Arte de la antigua Grecia

De Enciclopedia Salmantina
(Redirigido desde «Arte de la Antigua Grecia»)
Diadúmeno, de Policleto (3.er cuarto del siglo V a. C.).

El arte de la Antigua Grecia está constituido por las obras de arquitectura, escultura, pintura y otras artes plásticas realizadas durante la Edad Antigua por los pueblos griegos que habitaban distintas zonas de la cuenca del mar Mediterráneo, especialmente en su parte oriental. El arte de los antiguos griegos se caracteriza por la búsqueda de la «belleza ideal» mediante la "imitación de la naturaleza", en el sentido de la mímesis aristotélica.

Las historiadoras del arte definen, en general, el arte griego antiguo como el arte producido en la región de lengua griega entre el siglo X a. C. y el siglo I d. C. y excluyen, en general, el arte de las civilizaciones minoica y micénica, que existía entre el siglo XV y el siglo XII a. C. Aunque los micénicos hablaban el griego, existe poca continuidad entre el arte de esta civilización y el arte griego posterior. El arte griego se inicia de manera autónoma al final de la civilización micénica, cerca del 1100 a. C.[1] En lugar de las representaciones vegetales naturalistas de la época micénica, aparecen los diseños con líneas geométricas y solo más tarde se vuelve a la representación de animales y personas con formas esquemáticas. Se pasó por varios periodos, inspirándose en anteriores civilizaciones como Egipto y Mesopotamia, pero siempre con creaciones nuevas.[2]

El arte más antiguo de los griegos es generalmente excluido del arte de la Antigua Grecia, y en su lugar se conoce como arte griego neolítico seguido por el arte egeo; este último incluye el arte cicládico y el arte de las culturas minoica y micénica de la Edad del Bronce griega.[3][4]

El arte de la antigua Grecia se divide generalmente estilísticamente en cuatro períodos: el geométrico, el arcaico, el clásico y el helenístico. La edad Geométrica suele datarse alrededor del 1000 a. C., aunque en realidad se sabe poco sobre el arte en Grecia durante los 200 años anteriores, tradicionalmente conocido como la Edad Oscura. El siglo VII a. C. fue testigo del lento desarrollo del estilo arcaico, como lo ejemplifica la cerámica de figuras negras. Se suele tomar como línea divisoria entre los períodos arcaico y clásico el año 500 a. C., poco antes del inicio de las guerras médicas (490-448 a. C.), y se considera que las conquistas de Alejandro Magno (336-323 a. C.) separan los períodos clásico y helenístico. A partir del siglo I a. C. se utiliza el término grecorromano, o más localmente para el mundo griego oriental.[5]

En realidad, no hubo una transición brusca de un período a otro. Las formas de arte se desarrollaron a diferentes velocidades en diferentes partes del mundo griego, y como en cualquier época algunos artistas trabajaron en estilos más innovadores que otros. Las fuertes tradiciones locales y los requisitos de los cultos locales permiten a los historiadores localizar los orígenes incluso de las obras de arte que se encuentran lejos de su lugar de origen. El arte griego de varios tipos fue ampliamente exportado. Durante todo el período se produjo un aumento general y constante de la prosperidad y de los vínculos comerciales dentro del mundo griego y con las culturas vecinas.

La tasa de supervivencia del arte griego difiere notablemente. Tenemos grandes cantidades de cerámica y monedas, mucha escultura en piedra, aunque aún más copias romanas, y unas pocas esculturas grandes de bronce. Casi todas las piezas que faltan son pinturas, vasijas de metal fino, y cualquier cosa en materiales perecederos, incluyendo la madera. La cáscara de piedra de varios templos y teatros ha sobrevivido, pero queda poco de su extensa decoración.[6]

Los pintores y los escultores griegos adquirieron su técnica mediante el aprendizaje, a menudo iniciados por su padre y protegidos por ricos mecenas. Aunque algunos fueron célebres y admirados, no tenían el mismo estatus social que los poetas o los dramaturgos de la misma época. Fue desde el período helenístico, después del 320 a. C., cuando los artistas empezaron a ser reconocidos como una categoría social de pleno derecho.[7]

A partir del período arcaico del arte griego, las cerámicas pintadas y las esculturas son casi las únicas formas de arte que han perdurado. La pintura estaba en sus inicios durante aquel período, y ningún ejemplo ha perdurado. Aunque las monedas fueron inventadas en el siglo VII a. C., no eran comunes en la mayor parte de Grecia hasta el siglo V a. C.

Periodización

La historiografía del arte ha identificado varios estilos que periodizan el arte de la Antigua Grecia, desde el siglo IX hasta el siglo I a. C. Hay muy pocos datos del periodo anterior, conocido como Edad Oscura, a la que precedió el arte de las civilizaciones prehelénicas (arte cicládico, arte minoico y arte micénico):

  • Geométrico (siglos IX y VIII a. C.)
  • Orientalizante (final del siglo VIII y comienzos del VII a. C.)
  • Arcaico (siglos VII y VI a. C.), en la decoración pictórica de la cerámica se caracteriza por las figuras negras.
  • Severo (finales del VI y comienzos del V a. C.), en la decoración pictórica de la cerámica se caracteriza por los vasos bilingües.
  • Clásico (siglos V y IV a. C). —desde el inicio de las guerras médicas (490 a. C.) hasta el reinado de Alejandro Magno (336-323 a. C.)—, en la decoración pictórica de la cerámica se caracteriza por el uso de las figuras rojas, que se prolonga en el periodo posterior.
  • Helenístico (final del siglo IV y siglos III y II a. C.), prolongado por el arte romano a partir de la conquista romana de Grecia (146 a. C.).

Arquitectura

Templo de Hera I en Posidonia (h. 550 a. C.).

Uno de los signos más fácilmente reconocibles de los logros artísticos griegos es su arquitectura, caracterizada por las elegantes columnas de piedra y los frontones triangulares esculpidos de los tres estilos arquitectónicos que se desarrollaron entre el 600 y el 300 a. C. Esculpidos en mármol, imitaron las técnicas de corte de la madera de los edificios hechos originalmente en este material.

