aspectos de los bienes, servicios, puestos de trabajo y otras relaciones sociales que son, o bien (1) escasos en algún sentido absoluto o socialmente impuesto, o bien (2) están sujetos a congestión o saturación por un uso más amplio.[9]

A partir de su uso, se puede decir que Hirsch usó el término para designar un bien escaso (la demanda excede la oferta) cuya oferta es fija o casi fija, al menos sin una disminución de su calidad, y al menos en el corto o medio plazo.[10][11] En los casos en los que es posible que la oferta del bien aumente, si esto sucede el bien cambia cualitativamente y deja de proporcionar la utilidad que proporcionaba cuando su oferta era menor.[10] Se podría decir, por tanto, que en este caso el bien original desaparece y pasa a ser un bien distinto; por tanto, la oferta del bien original sería fija o casi fija. (La vaguedad de “casi fija” hace que el concepto de Hirsch de “bienes posicionales” sea algo vago, como lo son muchos conceptos.) Los ejemplos usados por Hirsch incluyen bienes como las pinturas de antiguos maestros, los símbolos de estatus, los puestos de trabajo de liderazgo, y varios ligados al territorio, como los paisajes hermosos, las casas en las afueras de las ciudades cerca del campo y los destinos turísticos auténticos. Este último ejemplo, el de los «destinos turísticos por descubrir», es evocador: cuando cierto número de personas logra encontrar el camino hacia uno de esos destinos, este deja de ser aquello que buscaban, aunque el lugar en sí pueda seguir siendo tan hermoso como antes.[12] El hecho de que la propia masificación o congestión pueda reducir de este modo la calidad de un bien, o la satisfacción que se obtiene de él, constituye un tipo de «límite social» respecto de cuántas personas pueden disfrutarlo, al menos sin una disminución de la calidad.[13]

Para explicar la diferencia entre la economía material y la economía posicional, Hirsch utiliza una segunda distinción, tomada de Harrod: la distinción entre “riqueza democrática” y “riqueza oligárquica”.[14] La “riqueza oligárquica” abarca “tipos de satisfacción disponibles para una minoría que nunca, bajo ninguna circunstancia, podrían hacerse disponibles para la mayoría de las personas”.[15] Esto incluye bienes que son demasiado escasos para que haya suficientes para todos, como “vivir en la zona más selecta de Nueva York” o “antiguas obras maestras”.[16] Las distinciones de Hirsch y Harrod están estrechamente relacionadas, aunque no son exactamente iguales.

El filósofo Joseph Heath describe los bienes posicionales como bienes cuya oferta está “fija o es extremadamente inelástica” (Heath 2024: pág. 299; véase también 2022: 121–22).[17][18] Como definición, es equivalente al núcleo de la sentido con el que usó el término Hirsch, ya que los bienes cuya oferta está casi fija serán extremadamente inelásticos en su oferta por esta razón. Esto también significa que es posible definir los bienes posicionales de Hirsch en términos de inelasticidad perfecta o casi perfecta de la oferta, en lugar de oferta fija o casi fija, si se prefiere esta terminología.[19]

Bien posicional de tipo Frank

Los bienes posicionales de tipo Frank pueden denominarse “bienes comparativos” o “bienes evaluados comparativamente”.[8]

El economista Robert H. Frank ha contribuido probablemente más que nadie a la investigación sobre los bienes posicionales. En su libro más reciente, Frank introduce el concepto de “bienes posicionales” del siguiente modo:

El difunto economista británico Fred Hirsch acuñó el término bien posicional para describir cosas que derivan su valor principalmente de su escasez, más que de sus características absolutas.[20] [...] Usaré el término de Hirsch para referirme a un bien cuyo valor depende en medida relativamente importante de cómo se compara con otros bienes de la misma categoría. [...] De modo similar, usaré el término bien no posicional para describir uno cuyo valor depende relativamente poco de cómo se compara con otros bienes de la misma categoría. (cursivas en el original, salto de párrafo omitido)[21]

