Academia Florentina
La llamada Academia Florentina fue una institución cultural fundada en Florencia en 1462 por Marsilio Ficino, por encargo de Cosme el Viejo, en la Villa le Fontanelle, y posteriormente ampliada en la más conocida Villa medicea de Careggi. Fue disuelta en 1523.
El contexto cultural en el que la Academia se encontró actuando estaba entonces fuertemente marcado por el platonismo, renacido en Italia hacia finales del siglo XIV a través del humanismo, que se proponía la recuperación de las concepciones mistéricas, astrológicas y sapienciales de la Antigüedad, perdidas durante la Edad Media.[1] A este nuevo clima contribuyeron personajes como el erudito bizantino Gemisto Pletón,[2] su discípulo Besarión,[3] Iacopo Angeli y Manuel Crisoloras.[4]
Fue en particular la institución de cátedras de griego en las principales universidades, debida a diversos episodios como la provisional reunificación entre las Iglesias de Oriente y Occidente de 1438, o la diáspora de intelectuales bizantinos tras la toma de Constantinopla (1453), reclutados como docentes en Italia, lo que permitió el uso directo de los textos de Platón, prácticamente desconocidos en la Edad Media, dando inicio a las traducciones al latín.[5]
Primera generación[editar | editar código]
Villa le Fontanelle[editar | editar código]
Otras ciudades de la península italiana ya habían dado vida a academias platónicas, menos conocidas, como la Pontaniana de Nápoles, en Rímini, Roma y Ferrara.[1] La de Florencia, que debía significar simbólicamente la reapertura de la antigua Academia en Atenas, constituyó un importante cenáculo de artistas, filólogos e intelectuales que pretendían llevar a cabo una reforma espiritual de la civilización.[1] Aquí Marsilio Ficino tradujo al latín la obra de Platón, pero también la de Plotino y de otros exponentes del neoplatonismo: fue precisamente esta última clave interpretativa del platonismo la que prevaleció.[5] Platón era considerado idealmente el progenitor de concepciones filosóficas pertenecientes también a autores posteriores y cristianos, como Agustín de Hipona o Boecio.
Entre los principales exponentes de la Academia Florentina se encontraban, además del propio Ficino, Pico della Mirandola, Poliziano, Nicolás de Cusa, Leon Battista Alberti, Bartolomeo Scala y Cristoforo Landino, así como miembros de la familia Medici, como Giuliano de Medici y Lorenzo el Magnífico. Inicialmente se reunían en la Villa le Fontanelle.
Villa de Careggi[editar | editar código]
Cuando los estudiantes se hicieron numerosos, la academia se trasladó a la cercana Villa medicea de Careggi, en los alrededores de Florencia, hoy parte del Hospital de Careggi, y a la logia anexa a la misma.
En las proximidades de la villa de Careggi existía —como anexo— una logia de la propia Academia, llamada también «il Pescaione»[6]. La peculiaridad de este edificio era haber sido construido con una puerta que daba al río Terzolle. En sus inmediaciones se reunían los miembros de la academia. A diferencia de otros edificios, no ha sido objeto de ninguna restauración y, actualmente en estado de completo deterioro, parece próximo al colapso estructural.
Segunda generación[editar | editar código]
Tras la muerte de Lorenzo el Magnífico en 1492, la Academia se reunió en la villa de Bernardo Rucellai, cerca de los Orti Oricellari. Formaron parte de esta «segunda generación» Nicolás Maquiavelo, Trissino, Jacopo da Diacceto, Luigi Alamanni y muchos otros. Además, en este período la Academia se distinguió por posiciones contrarias al poder de los Medici en la República Florentina, lo que acarreó no pocos problemas a los académicos. La Academia fue de hecho disuelta en 1523, como consecuencia de la conjura tramada contra el cardenal Giulio de Medici por parte de algunos de sus miembros.
Doctrina[editar | editar código]
Según Marsilio Ficino existía una tradición filosófica antiquísima, un sustrato de sabiduría común a toda época y lugar, que se extendía sin solución de continuidad desde Pitágoras al orfismo, pasando por Sócrates, Platón y Aristóteles, hasta llegar al neoplatonismo. Las ideas de Ficino, que ejercieron una extraordinaria influencia en la cultura de la época, fueron retomadas posteriormente, sobre todo por filósofos con fuertes intereses religiosos[5], además de difundirse notablemente también fuera de las escuelas o academias.
El hombre, como ya se había teorizado durante el humanismo de la primera mitad del siglo, era visto como copula mundi, es decir, como aquella interacción armónica entre alma y cuerpo en la que cada uno es dueño de su propio destino. Los académicos reconocían como máxima aspiración humana la felicidad, pero no veían como su desenlace natural la acción, y en particular la política, sino más bien la especulación filosófica. Gracias a su ejercicio, de hecho, los espíritus más nobles y selectos pueden experimentar la felicidad y alcanzar el conocimiento de la verdad después de la muerte[7].