Desde que se inicia el periodo arcaico de la historia de Grecia a finales del siglo VIII a. C. se produce una expansión de la polis griega, instaurándose un nuevo orden ciudadano, con la tiranía como marco político principal, sistema que pronto desaparecerá frente al ideal igualitario de ciudadanía del siglo V a. C. La legitimación de este tipo de mandato ciudadano supone la promoción de grandes obras públicas, representativas del prestigio del tirano, quien apoya la creación de edificios civiles y religiosos en las ciudades donde gobierna, para lo cual manda remodelar su entramado urbano. Esta actuación tuvo como objeto otorgar a cada polis una identidad propia, al tiempo que mostrar su preponderancia sobre el resto de ellas. Consecuentemente, el arte desempeña en esta etapa un nuevo papel propagandístico de la tiranía, cuyos gobernantes lo utilizan para justificar su poder escasamente legitimado. A partir del siglo VI a. C. el centro político de la polis se convierte en un lugar de gran relevancia artística, convirtiéndose la plaza pública o ágora en el corazón de las actividades cívicas de la sociedad. Entre todas ellas sobresale la de la ciudad de Atenas, impulsada por el legislador Solón y monumentalizada en la época de los Pisistrátidas.

La gran mayoría de edificios griegos no han perdurado, debido a varias razones: fueron destruidos en guerras, saqueados para obtener materiales de construcción o abatidos por terremotos. Solamente han sobrevivido un puñado de templos, tales como el Partenón y el Hefestión, o templo de Hefesto, en Atenas. Cuatro de las siete maravillas del mundo antiguo fueron creadas por los griegos, y ninguna de ellas han perdurado: la estatua de Zeus en Olimpia, el templo de Artemisa en Éfeso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.

El orden arquitectónico

El elemento más característico de la arquitectura griega es la fijación de los órdenes clásicos, entendidos como la unión fija de un elemento de soporte (en este caso, la columna) con un elemento soportado (la cubierta), de modo que siempre se mantiene la misma relación entre ellos.[8] Los tres órdenes del mundo griego reciben los nombres de dórico, jónico y corintio. Los dos primeros se forman durante la época oscura y están consolidados cuando se inicia la época arcaica, mientras que el orden corintio se origina en último lugar, a finales del siglo V a. C., derivando del jónico:

Hefestión de Atenas (449-415 a. C.), templo de orden dórico.
  • El orden dórico es el más antiguo y el más simple, con columnas firmes y frentes cubiertos con esculturas que, al mismo tiempo, podían pintarse de rojo o azul para generar impacto. Tiene como base tres escalones, los dos primeros por abajo llamados estereobatos y el primero por arriba llamado estilobato. No tiene basa, en contraste con los otros dos órdenes, y el diámetro del fuste es más pequeño desde el estilobato hasta el capitel, pero no es regular ya que se abomba en el centro (éntasis). La separación entre el fuste y el capitel es el collarino, que da al equino, que es el núcleo principal y tiene forma de plato, y después da al ábaco, que es un prisma rectangular. Encima del ábaco se coloca el arquitrabe, que es una viga que une las dos columnas, que después sujeta la tenía, que es una cinta fina, y las régulas, que son triglifos cortados. El friso se compone de triglifo y metopa, los mútulos son los triglifos cortados, y el geison es un alero que marca profundidad en el frontón la delimitación triangular del tejado en el templo y que hace posible el frontón es la sima. El mejor ejemplo superviviente de un templo dórico es el Partenón (447-438 a. C.), en la acrópolis de Atenas. Otros ejemplos notables de templos de orden dórico son el Templo de Hera I en Posidonia (h. 550 a. C.) y el Hefestión de Atenas (449-415 a. C.)
  • El orden jónico apareció alrededor del mismo tiempo en las ciudades más ricas de Asia Menor. Produce la sensación de más ligereza y es más decorativo, con columnas esbeltas destacando volutas ensortijadas en cada esquina del capitel. El estilo alcanzó su apogeo en el desaparecido Templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo. También es de arquitectura jónica el Templo de Atenea Niké en la Acrópolis de Atenas. Tiene la misma base que el orden dórico y se le añade un elemento que permite decorar el fuste, la basa. El fuste recibe el mismo trato que en el dórico excepto en el éntasis, ya que no tiene. El capitel, aunque puede ser más compuesto, está decorado con volutas, y el collarino pasa a formar parte del capitel y no se le da tanta importancia como antes. El arquitrabe pasa a tener tres bandas horizontales (que en latín recibirían el nombre de fasciae), rebasando cada una a su inmediata inferior. El friso es un espacio liso dedicado a realizar esculturas en él. Los demás elementos son iguales que en el orden dórico.
  • El orden corintio surgió hacia el año 400 a. C. como una nueva versión, más elaborada, del orden jónico. Se caracterizaba por intrincadas hojas espinosas de acanto esculpidas en los capiteles de las columnas, que puede reflejar la influencia del Oriente Medio. El orden corintio sería el favorito de la arquitectura de la Antigua Roma.

El templo

Ruinas de un templo griego a la luz del sol (Sicilia).
Frontón del templo de Artemisa en Córcira (Corfú), con Gorgona flanqueada por leones. Hacia 580 a. C.[9]

La Antigua Grecia destacaba en la arquitectura. La construcción más representativa de la arquitectura griega son los templos, cuya principal función era brindar protección o albergue a una deidad o dios. En el interior se encontraba la efigie de la deidad, mientras que en el exterior se le rendía culto. Considerado como una arquitectura sublime, esto sirvió de ejemplo para la construcción de otras estructuras griegas; por esto los edificios griegos comparten similares características.

El culto religioso desempeñó un papel fundamental en la sociedad griega desde la época arcaica, de manera que todas aquellas ciudades que dispusieron de medios económicos suficientes promovieron la construcción de edificios religiosos en piedra, los cuales cumplieron un importante papel a la hora de cohesionar las diferentes clases de la nueva sociedad, menos igualitaria que la de siglos anteriores. Se crean ahora santuarios panhelénicos, como Delfos y Olimpia, donde los distintos tiranos realizan grandes ofrendas votivas para exhibir su poder, y se fomentan nuevos cultos populares, al tiempo que surgen mitos relacionados con dioses y héroes locales, lo que incrementa las identidades políticas de las distintas polis que necesitan sentirse independientes y destacar sobre el resto.