Frank ha sido bastante constante en la forma en que ha definido los bienes posicionales a lo largo de su obra académica (cf. especialmente las primeras definiciones en Frank 1985a: 7; 1985b: 101).[22][23] Compárese también, por ejemplo, Frank (2008: 1777)[24] y Frank y Sunstein (2001: 337)[25]. En algunas ocasiones, Frank ofrece una definición formulada de manera bastante distinta, pero que aun así identifica aproximadamente la misma clase de bienes, y parece estar destinada a hacerlo (Frank 2005: 137;[26] 2008: 1778; 2011: 70[27]). En Frank (1985a: 141) se sugiere una definición algo diferente. En un lugar —y solo allí— Frank define los bienes posicionales de un modo que se asemeja parcialmente a la definición de Hirsch reconstruida por Tyssedal (2026), pues allí ofrece una definición disyuntiva en la que el primer disyunto es que estos bienes son “inherentemente escasos” (Frank 2012: 221).[28] Dada la importancia de las contribuciones de Frank al estudio de los bienes posicionales, cuando los economistas y otros científicos sociales utilizan este término, a menudo emplean una de las definiciones de Frank, con frecuencia citando sus primeras obras.

Los “bienes posicionales”, tal como Frank emplea el término, se refieren así a bienes pertenecientes a una categoría en la cual la forma en que evaluamos o valoramos un artículo específico depende en medida relativamente importante de comparaciones con otros artículos de esa misma categoría. El término puede emplearse, por tanto, tanto para bienes o artículos particulares dentro de tales categorías como para esas categorías de bienes en su conjunto. Los ejemplos de Frank incluyen artículos particulares como un diamante elegante, una buena escuela o un buen traje; subcategorías como los puestos de trabajo de élite; y categorías enteras de bienes como la vivienda y los “observables” (Frank 1985a: 7; 1985b; 2008: 1777, 1778; 2020: 130–31). Un término más autoexplicativo para el tipo de bienes que capta el concepto de Frank podría ser “bienes evaluados comparativamente”, o “bienes comparativos” en forma abreviada. La vaguedad de “depende en medida relativamente importante” es intencional: a menudo, los bienes se valoran tanto por sus propiedades absolutas como por su desempeño comparativo (Frank 2020: 131). El propósito del concepto de Frank es que, cuando el aspecto comparativo tiene suficiente peso, esto tiene implicaciones para el comportamiento económico, y resulta valioso contar con un concepto que permita rastrearlas. Entre estas implicaciones se incluye el surgimiento de patrones de gasto subóptimos, como “competencias posicionales” derrochadoras, en las cuales el gasto de un individuo en bienes comparativos, como trajes más elegantes o casas más grandes, produce poco o ningún beneficio de bienestar, porque esos bienes no logran compararse favorablemente cuando otros gastan de la misma manera (por ejemplo, Frank 1985a: cap. 7; 2005; 2008; 2020: cap. 8). Tales bienes evaluados comparativamente suelen consumirse no como una forma de competencia por estatus, sino con el fin de mantenerse a la par de los propios pares o como respuesta a lo que se considera normal en el entorno de uno (Lichtenberg 1996; Frank 1997; 2020: cap. 8; Frank et al. 2014).

Si bien existen puntos de contacto importantes entre los conceptos de Frank y de Hirsch, estos difieren significativamente. El núcleo del concepto de Frank es la evaluación comparativa, mientras que el núcleo del concepto de Hirsch es que la oferta sea fija o casi fija. El punto de contacto es que los lugares más altos en cualquier clasificación están, como observa Frank, “fijados ineludiblemente por las leyes de la aritmética simple” (Frank 1985b: 102; cf. 1985a: 7). Así, los bienes posicionales de tipo Frank más atractivos —aquellos que se comparan más favorablemente— son también bienes posicionales de tipo Hirsch.

Aparte de esto, los conceptos difieren significativamente en términos extensionales. El concepto de Hirsch abarcará todos los bienes cuya oferta sea fija o casi fija, lo que incluye muchos bienes valorados por sus propiedades intrínsecas, más que por cómo se comparan con otros bienes. Considérese, por ejemplo, el ejemplo de Hirsch de “la ribera que proporciona acceso al mar” (SLG: 186). Este es claramente un bien posicional en el sentido de Hirsch, ya que es escaso y de oferta fija, y su valor proviene de los atractivos intrínsecos del acceso al mar, no de alguna comparación.

Por otro lado, el concepto de Frank abarca clases de bienes como la vivienda, en las que los bienes de la clase en su conjunto no tienen una oferta fija o casi fija, aunque sí la tenga la parte de la clase que se compara favorablemente de una u otra manera, por ejemplo, la vivienda de alta gama o la vivienda en buenos distritos escolares.

