Paisaje seco

De Enciclopedia Salmantina
Karesansui del templo Ryōan-ji.

Un paisaje seco (calco semántico del japonés 枯山水, karesansui), es un arte paisajista, de origen japonés, que contiene arena, grava y rocas, simulando el agua y las montañas. Ocasionalmente tiene plantas de bajo porte, como hierba, musgo o pasto. Generalmente está destinado a ser observado desde fuera, habitualmente desde una terraza o plataforma superior, no para pasear o permanecer en ellos.[1] Dado que el objetivo es que pueda ser visto por completo desde una posición fija, sus dimensiones suelen ser reducidas, como mucho de 10x30 metros.

Elementos[editar | editar código]

Arena rastrillada[editar | editar código]

La arena rastrillada representa el mar, en torno a las rocas se rastrilla en anillos, como si estas formaran ondulaciones en el agua. En el resto del jardín, se rastrilla en paralelo a la plataforma.

Historia[editar | editar código]

Ese estilo de paisajismo se desarrolló en los templos del Rinzai Zen, siendo algunos de los diseñadores históricamente más relevantes, como Muso Soseki y Soami, monjes o practicantes del Zen. Además se desarrolló durante un período de la historia japonesa en el que las prácticas culturales asociadas con el Budismo Zen —como la caligrafía y la pintura de paisajes— tenían una influencia creciente sobre el arte japonés en su conjunto. Esta amplia influencia sobre la cultura japonesa es la razón de que el paisaje seco, que tuvo su origen en templos Zen, haya llegado a encontrarse en casas, negocios y restaurantes.

Durante el Período Kamakura, en el sigo XIII, los jardineros japoneses adoptaron con entusiasmo las últimas tendencias chinas. En esos momentos, la pintura china favorecía el estilo de tintas monocromas Suiboku-ga, con su énfasis en la expresión controlada. En la imitación de este estilo pictórico, se colocaban, especialmente en grupos, rocas características, simbolizando las montañas que se elevan sobre espacios de arena blanca, que a su vez simbolizaban el océano. Este estilo se llama Karesansui (paisaje árido), y se convirtió en un ideal durante los siglos XIV y XV. Fue adoptado fundamentalmente por los templos Zen, que tienen influencia del budismo y es donde los monjes se encontraban a meditar. Son utilizados como forma de meditación por los monjes Zen japoneses.[2] Los ideales básicos eran:

  • Yugen: la simplicidad elegante y la expresión de ideas a través de la alusión.
  • Yohaku no bi: la belleza del vacío —así como en música se valoran los silencios—. Tiene relación con el taoísmo, según el cual el vacío es la parte esencial de las cosas —un vaso no es el cristal, sino el vacío de su interior—.

En el período Azuchi-Momoyama (1574-1599) se introdujeron algunas variaciones:

  • Talla de rocas: se permite introducir piedras talladas —antes sólo piedras naturales—.
  • O-karikomi: práctica que consiste en recortar árboles y plantas dándole formas. Se recortan en setos temas como El barco del tesoro o La isla Horai.

Composición y significado[editar | editar código]

Consiste en un campo de arena rastrillada poco profunda y que contiene arena, grava, rocas representando el mar que alrededor de las rocas se rastrillan en anillos de forma que se quiere lograr una interpretación del movimiento natural y ocasionalmente hierba, musgo y otros elementos naturales están presentes. Aunque no son exclusivos de los templos Zen, son utilizados como forma de meditación por los monjes Zen japoneses. A partir de su contemplación se puede llegar al satori, que viene siendo el nirvana japonés.

Jardin seco japones.jpg

A diferencia de los demás jardines japoneses estos jardines son creados para ser contemplados desde una plataforma. Los monjes zen por otro lado para meditar utilizaban estos jardines para llegar a una concentración absoluta en donde se colocaban sobre las rocas de manera estratégica y la mente, cuerpo y entorno se unían mientras intentaban interpretar el paisaje externo consiguiendo así adentrarse espiritualmente a un lugar donde las rocas son montañas y la grava son ríos y mares.

Ejemplos[editar | editar código]

Templo Ryōan-ji

El paisaje seco más famoso de Japón se encuentra en el templo de Ryōan-ji, al noroeste de Kioto. El paisaje seco se añadió al templo a finales del siglo XV, con el fin de proveer de un lugar a los monjes para su meditación. El autor fue un monje llamado Sōami, y está compuesto por un total de quince rocas de distinto tamaño, sobre una superficie rectangular de arena blanca.[3]

Ryoanji.jpg

El karesansui más conocido, ubicado en Kioto. El jardín de roca se agrega con la finalidad de ofrecerle a los monjes un lugar de meditación en el siglo XV. Se dice que dicho jardín tiene un efecto tranquilizador y de paz, esto se debe a que en Japón es muy importante la altura del punto de vista, la perspectiva es importante a la hora de la composición, en caso de este jardín, aunque haya 15 piedras distribuidas dependiendo del punto en el cual el usuario se ubique no se pueden ver simultáneamente. Si se llegan a ver todas simultáneamente entonces es porque se ha llegado un nivel espiritual en donde no hay barreras visuales ni mentales.

Daisen-in

Daisen patio noreste.jpg

Se construyó casi simultáneamente con la residencia del abad del templo, finalizada en 1513 pocos años después de que se fundase su congregación, un jardín de complejidad visual y sofisticación técnica como Daisen-in. Iba mucho más allá de sugerir composiciones semejantes a las pinturas paisajísticas chinas sino que se inspiraba de un paisaje real montañoso.

Los jardines secos no están hechos para caminar sobre ellos sino para ser apreciados, las rocas utilizadas son más naturalizadas e incluso debido a la humedad que ocasiona el agua va moldeándolas en sus composiciones.

Véase también[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

  1. Fahr-Becker, 2000, p. 637.
  2. «Jardines zen». Consultado el 28 de marzo de 2014. 
  3. Gutiérrez, 1967, pp. 318-320.

Bibliografía[editar | editar código]

  • Fahr-Becker, Gabriele (2000). Arte asiático. Colonia (Alemania): Könemann. ISBN 3-8290-3279-X. 
  • Gutiérrez, Fernando G. (1967). El arte del Japón, Col. Summa Artis, XXI. Madrid: Espasa Calpe. 

Enlaces externos[editar | editar código]