La arquitectura griega fijó las formas del templo, que se fue desarrollando en las acrópolis (ακρόπολις) o ciudadelas elevadas de cada ciudad; así como en los santuarios panhelénicos. Los propiamente panhellénikós (πανελληνικός -"de todos los griegos"-), celebraban juegos (agónes αγώνες -"contienda", "desafío", "disputa"-), donde competían atletas y aurigas en representación de sus polis, en una sublimación de la violencia en lo sagrado que convertía a los vencedores en héroes o semidioses, por lo que adquirían el derecho a ser representados en estatuas; y acumulaban riquísimas ofrendas, guardadas en lujosos edificios, levantados a costa de cada polis (los thesaurós θησαυρός).

Aunque había muchos otros juegos en honor de otras divinidades o en otras polis , se destacaban los celebrados en torno a cuatro santuarios, por el prestigio que daba la concurrencia periódica (cada dos o cuatro años) de gentes de toda la Hélade: los del Santuario de Apolo en Delfos (donde se encontraba el oráculo de Dodona), los del Santuario de Zeus en Olimpia (del que solo quedan ruinas, donde se celebraban los Juegos Olímpicos), los del santuario de Poseidón[10] en Istmia (del que solo quedan los cimientos, donde se celebraban los Juegos Ístmicos) y los del santuario de Zeus en Nemea[11] (del que quedan unos restos de época helenística, donde se celebraban los Juegos Nemeos).

Ruinas del Hereo de Samos.

Sin ser estrictamente panhelénicos, también alcanzaron un enorme prestigio en toda la Hélade otros santuarios. Uno de ellos era el Hereo de Samos (Ἥραιον, Heraion), donde se celebraba la eclesiástica hierogamia (ἱερός γάμος). Sus construcciones iniciales datan del siglo VIII. El edificio principal, obra de Reco y Teodoro de Samos (mediados del siglo VI a. C.), es considerado el primer gran templo de orden jónico; fue destruido por un terremoto diez años después de su construcción. Otro santuario de gran fama fue el Templo de Artemisa en Éfeso, el segundo gran ejemplo del orden jónico, que entró en el catálogo de las siete maravillas del mundo.[12]

Restauración de las ruinas del templo de Hera en Olimpia. Se destruyó en un terremoto en el siglo IV a. C., y no se reconstruyó.

La lista de los templos importantes sería inacabable. Algunos de los más destacables son el templo de las Musas en Helicón, el templo de Démeter en Eleusis, templo de Apolo en Dídima, diversos templos dedicados a Poseidón (en Halicarnaso, en Ege, en Calauria, en Atenas), a Artemisa (en Carje, en Esparta), a Afrodita (en Cnido, en Lindos, en Citerea) o a Hermes (en Imbros, en Samotracia, en Lemnos), el Templo de Hera en Olimpia y varios templos consagrados a Asclepio, como el Asclepeion de Cos y el Asclepeion de Epidauro, que alcanzarían gran prestigio.[13] Algunos templos griegos forman una relación espacial definida, como el "Triángulo Sagrado" entre el Partenón, el Templo de Poseidón en Sunio (Σούνιον, en el promontorio desde el que Egeo se arrojó al mar) y el Templo de Afaya en la isla de Egina.[14]

La forma del templo griego derivaba del mégaron (μέγαρον) micénico: esencialmente una planta rectangular cubierta con tejado a dos aguas, con los elementos estructurales de madera. Con la misma estructura se han encontrado restos de un templo de la Época Oscura en Lefkandi (Eubea), y los primeros restos encontrados del Hereo de Samos (mediados del siglo VIII a. C.) son similares. La "petrificación" de los elementos del templo se fue produciendo paulatinamente (columnas -cuyo fuste mantiene el recuerdo vegetal con las estrías o el acanalamiento-, vigas -que producen los remates exteriores de triglifos y metopas-, arquitrabes, cornisas, etc.), siendo el ejemplo más evidente el Templo de Hera en Olimpia (h. 600 a. C.).[15] Una de las razones que impulsaron el cambio fue la generalización de las tejas de cerámica en sustitución de la cubierta de paja y ramas, y que se produjo en Corinto en el siglo VII a. C. Uno de los primeros fue el Templo de Apolo en Termo (Etolia), hacia el 630 a. C. El peso, muy superior, obligaba a disminuir la pendiente del tejado, y terminó por definir las proporciones definitivas del frontón. En las distintas zonas de la Hélade se definieron los estilos dórico (más sobrio y macizo) y jónico (más esbelto y decorativo).[16]

La diferencia principal del templo arcaico al templo prehelénico es que se hace el alma de la ciudad, es decir, antes los palacios eran, a su vez, refugios para los ciudadanos en caso de guerra, en la época arcaica son los conjuntos de templos, es decir la acrópolis, es la casa del dios y el refugio de los ciudadanos, ya que estaban situados en una colina y además estaban fortificados, probablemente para las utilidades de antes.

Las ceremonias, cualquiera pese a su importancia, se realizan fuera del templo para que el olor de los sacrificios llegase a la estatua divina para que esta se lo agradeciese y les diese buenas cosechas, etc.

Al principio los templos son muy pequeños y apenas se diferencian de una casa, pero con el tiempo, además de la sustitución de elementos blandos por rocas o sillares, se establecen los órdenes: el dórico, el jónico y el corintio. Además la arquitectura griega es adintelada o arquitrabada por la viga que se pone en el pórtico llamada dintel. Ignora los arcos y otros tipos de arquitectura. Los templos suelen estar cubiertos por un tejado a dos aguas. El templo que no está cubierto por un techo es denominado hipetro.

La planta

Al templo se accede por el pórtico, que está entre columnas, que lleva a la sala que cobija al dios (naos), que lleva al opistodomos, lugar sellado donde se encuentra el tesoro del templo, aunque a veces se puede acceder desde el exterior.