Bien posicional de tipo Brighouse-Swift

La definición dominante de “bienes posicionales” en la filosofía contemporánea es la ofrecida en un artículo muy influyente de Harry Brighouse y Adam Swift (2006). En la definción de Brighouse y Swift los bienes posicionales «son bienes cuyo valor absoluto, para quienes los poseen, depende del lugar que esos poseedores ocupan en la distribución del bien: de su posición relativa con respecto al bien en cuestión».[29]

El núcleo de la definición de Brighouse y Swift es, por tanto, que el “valor absoluto” del bien en cuestión depende del lugar que ocupan sus poseedores en su distribución. Los principales ejemplos de Brighouse y Swift son la educación, la representación legal y la participación política —medios de influencia en una contienda democrática— (Brighouse y Swift 2006: 474–75, 478, 486). Podría sostenerse que la característica más destacada que estos ejemplos tienen en común es que funcionan como bienes instrumentales en contextos competitivos específicos: en estos casos, la competencia por puestos de trabajo en el mercado laboral, el litigio adversarial y la contienda por el poder político democrático, respectivamente. El “valor absoluto” que depende del lugar que uno ocupa en la distribución de estos bienes es, por tanto, su valor instrumental como medios competitivos.[30]

El principal punto de contacto entre los conceptos de Hirsch y de Brighouse-Swift es que el concepto de Brighouse y Swift a menudo identifica bienes como la educación y la participación política, que funcionan como bienes instrumentales para competir por el acceso a bienes posicionales de tipo Hirsch, como empleos atractivos o poder. Así, el acceso a bienes posicionales de tipo Hirsch depende a menudo de la posición que uno ocupe en la distribución de ciertos bienes posicionales de tipo Brighouse-Swift. El concepto de Brighouse y Swift identifica la importancia del lugar que se ocupa en la distribución de bienes que son instrumentales para acceder a bienes posicionales de tipo Hirsch.[31]

Mecanismos de asignación

Hirsch describió la competencia por bienes posicionales como un “juego de suma cero”,[32] y desde entonces esto ha llegado a darse por sentado como un hecho acerca de los bienes posicionales. Sin embargo, aunque es correcto que solo es posible obtener un bien cuya oferta está absolutamente fija superando la puja de otra persona, o arrebatándoselo a alguien, esto no ocurre en el caso de los bienes cuya oferta está casi fija. Por tanto, la descripción de la competencia posicional como de suma cero no es del todo precisa, aunque pueda servir como descripción aproximada.[33]

La competencia por los bienes posicionales son juegos de suma cero, porque son escasos por naturaleza, al menos en el corto plazo. Los intentos de adquirirlos solo pueden beneficiar a uno de los agentes a expensas de los demás. Por definición, cualquier persona no puede ser la más popular, en onda o de élite, de la misma manera que cualquier persona no puede ser una estrella deportiva — todos estos términos implican una separación o superioridad sobre los demás.

