Primera taifa de Badajoz
La primera taifa de Badajoz nació como entidad política con la desintegración del califato de Córdoba y quedó extinguida en 1094, cuando los almorávides entraron en Badajoz, matando al soberano aftasí y a varios miembros de su familia.
Abdalá
Cuando decayó el poder central cordobés, esta tierra estaba administrada por un oficial palatino, seguramente eslavo, llamado Sabur, que asumió poderes autonómicos desde comienzos del siglo. Para ello, se apoyó en Abú Mahoma Abdalá, que provenía de la zona de Los Pedroches y pertenecía a la familia de los Aftasíes. Estos eran bereberes de la tribu Miknasa y habían sido reclutados por el mismo Tariq y traídos al Ándalus a comienzos del siglo VIII. Estaban, por tanto, muy arabizados e incluso pretendían poseer un origen árabe que los emparentaba con la dinastía de los Tuyibíes, reyes de la taifa de Zaragoza.
Tras la muerte de Sabur en 1022, sus dos hijos y Abdalá se disputaron el gobierno de la taifa. Tras acabar con la resistencia en Lisboa de los dos hijos de su señor, Abdalá se hizo con la taifa, instalando en ella a su propia dinastía.
El reinado de Abdalá se caracterizó por, entre otras cosas, la continua e intermitente lucha que mantuvo con los reyes de la taifa de Sevilla. Ya al principio de su gobierno, los sevillanos pretendieron apoderarse de la ciudad de Beja, pero Abdalá se les adelantó y envió a su hijo Mahoma, que la defendió de sus enemigos. No obstante, no pudo evitar el cerco de la ciudad por los sevillanos, que se vieron ayudados por los birzalíes de la taifa de Carmona, alianza que obligó al aftasí Abdalá a aliarse con lbn Tayfur de Mértola. A pesar de esta ayuda, los pacenses perdieron Beja. La enemistad con Sevilla se vio atenuada hacia el 1030 por una serie de treguas, que Abdalá aprovechó para reforzar las murallas de Badajoz, que originariamente eran de tierra.
El odio latente contra los sevillanos volvió a manifestarse en el año 1034, cuando Ismael de Sevilla, que volvía de su ataque contra León —emprendido con el acuerdo y el beneplácito de los Aftasíes de Badajoz—, fue atacado por éstos a traición. Las fuentes históricas no indican nada acerca de los últimos doce años de reinado de Abdalá; sólo que su muerte ocurrió en diciembre del año 1045.
Yahyà (1045-1072)
Abdalá había designado en vida como su sucesor a su hijo Yahyà (r. 1045-1072). Sin embargo, a pesar de ello, tras su muerte la lucha estalló entre sus dos hijos, Yahyà y Umar, uno instalado en Badajoz y otro en Évora. En el año 1068 la oposición y guerra entre los dos hermanos se agravó, alentada por la cizaña de los reyes cristianos, que aprovecharon para obtener toda la tierra musulmana que les apeteció. El avance de los cristianos obligó a los hermanos aftasíes a buscar apoyos exteriores: Yahyà los encontró en la taifa de Toledo, y Umar en la de Sevilla. Las intrigas y las guerras fratricidas no cesaron hasta la muerte de Yahyà en el año 1072, con lo que el poder de la taifa de Badajoz pasó a manos de Umar.
Al-Mutawakkil (1072-1094)
Umar, que como gobernador de Évora había pretendido repartir con su hermano la taifa de Badajoz, acabó quedando como único dueño y señor, tomando el nombre de al-Mutawakkil e instalándose en la capital del reino. A cargo de Évora dejó a su hijo al-‘Abbas.
Las crónicas presentan a al-Mutawakkil como un hombre culto y gran mecenas que reunió a notables hombres de letras en su corte. No obstante, la presión cristiana no cesaba y, en el año 1079, Alfonso VI tomó Coria.
Alfonso VI y los almorávides
Llevado por una cierta ansia de protagonismo, al-Mutawakkil intervino en junio de 1080 en los asuntos de la taifa de Toledo: llamado por los notables de esta ciudad, cansados de la anarquía existente y a la que no podía poner fin su soberano al-Qadir, el rey de Badajoz se hizo cargo del gobierno toledano. Permaneció en esta ciudad hasta 1081. A la vista del ataque que preparaban contra él el rey Alfonso VI y el antiguo soberano al-Qadir, que se había refugiado tras su derrocamiento en Cuenca, al-Mutawakkil decidió volverse a Badajoz con todas las riquezas que pudo.
La presión de Alfonso VI sobre las taifas musulmanas fue aumentando. Exigía cada vez más parias, imposibles de pagar, lo que llevó a al-Muzaffar a ponerse en contacto secretamente con otros reyes de taifas, con la finalidad de solicitar conjuntamente el auxilio de los ejércitos almorávides que se habían apoderado de todo el Magreb. El emir almorávide Yusuf ibn Tashfin escuchó las súplicas de los musulmanes del Ándalus, y acabó por desembarcar en la Península en junio de 1086 para dirigirse, significativamente, al norte de Badajoz, donde ganó con sus aliados andalusíes la batalla de Zalaca el 23 de octubre de 1086.
Cuando el emir almorávide tomó la resolución de someter a los dispersos reinos de taifas, al-Mutawakkil creyó poder salvarse ayudando a éste a apoderarse de Sevilla, a la vez que, en un doble juego, negociaba con Alfonso VI posibles pactos de ayuda. Esta situación, que escandalizaba a los pacenses, llegó a hacerse insostenible, hasta el punto de que los mismos súbditos de al-Mutawakkil llamaron a los almorávides para que se hicieran cargo de la ciudad. Éstos entraron en Badajoz en febrero del año 1094, matando al soberano aftasí y a varios miembros de su familia.
Referencias
- Carrasco, Matos y Souto (2009). Al-Andalus. Istmo.