El pórtico de la fachada principal tiene casi siempre un número par de columnas, que en la historia del arte griego sirve para calificar a los templos como dístilos (con dos columnas), tetrástilos (cuatro), hexástilos (seis), octóstilos (ocho), decástilos (diez), etc. Una notable excepción es el Templo de Hera I en Posidonia, con un pórtico de nueve columnas.

El Partenón (447-438 a. C.), templo octóstilo períptico de orden dórico.

Otros tipos de templo definidos en función del lugar que ocupan las columnas son:

  • Áptero: no tiene columnas en sus fachadas laterales.
    • Próstilo: Si solo tiene pórtico de columnas en la parte delantera, se denomina próstilo. Un caso particular es el dístilo in antis, que solo tiene dos columnas flanqueadas por las antas de los muros laterales. Según las columnas que tenga el pórtico, será dístilo (dos columnas), tetrástilo (cuatro), y así sucesivamente, siempre siendo pares.
    • Anfipróstilo: Si solo tiene pórtico de columnas en la parte delantera y en la parte posterior, se denomina anfipróstilo.
  • Dentro de los templos que disponen de columnas en sus cuatro lados, se pueden distinguir varios tipos:
    • Períptero: el pórtico de columnas rodea por completo la naos del templo. Un caso particular es el díptero, cuando son dos las filas de columnas que rodean la cámara interior. El término períptero suele reservarse a los templos que solo disponen de una fila de columnas.
    • Pseudoperíptero: todos los lados del templo tienen columnas, pero solo las columnas del pórtico delantero están exentas, mientras que las columnas de los demás lados están encastradas o adosadas en los muros de la naos.

Escultura

Atenea (siglo V a. C.). Copia romana de la obra de Fidias.

Todas las esculturas y obras de arquitectura que han perdurado, solo son una pequeña muestra de la inmensa colección de obras griegas. Muchas esculturas de dioses paganos fueron destruidas durante la era cristiana. Cuando se calcina el mármol se produce la cal, y ese era el destino de muchas obras de mármol griegas durante la Edad Media. Las pocas estatuas que perduraron, fue porque quedaron enterradas u olvidadas. Durante ese mismo período, debido a la escasez de metales, la mayoría de las estatuas de bronce eran fundidas. Las estatuas de bronce que no fueron fundidas se perdieron en el trasporte por mar. Actualmente muchas de las obras que hoy tenemos son copias romanas.

Cultivó el arte de la Antigua Grecia todos los géneros de escultura, adoptando con predilección el mármol y el bronce como materiales escultóricos y tomando como asuntos principales los mitológicos y los guerreros a los cuales añadió en su última época el retrato de personajes históricos.

Quizá sea en esta rama del arte, la escultura, en la que mejor se puede apreciar cómo el cambio en la forma de pensar condiciona y hace evolucionar las manifestaciones artísticas de un pueblo.

En la cultura egipcia la escultura solo desarrolló una temática, que repitió incansablemente a lo largo de tres mil años: los dioses y el faraón-dios con toda su corte. En ese mundo, el hombre de la calle no era tenido en cuenta, era un peón que se podía sacrificar si el bien del faraón así lo exigía. Se trataba, pues, de una civilización en la que el valor del individuo se medía por su función en la estructura social dominada por el faraón. La obsesión del pueblo egipcio por la figura de su faraón, y por asegurarle su vida en el más allá, lo llevó a desarrollar una escultura en la que la persona como tal no interesaba. Lo único que importaba era la plasmación de los empleos que permitían el mantenimiento de la estructura social: de ahí los rostros repetidos sin diferenciaciones, el nulo tratamiento de la anatomía o el inmovilismo de las figuras, que muestran la actitud que deben adoptar frente al faraón.

En Grecia, por el contrario, la valoración del individuo como algo importante en sí mismo llevó a que el tema de la escultura fuese el hombre, pero el hombre perfecto, ideal, al que todos deben tender. Por ello, se eligió para representarlo el momento de su plenitud física, aquél en el que puede conseguir cuanto se proponga. Los atletas que vencen y ganan pruebas, demostrando así su capacidad, constituyen la temática más acorde con esta nueva visión de la vida. Incluso los dioses tendrán apariencia humana y será difícil distinguir a unos de otros.

Pero, para poder conseguir una representación perfecta del hombre (esa a la que nosotros estamos acostumbrados a ver como característica del mundo griego), los escultores griegos tuvieron que aprender antes una técnica, tuvieron que dominar la materia que trabajaban y comenzar poco a poco.

Primero debieron aprender a esculpir el cuerpo y a plasmar la anatomía. Lo hicieron despacio. Cuando dominaron la colocación espacial de las esculturas, comenzaron a moverlas. Solo entonces, con la técnica ya aprendida, empezaron a aplicar las leyes de la proporción y la búsqueda de esa belleza abstracta que los caracteriza. Por ello, es importante conocer también esas primeras esculturas que constituyeron los primeros pasos en el dominio de la técnica escultórica griega. A través de ellas es más fácil comprender las dificultades inherentes a la escultura. Para llegar a tallar una Venus de Milo hay que pasar antes por una koré.

Evolución

Suele dividirse la escultura griega en cuatro periodos históricos bien delimitados a los cuales precede el protohistórico o minoico y micénico. En este, se desarrolló por espacio de unos veinte siglos (desde el año 3000 a. C. al 1100 a. C. aproximadamente) un arte rudimentario pero lleno de vida y movimiento que modeló el barro y trabajó la piedra, el marfil, el hueso e incluso el oro, el plomo y el bronce, produciendo relieve, grabados, entalles mitológicos en piedras finas y pequeñas estatuas e idolillos. Aunque labrados con cierta tosquedad, se presentan a veces con admirable corrección en el dibujo que parece recordar el arte de los cazadores del reno los cuales pudieron tener con la civilización egea algún lazo histórico.