Notas

  1. Hirsch, 1976.
  2. Schneider, M. 2007. The nature, history and significance of the concept of positional goods. History of Economics Review 45, 60–81.
  3. Henry George (1897). The Science of Political Economy. (en inglés)
  4. Joseph Heath (2002). "Should Productivity Growth be a Social Priority?" Review of Economic Performance and Social Progress, Andrew Sharpe et al., v. 2, pp. 227-42. Archivado el 19 de julio de 2009 en Wayback Machine. (en inglés)
  5. Robert H. Frank (2008). "consumption externalities," The New Palgrave Dictionary of Economics, 2.ª Edición. Abstract.
       • _____ (1997). "The Frame of Reference as a Public Good," Economic Journal, 107(445), pp. 1832-1847. Archivado el 22 de septiembre de 2017 en Wayback Machine.
       • _____ (2005). "Positional Externalities Cause Large and Preventable Welfare Losses," American Economic Review, 95(2), pp. 137-141 Archivado el 3 de noviembre de 2013 en Wayback Machine. (en inglés).
  6. Vatiero Massimiliano (2009). "Positional Goods: A Diagrammatic Exposition." Abstract y enlace (en inglés)
  7. Andrew Kashdan and Daniel B. Klein (2006). "Assume the Positional: Comment on Robert Frank," Econ Journal Watch, 3(3), pp. 412-34. Abstract. (en inglés)
  8. 8,0 8,1 Tyssedal, 2026, p. 123.
  9. "The material economy is defined as output amenable to continued increase in productivity per unit of labor input: it is Harrod’s democratic wealth. The material economy embraces production of physical goods as well as such services as are receptive to mechanization or technological innovation without deterioration in quality as it appears to the consumer. [...] The positional economy, which is the basis of Harrod’s oligarchic wealth, relates to all aspects of goods, services, work positions, and other social relationships that are either (1) scarce in some absolute or socially imposed sense or (2) subject to congestion or crowding through more extensive use." Social Limits to Growth, pág. 27. Citado en Tyssedal (2026).
  10. 10,0 10,1 Tyssedal, 2026, p. 115.
  11. En que la oferta sea fija o casi fija está implícito el hecho de que no existan bienes sustitutivos adecuados, cuya oferta no esté fija, que estén fácilmente disponibles; pues, de ser así, la oferta fija del primer bien no tendría gran importancia práctica (Social Limits to Growth: págs. 18–20).
  12. Hirsch, 1976, pp. 37–38.
  13. Hirsch, 1976, pp. 21–22.
  14. Harrod R.1958. The possibility of economic satiety–use of economic growth for improving the quality ofeducation and leisure.In Problems of United States Economic Development.Vol.I, 207–213. New York:Committee for Economic Development. Hirsch discute esta distinción en Social Limits to Growth, págs. 23–26.
  15. Harrod 1958: 208
  16. Harrod 1958: 208–9.
  17. Heath J.2024. Why a UBI will never be high enough. Journal of Applied Philosophy 41, 289–305.
  18. Heath J.2022. Egalitarianism and status hierarchy. In Cooperation and Social Justice, 106–62. Toronto: University of Toronto Press.
  19. Tyssedal, 2026, p. 119.
  20. La forma en que Frank presenta el concepto de Hirsch en el pasaje citado no es correcta: “cosas que derivan su valor principalmente de su escasez más que de sus características absolutas” solo cubre lo que Hirsch describía como “escasez social directa”, pero no la escasez social incidental ni la escasez física. Un lugar donde Hirsch es muy claro al respecto es la p. 65, donde contrasta la búsqueda de “baratijas y adornos” que describía Adam Smith con el problema moderno: la búsqueda de “escaseces deseadas por sí mismas”, es decir, cosas que son valoradas por sus propiedades intrínsecas más que por su escasez.
  21. "The late British economist Fred Hirsch coined the termpositional  goodtodescribe things that derive their value primarily from their scarcity rather thantheir absolute characteristics. [...] I will use Hirsch’s term to mean a goodwhose value depends relatively heavily on how it compares with other goods inthe same category. [...] Similarly, I will use the termnonpositional goodtodescribe one whose value depends relatively little on how it compares withother goods in the same category." Frank R.H.2020. Under the Influence: Putting Peer Pressure to Work. Princeton: Princeton University Press, pág. 131.
  22. Frank R.H.1985a.Choosing the Right Pond: Human Behavior and the Quest for Status. New York: Oxford University Press
  23. Frank R.H.1985b. The demand for unobservable and other nonpositional goods.American Economic Review75, 101–116.
  24. Frank R.H.2008. Should public policy respond to positional externalities? Journal of Public Economics 92,1777–1786.
  25. Frank R.H. and C.R. Sunstein2001. Cost-benefit analysis and relative position.University of Chicago Law Review 68, 323–374.
  26. Frank R.H.2005. Positional externalities cause large and preventable welfare losses.American Economic Review 95, 137–141.
  27. Frank R.H.2011.The Darwin Economy: Liberty, Competition and the Common Good. Princeton: PrincetonUniversity Press.
  28. Frank R.H.2012. Afterword to the paperback edition. InThe Darwin Economy: Liberty, Competition andthe Common Good, 217–222. Princeton: Princeton University Press.
  29. "Positional goods, as we define them, are goods the absolute value of which, totheir possessors, depends on those possessors’place in the distribution of thegood–on their relative standing with respect to the good in question." Brighouse y Swift 2006: pág. 474. Brighouse H. and A. Swift 2006. Equality, priority, and positional goods. Ethics 116, 471–497.
  30. Tyssendal, 2026, p. 124.
  31. Tyssendal, 2026, pp. 125-126.
  32. Social Limits to Growth, pág. 52
  33. Tyssedal, 2026, p. 117.
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Referencias