Según los neoplatónicos, el mundo estaba organizado en esferas concéntricas, cuyos extremos eran el Hiperuranio, entendido como mundo divino, y la materia, entendida como mundo animal. El hombre era el único ser en la naturaleza dotado de razón, que le permite elegir conscientemente si elevarse hacia el mundo divino o descender hacia el animal, o bien mantenerse en una equilibrada equidistancia. Esta elección se realiza mediante la mediación fundamental del amor y de la belleza. Escribía Ficino que «el amor es deseo de belleza», y es el amor, en sus diversas formas —bestial, humana o divina—, el que guía al hombre en el camino de ascenso hacia Dios, considerado fuente de la belleza verdadera y perfecta[7].
Fundamental en la historia del pensamiento fue la conexión que el neoplatonismo renacentista, en particular en Florencia, estableció entre la filosofía clásica y el cristianismo. Una de las obras más importantes en este sentido es la Theologia platonica, también de Ficino, en la que se lleva a cabo el mejor intento realizado hasta entonces de revalorización del pensamiento clásico en clave religiosa cristiana[7].
Con el tiempo, el carácter elitista de la Academia desarrolló corrientes herméticas, mágicas y esotéricas, sin perder, no obstante, su estructura lógica de fondo, constituida por el método crítico de la teología negativa.
Influencia en las artes figurativas[editar | editar código]
Las doctrinas de la Academia Florentina tuvieron consecuencias directas en las artes figurativas, tanto por los deseos de la clientela, guiada por los Medici, como por un espíritu emulativo que se propagó en todas las cortes más importantes de Italia (y luego de Europa), gracias al uso de los propios artistas como embajadores de la cultura florentina promovido por el mismo Lorenzo el Magnífico.
Una de las consecuencias más evidentes fue la introducción de temas mitológicos en las obras de arte, reinterpretados en clave cristiana como portadores de verdades arcanas o como testigos de una soñada armonía ya perdida. Paralelamente se difundió el tema de la búsqueda de la belleza, entendida como sentido de proporción y armonía estética, que encontraba precisamente en la producción figurativa una de sus aplicaciones más naturales.[7]
Venus, la diosa más pecaminosa del Olimpo pagano, fue totalmente reinterpretada por los filósofos neoplatónicos y se convirtió en uno de los temas más frecuentemente representados por los artistas según una doble tipología: la Venus celeste, símbolo del amor espiritual que impulsaba al hombre hacia la ascesis mística, y la Venus terrenal, símbolo de la instintividad y de la pasión que lo arrastraban hacia abajo.
Otro tema representado con frecuencia fue la lucha entre un principio superior y uno inferior (por ejemplo, Marte amansado por Venus o los monstruos abatidos por Hércules), según la idea de una continua tensión del ánimo humano, suspendido entre virtud y vicios; el hombre, en la práctica, tiende hacia el bien, pero es incapaz de alcanzar la perfección y a menudo está acechado por el peligro de recaer hacia la irracionalidad dictada por el instinto; de esta conciencia de los propios límites deriva el drama existencial del hombre neoplatónico, consciente de tener que perseguir durante toda la vida una condición aparentemente inalcanzable.
Fueron influidos por los temas neoplatónicos artistas como Sandro Botticelli, Antonio y Piero del Pollaiolo, Leonardo da Vinci, Perugino, Luca Signorelli, etc.
Con la muerte de Lorenzo el Magnífico y el establecimiento de la república savonaroliana, estos ideales vivieron una profunda crisis, que condujo a un regreso hacia una religiosidad más rigurosa en las costumbres y de carácter más ascético[8].
Véase también[editar | editar código]
Notas[editar | editar código]
- ↑ 1,0 1,1 1,2 Stefano Arcella. «La ricerca dell'Uno nel neoplatonismo del '400». Centro Studi La Runa.
- ↑ Filósofo neopitagórico que proponía la restauración de antiguos cultos solares y concebía la espiritualidad platónica en la estela de la zoroastriana, cfr. «Giorgio Gemisto Pletone».
- ↑ Quien constituyó su propio círculo de estudios neoplatónicos en Roma, e influyó a su vez en Pomponio Leto en la transformación de este círculo romano en una academia similar a la de Florencia.
- ↑ Sebastiano Gentile (2001). «Il Rinascimento. Il ritorno della scienza antica». Storia della Scienza. Treccani.
- ↑ 5,0 5,1 5,2 Landucci, Platonismo.
- ↑ «Loggia della Accademia Platonica detta anche 'il Pescaione' - Wikimapia» (en italiano). Parámetro desconocido
|sitio=ignorado (se sugiere|obra=) (ayuda); Parámetro desconocido|acceso=ignorado (ayuda) - ↑ 7,0 7,1 7,2 7,3 De Vecchi-Cerchiari, I tempi dell'arte, pág. 135.
- ↑ De Vecchi-Cerchiari, I tempi dell'arte, pág. 153.
Referencias[editar | editar código]
- Enciclopedia Garzanti di filosofia. AA.VV. Milán: Garzanti. 1996. Parámetro desconocido
|voz=ignorado (ayuda); Parámetro desconocido|autor-voz=ignorado (ayuda) - Plantilla:Cita texto
- Pierluigi De Vecchi y Elda Cerchiari (1999). I tempi dell'arte 2. Milán: Bompiani. p. 135. ISBN 88-451-7212-0.
- Erwin Panofsky (1999). Studi di iconologia. I temi umanistici nell'arte del Rinascimento. Turín: Einaudi. ISBN 88-06-15389-7.