El período micénico se caracteriza en arquitectura por los robustos muros y palacios de aparejo ya ciclópeo, poligonal y medio escuadrado y por las tumbas de cúpula falsa las cuales se hallan diseminadas por las regiones de Grecia y mar Egeo.

Los cuatro períodos arqueológicos que tras un prolongado silencio artístico siguieron al micénico se distinguen del siguiente modo:

  1. El período de formación, desde aproximadamente el 620 a. C. al 540 a. C.;
  2. El período arcaico, desde el 540 a. C. al 460 a. C.;
  3. El período de perfección o clásico, hasta finales del siglo IV a. C.;
  4. El período de difusión, que algunos llaman de decadencia, después de las guerras de Alejandro Magno hasta la conquista de Grecia por Roma, de 323 a. C. a 146 a. C.

Época arcaica

El recorrido de la escultura griega comienza en la Grecia arcaica (siglos VIII-VI a. C.) con los kuroi (en singular kuros κοῦρος) y las korai (en singular kore κόρη), que muestran una notable influencia de la escultura del antiguo Egipto. Podían representar tanto a seres humanos como a dioses, muestra de la antropomorfización de estos y de la elevación al rango semidivino o heroico de aquellos (particularmente, del prestigio que alcanzaban los vencedores en los juegos panhelénicos). La técnica es precaria, pero la forma de pensamiento griego ya está presente: su temática es el hombre. No se trata de hombres importantes, políticos o estrategas, sino de atletas o mujeres dedicadas al culto de las deidades. Todas estas esculturas tienen unos rasgos comunes: Naxos]]).]]La escultura griega de época arcaica, influenciada notablemente por la escultura del Antiguo Egipto, se caracterizó por rasgos originales, como la sonrisa arcaica o «eginética», llamada así por exhibirse en la figura de un famoso guerrero moribundo del Templo de Afaya en la isla de Egina. Estos rasgos se fueron transf

Archivo:Aphaia pediment warrior W-VII.jpg
Guerrero del frontón occidental del Templo de Afaia en Egina, entre 510 a. C. y 470 a. C. (Gliptoteca de Múnich).

A pesar de estos arcaísmos, es patente el afán de superación técnica. No resulta difícil apreciar qué esculturas son más antiguas y cuáles son más modernas: basta atender a la riqueza de los detalles y a la progresiva separación de las extremidades del cuerpo, que denota una mayor seguridad en la colocación espacial de la figura (y culmina con esculturas que levantan los brazos). De este modo, se rompe con la concepción de cuerpo en un bloque único (tal y como se hacía en Egipto), que respondía al miedo a alterar el juego de volúmenes y pesos de la escultura.

Dentro de este camino hacia el dominio de la técnica, desempeñó un importante papel la evolución en el uso de determinadas herramientas escultóricas. Los primeros kuroi estaban esculpidos solo con puntero y martillo, lo que exige un gran esfuerzo y condiciona el tratamiento geométrico inherente a la estatuaria arcaica. Alrededor del año 500 a. C. comienza a apreciarse la utilización de cinceles planos y dentados, que proporcionan largos y ondulados surcos. El uso del trépano permitió también una mayor profundidad de la talla y efectos de claroscuros. Todos estos recursos se fueron afianzando a lo largo de este período e hicieron posible la evolución de la escultura griega hacia la perfección de las formas.

Estilo severo

Al final del periodo (últimas décadas del siglo VI y primeras del V a. C.), los rasgos iniciales de la escultura griega arcaica se fueron transformando en un estilo de transición al clasicismo denominado estilo severo, estimulado finalmente por la necesidad de renovar la decoración escultórica de los templos destruida durante la invasión persa.

Las primeras esculturas eran las xoana (ξόανα, en singular xoanon ξόανον), de madera, representaciones muy simplificadas del cuerpo humano adaptadas a la forma cilíndrica del tronco de un árbol. Fueron sustituyéndose por figuras talladas en mármol (especialmente prestigiosa fue la cantera del Pentélico) y las fundiciones de bronce. Dada la posibilidad de reutilizar este material tan caro, han sido muy pocas las que se han conservado. De mucho menor coste eran las figurillas de terracota, que se producían a escala industrial, mediante moldes.

Además de las posibilidades texturales que ofrecen los distintos materiales y técnicas de acabado, aprovechadas de forma limitada en la época arcaica, fue la policromía aplicada sobre las esculturas la que las dotó de luminosidad y sensación de vida. Los antiguos griegos no hubieran concebido que una escultura se dejase sin pintar, la considerarían imperfecta o inconclusa. Incluso la inevitable pérdida de los colores por el paso del tiempo era considerada como un deterioro esencial.[17]

Dos ejemplos de escultura de transición del estilo arcaico al clásico son los frontones occidentales del Templo de Afaia en Egina (510-470 a. C.) y del templo de Zeus en Olimpia (470-456 a. C.). Este último representa la centauromaquia (lucha entre lápitas y centauros). La figura central es Apolo. Estilísticamente representa el final del estilo severo y el comienzo del clasicismo.[18]

Época clásica (siglos VI-IV a. C.)

Cuando los escultores alcanzan el dominio técnico, ya no tienen que preocuparse porque sus esculturas se mantengan erguidas y pueden dedicarse a la búsqueda de la belleza que caracteriza al mundo griego. Surgen entonces las obras griegas del llamado período clásico.

La escultura de estos siglos mantiene la misma temática, aunque se busca mayor realismo en la composición. Aun así, no se renuncia a la placidez, a la sensación de calma que emanaba ya de las obras del período arcaico.

Desde un punto de vista técnico, la escultura clásica presenta una serie de características:

  • Aparición del contrapposto, oposición armónica de las diferentes partes del cuerpo, para liberar una parte y dotarla de movimiento.
  • Tratamiento anatómico supeditado al cálculo matemático: fijación del canon.
  • Rostros bellos, aunque idealizados: belleza abstracta.
  • Telas tratadas con naturalidad: paños naturales, paños mojados. La técnica de paños mojados consiste en dejarlos pegados al cuerpo permitiendo ver la anatomía que cubren.
Archivo:Olympian pediment.jpg
Frontón occidental del templo de Zeus en Olimpia (470-456 a. C.).

En este momento de clasicismo se alcanzan los ideales estéticos griegos. El hombre es la preocupación central y los artistas firman sus obras, reconociendo de este modo su posición dentro de la sociedad griega. Así, se puede hablar de características generales, al igual que en el primer estadio evolutivo de la escultura griega, pero también de artistas con personalidad propia. Los escultores de mayor renombre del siglo V a. C. son Fidias, Mirón y Policleto. Los tres pretenden reproducir la naturaleza tal como se ve, pero corrigiéndola, mejorándola según las normas del pensamiento, y cada uno de ellos, dentro de las características propias del momento, se identifica por su peculiaridad. Fidias centra su atención en el tratamiento de los paños, creando la llamada técnica de los paños mojados. Es el autor de Atenea Parthenos, Desfile de las Panateneas, relieve de la Victoria atando la sandalia, conjunto de tres diosas del frontón del Partenón.

Policleto busca el canon perfecto que obsesiona a todos los escultores griegos. Para mostrar la exactitud de su canon, Policleto realizó el Doríforo (440 a .C.), según sus propias medidas: "Es conveniente - afirma Policleto- que la cabeza sea la séptima parte de la altura total de la figura, el pie tres veces la longitud de la palma de la mano; mientras la pierna, desde el pie a la rodilla, deberá medir seis palmos y la misma medida habrá también entre la rodilla y el centro del abdomen". También es obra suya el Diadumeno.

Mirón (Discóbolo) es capaz de reflejar la tensión interna de un cuerpo preparado ya para la acción, pero todavía calmado, en paz.

Εἴθ' ἐξαλειφθεῖσ' ὡς ἄγαλμ' αὖθις πάλιν
αἴσχιον εἶδος ἔλαβον ἀντὶ τοῦ καλοῦ
¡Ójala pudiera, borrada como en una estatua,
desaparecer mi belleza y tener un desagradable aspecto!
Helena, de Eurípides.[19]

Siglo IV a. C.

Los escultores griegos, poco a poco, comienzan a abandonar la búsqueda de la belleza abstracta e ideal y se preocupan más por la expresión real, por la relación y la expresión de un cierto sentimiento. La escultura se va haciendo más humana, abandonando la persecución de la belleza ideal. Surgen entonces obras todavía clásicas, pero con rasgos menos idealizados, expresiones sonrientes o un mayor abandono en la colocación de las figuras. Los artistas clásicos que destacan en el siglo IV a. C. son Lisipo, Praxíteles y Scopas. Cada uno de ellos presenta su característica personal.

Lisipo, igual que Policleto, busca el canon de la belleza masculina (para él, la altura total ha de ser ocho veces la altura de la cabeza). Es un canon más realista, que abandona la belleza ideal por una belleza tangible que vemos perfectamente plasmada en su Apoxiómeno (325 a. C.). Es el primer escultor griego que realiza un retrato: el de Alejandro Magno. Otras obras suyas son Agias y Hermes sentado.

Praxíteles se caracteriza por la búsqueda de la belleza femenina (que deja plasmada en su Venus de Cnido) y por imprimir en sus figuras un esquema en forma de S que les confiere un peculiar aspecto de abandono. Obras suyas son Apolo Sauróctono y Hermes con el niño Dioniso (330 a. C.).

Escopas quiere plasmar el movimiento interior, los sentimientos arrebatadores. En sus obras encontramos el puente hacia el estadio final de la escultura griega. Obras suyas son Meleagro (340 a. C.) y Ménade danzando.

Época helenística

La evolución iniciada por los artistas del siglo IV a. C. se acentúa, con el contacto con otras culturas, al iniciarse la expansión del mundo griego con Alejandro Magno. En este momento se ahonda en la humanización de la escultura, que no abandona el gusto por el desnudo.

Cuando Alejandro muere, en el año 323 a. C., el mundo griego es mucho más extenso, pues abarca Asia Menor, Egipto y el territorio del Imperio persa, zonas en las que se formarán los llamados estados helenísticos. El pensamiento griego entra en contacto con esas culturas, en algún caso opuestas. De la fusión resultante surge una nueva forma de enfocar el arte. La escultura helenística, así llamada por el nombre dado a los nuevos territorios, se hace más humana, más real. Surgen obras cuyos cuerpos se apartan del canon y que en nada recuerdan la belleza abstracta buscada en el período anterior. Así, por ejemplo, el Torso Belvedere es la antítesis del Doríforo de Policleto, aunque el tema de ambas obras sea el mismo: el atleta. Temáticas hasta ahora excluidas del ámbito escultórico entran en él, dando cabida tanto a un niño extrayendo una espina del pie (Espinario) como a un viejo ebrio (Sátiro borracho).

Pintura

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Kílix ático (siglo V a. C.) que representa un amante (ἐραστής) besando a su amado (ἐρώμενος). Las representaciones de escenas pederastas son abundantes en el arte griego.

Los griegos, como la mayoría de las culturas europeas, consideraban la pintura como una de las formas más altas de arte. Las obras de Polignoto de Tasos,[20] que trabajó en el siglo V a. C., seguían siendo admiradas incluso 600 años después de su muerte, sin embargo no solo no se han conservado ninguna de sus obras sino tampoco ninguna reproducción.

Los pintores griegos trabajaron generalmente sobre paneles de madera, que se estropeaban rápidamente (a partir del siglo IV a. C.), cuando no eran bien protegidas. Hoy en día no queda casi ninguna pieza de pintura griega, excepto algunos restos de pinturas en terracota y de algunas pinturas en las paredes de tumbas, sobre todo en Macedonia e Italia. De las obras maestras de la pintura griega tenemos solamente algunas copias realizadas en época romana, y la mayoría de ellas son de una calidad inferior.

El conocimiento de los pintores griegos se debe casi por entero a los antiguos historiadores, pues no se conserva de la pintura griega ni un solo cuadro ni se conoce obra alguna de los famosos Zeuxis, Parrasio y Apeles, considerados desde la Antigüedad los pintores por antonomasia. Las obras pictóricas griegas que al presente se conocen y conservan consisten únicamente en decoraciones de ánforas y de otras elegantes vasijas, salvo algunos mosaicos de pavimento y placas de arcilla pintadas y sin contar las obras de pintura romana en que intervino mano griega. Consta, no obstante, que los griegos pintaron cuadros excelentes, por lo menos murales (cuyas copias pueden ser algunas decoraciones de las grandes ánforas de lujo) y que emplearon los procedimientos al fresco, al encausto, al temple y quizás al óleo. Los asuntos representados en tales pinturas, a juzgar por lo que se observa en las mencionadas vasijas, fueron escenas de la vida humana y tradiciones o leyendas mitológicas y heroicas.

Cerámica

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Siglo XII a. C.

De este período destaca la elaboración de cerámicas para uso cotidiano, o de carácter fúnebre, donde se emplearon grandes jarrones, con la idea de que fueran usados por el difunto en su próxima vida. Estos jarrones estaban ornamentados con representaciones lineales, y motivos relacionados con la muerte, como batallas marítimas o terrestres. La mayor parte de la alfarería está compuesta por piezas domésticas, de las que perduraron recipientes tales como las ánforas (empleadas para conservar y transportar alimentos), pequeñas cráteras (en las que se mezclaba el agua y el vino) e hidrias (jarrones específicos para el agua). Por otra parte, de la cerámica funeraria se han encontrado varias urnas. También se fabricaron figurillas en barro cocido, principalmente para ser depositadas como ofrenda en los templos. Durante el período helenístico, fue elaborada una gran variedad de objetos de alfarería, aunque solo algunas poseen valor artístico.

Durante los períodos más antiguos, hasta las pequeñas ciudades griegas producían objetos de alfarería para el mercado local, siendo sus estilos y modelos muy variados. Entre los años 550 y años 480 a. C. el arte en cerámica sufrió una gran transformación; además, los autores incluyeron sus nombres, el nombre del alfarero o del pintor que decoraba aquellas piezas (también existían algunos artistas que practicaban ambos labores). La cerámica ática y cerámica corintia destacaron por sobre las demás. Atenas creó las primeras representaciones del estilo bello: recipientes con figuras rojas sobre fondo negro.

La historia de la cerámica griega antigua está subdividida en los siguientes períodos:

Período A partir del año
Progeométrico 1050 a. C.
Geométrico 900 a. C.
Estilo orientalizante finales del siglo VIII a. C.
Figuras Negras Siglo VII a. C.
Figuras Rojas 530 a. C.

La gama de colores que podía ser utilizada sobre la alfarería fue restringida por las técnicas de cocción: negro, blanco, rojo y color amarillo eran los colores más comunes. Durante los tres primeros períodos, las cerámicas guardaban su color natural claro con algunos motivos negros.

Época arcaica

Archivo:NAMA - Name vase of the Nessos Painter retouched.jpg
Ánfora epónima del Pintor de Neso (el primer ático en adoptar el estilo corintio, en el que introduce innovaciones) (ca. 620 a. C.). En el vientre se representa a Perseo y las Gorgonas y en el cuello a Heracles con el centauro Neso.

Tras un inicial periodo geométrico (siglos IX y siglo VIII a. C.), al que siguió un período orientalizante (siglos siglo VII a. C. y primera mitad del siglo VI a. C.) en el que se detecta la influencia asiria y de otras civilizaciones del Antiguo Oriente (por la importancia y difusión que alcanzaron en esta época los talleres de Corinto se habla de estilo protocorintio); la cerámica griega fue evolucionando sus formas, que hacia el final del siglo VI a. C. alcanzaron un alto grado de refinamiento expresivo, respondiendo a un amplio conjunto de necesidades refinadas de la vida cotidiana de las clases altas, y a la demanda de productos de lujo fácilmente exportables a todo el espacio mediterráneo, e incluso a lejanos lugares en el centro de Europa.

La producción en muchas de las colonias fundadas en esos siglos fue tan importante como la de las metrópolis. Además, la influencia de la cerámica griega se dejó notar en la producción local de los pueblos indígenas, especialmente en la cerámica etrusca (que tiene tipologías verdaderamente sincréticas, como es el caso de la hidria ceretana o hidria de Caere)[21] o en la cerámica ibérica.

Se aprovecharon extensamente las posibilidades que las distintas tipologías de vasos daban en ciertas partes de su superficie (fondos de las copas, vientres y cuellos de las ánforas, etc.) para ejercer como soporte para la pintura griega, que se expresó sucesivamente en dos estilos principales, denominados "cerámica de figuras negras" y "cerámica de figuras rojas".[22]

Cada escuela local de ceramistas se distinguió por un estilo local característico, aunque se influyeron mutuamente.

Archivo:Jumper with weights and aulos player Staatliche Antikensammlungen 1892.jpg
Lekythos (λήκυθος, envase para aceite perfumado usado como cosmético y en rituales funerarios) del Pintor de Aqueloo (ca. 525 a. C.). Entre las figuras representadas hay un atleta en el momento de darse impulso con los halteres (ἁλτῆρες -pesas-), y un tañedor de aulós (αὐλός -doble flauta-).

Comenzó a ser común que los ceramistas y, menos frecuentemente, los pintores[25] firmaran sus obras (Clitias, Exequias, Psiax, Eufronio), lo que se interpreta como una valoración social de su trabajo, implicando un concepto muy moderno de la función del arte y del artista, en un momento en que el trabajo manual estaba degradándose en su consideración, vinculada a la de los esclavos. Es habitual que solo se conozca el nombre del ceramista, con lo que el pintor se denomina por este (Pintor de Andócides, Pintor de Amasis, Pintor de Antimenes,[26] Pintor de Tálides). En otras ocasiones solo se ha podido establecer la identidad común de un maestro por sus obras (Pintor de Príamo, Pintor de Neso, Pintor de las cabezas de caballo, Pintor de Aqueloo) o por los lugares donde se han encontrado (Maestro del Dípilon) o los museos y colecciones particulares donde se conservan (Pintor de Madrid, Pintor de Princeton, Pintor de Edimburgo, Pintor de Rycroft, Pintor de Castellani). A algunos se les agrupa por sus características comunes[27] (Pequeños maestros, Grupo de Leagro, Grupo Perizoma, Grupo de las tres líneas, Grupo pionero -este último ya a comienzos del siglo V a. C.-).

También hubo pintura sobre paneles y muros, que no se ha conservado a excepción de muy pocos restos, como los Paneles de Pitsa (descubiertos en una cueva de Sición, la localidad al norte del Peloponeso, cerca del Golfo de Corinto, donde la tradición consideraba que se había inventado la pintura sobre paneles -pinax πίναξ, plural pinakes πίνακες; de donde viene la palabra "pinacoteca"-).[31] o los frescos de la Tumba del nadador, en Posidonia (Magna Grecia). La influencia etrusca de esta tumba es evidente; aunque a su vez la pintura etrusca había recibido una notable influencia griega durante los siglos VII y VI a. C..

Archivo:Symposiumnorthwall.jpg
Fresco que representa un simpósion, en la Tumba del nadador. Hacia 480 a. C. Los concurrentes, sin abandonar su posición reclinada, se dedican al juego del kótabos (κότταβος, consistente en acertar a un blanco lanzando vino con el kílix) o a los placeres de la paiderastía (παιδεραστία, entre un imberbe erómenos ἐρώμενος y su erastés ἐραστής).
Chatos, negros: así ven los etíopes a sus dioses.

De ojos azules y rubios: así ven a sus dioses los tracios.
Pero si los bueyes y los caballos y leones tuvieran manos,
manos como las personas, para dibujar, para pintar, para crear una obra de arte,
entonces los caballos pintarían a los dioses semejantes a los caballos, los bueyes
semejantes a bueyes, y a partir de sus figuras crearían

las formas de los cuerpos divinos según su propia imagen: cada uno según la suya.
Jenófanes, Fragmentos 15 y 16.[32]

Véase también

Notas y referencias

  1. Barral i Altet, 1987, p. 8.
  2. Richter, 1980, p. 18.
  3. Boardman, 1993, pp. 3–4.
  4. Cook, 1986, pp. 1–2.
  5. Cook, 1986, p. 12.
  6. Cook, 1986, pp. 14–18.
  7. Maggi, 2007, p. 12.
  8. Álvaro López, 2006, p. 48.
  9. Cruickshank, Dan (2000). Architecture: 150 Masterpieces of Western Architecture. New York, New York: Watson-Guptill Publications. ISBN 0823002896. Fuente citada en en:Temple of Artemis (Corfu)
  10. Gebhard, Elizabeth; ‘The Evolution of a Pan-Hellenic Sanctuary: From Archaeology towards History at Isthmia.’ pp 154-177 in: Marinatos, Nanno (ed.) and Hägg, Robin (ed.) (1993). Greek Sanctuaries: New Approaches. London: Routledge. Fuente citada en Temple of Isthmia
  11. The Temple and Sanctuary of Nemean Zeus Archivado el 18 de febrero de 2015 en Wayback Machine..
  12. Gómez Espelosín, op. cit., pg. 48.
  13. Kinder y Hilgemann, op. cit., pg. 48.
  14. Benjamin J. Broome, Exploring the Greek mosaic, pg. 35
  15. The teple of Hera at Olympia and the "petrification" of the Doric Order, en The Oxford Encyclopedia of Ancient Greece and Rome, Oxford University Press, 2010, ISBN 0195170725, pg. 210
  16. * W. Müller e G. Vogel, Atlante di architettura, Milano, Hoepli, 1992.
    • David Watkin, Storia dell'architettura occidentale, Bologna, Zanichelli, 1999.
    • Corrado Bozzoni, Vittorio Franchetti Pardo, Giorgio Ortolani, Alessandro Viscogliosi, L'architettura del mondo antico, Roma-Bari, Laterza, 2006.
    Fuentes citadas en Architettura greca arcaica
  17. Catálogo, op. cit., pg. 40
  18. Robin Barber, Greece. Blue Guide., A & C Black, Londres, 1987, ISBN 0393303721. Fuente citada en Frontons du temple de Zeus à Olympie
  19. Citado en Catálogo, op. cit.. Texto completo en griego, y traducción francesa, accesible en Hélène.
  20. No se debe confundir al pintor griego Polignoto de Tasos con el antiguo pintor de cerámica, también llamado Polignoto.
  21. Rold Gurschmann: Caeretaner Hydrien. In: Der Neue Pauly, vol. 2, cols. 907-908.
  22. Kristine Stuart Brown, The Question of Near Eastern Textile Decoration of the Early First Millennium BC as a Source for Greek Vase Painting of the Orientalizing Style (1989). R.M. Cook, East Greek Pottery (1997). Fuentes citadas en Wild Goat Style
  23. M. Ervin, A Relief Pithos from Mykonos, Deltion, 18, 1963, 37-75. Fuente citada en Mykonos vase
  24. Jeffrey M. Hurwit, "Reading the Chigi Vase", Hesperia, Vol. 71, n.º 1 (Jan. - Mar., 2002), pp. 1–22. Fuente citada en Chigi vase
  25. *Corpus vasorum antiquorum Archivado el 15 de julio de 2020 en Wayback Machine. List of vase painters - Pesreus project.
  26. The Getty Museum - Biography of the Antimenes Painter. Fuente citada en Antimenes Painter.
  27. Véase la categoría en la Wikipedia en alemán: Kategorie:Künstlergruppe (Antike)
  28. Ficha en Artehistoria. Ficha en historiadelarte.us
  29. Euphronios Krater Returned, New York Times. Fuente citada en Euphronios krater
  30. John Boardman, Schwarzfigurige Vasen aus Athen. Ein Handbuch, Mainz 1977, ISBN 3-8053-0233-9, pg. 120. Fuente citada en Gruppe von Toronto 305.
  31. Boardman, J. and Callaghan, P. "Western painting, Archaic period (625–500 BC)". Encyclopædia Britannica, 2008. Fuente citada en Pitsa panels.
  32. Fragmentos

Referencias

Enlaces externos