Literatura japonesa

De Enciclopedia Salmantina
Páginas del Nihonshoki.

Las primeras obras de la literatura japonesa estuvieron fuertemente influenciadas por la literatura china, y a menudo se escribieron en chino clásico. También influyó la literatura india, a través de la difusión del budismo en Japón. En el período Heian, la cultura original kokufū de Japón (literalmente, "cultura nacional") se desarrolló y la literatura también estableció su propio estilo. Tras la reapertura japonesa de sus puertos al comercio y la diplomacia occidentales en el siglo XIX, la literatura occidental ha influido en el desarrollo de los escritores japoneses modernos, mientras que a su vez han sido más reconocidos fuera de Japón, con dos premios Nobel hasta ahora.

No se conservan testimonios de una escritura autóctona japonesa. El japonés era una lengua sin escritura hasta la llegada de los ideogramas chinos, cuya introducción no se documenta hasta en el año 538, aunque sin duda, eran conocidos por los japoneses con mucha anterioridad. Por ello, las primeras muestras de literatura japonesa pertenecían a la tradición oral.

Su origen, como el de otras culturas, se remonta a un conjunto de ritos donde folclor y religión conformaban una rica y antiquísima tradición oral. Alrededor del año 300 a. C. se documentan narraciones, canciones y danzas populares sobre los ciclos del cultivo del arroz que celebraban ya la llegada del dios en primavera o su despedida en el otoño. Con el tiempo estas canciones y relatos serían recogidos de manera escrita, formando parte de las primeras producciones literarias como el Kojiki, Nihonshoki y Fudoki o de las representaciones de teatro kabuki.

Una figura importante en esta tradición oral primitiva fue la del kataribe.[1] Se trataba de un recitador o recitadora de historias que cumplía la función de conservar y transmitir hechos, mitos y leyendas que una determinada comunidad consideraba parte esencial de su identidad. El de kataribe era un oficio con frecuencia desempeñado por mujeres probablemente asociadas a funciones chamanísticas. La expresión para describir su actividad era monogataru (contar cosas), base de los futuros monagatari o narraciones escritas que surgieron en la época Heian. La labor de los kataribe llegó a ser tan importante que, con el tiempo, algunos se profesionalizaron y llegaron a ocupar un puesto oficial en la Corte, creando lazos entre la literatura oral arcaica y la nueva literatura escrita.

Algunas expresiones del Japón antiguo, por su carácter mágico-religioso, no podían ser transcritas en caracteres extranjeros. Su conservación se realizaba en el yamato kotoba o palabras de Yamato, uno de los nombres del antiguo Japón. El género poético más antiguo, el waka, solo podía ser compuesto en el yamato kotoba, única lengua empleada por los kataribe. Este hecho suele interpretarse como una reacción ante la omnipresencia de la cultura china, en un afán por conservar la propia identidad y una pervivencia de la filosofía kotodama, el poder mágico de las palabras, de la que se nutría la antigua poesía oral.[2]

Los inicios

La transición de la antigua poesía oral a la nueva literatura escrita está representado por el Kojiki (Memorias de los sucesos de la humanidad) de 712 y Nihonshoki (Crónicas de Japón) del 720. Ambas obras constituyeron empresas oficiales, vinculadas al objetivo político de construir un país regido por un poder central y de entroncar las familias imperiales con las deidades del Japón antiguo, reuniendo datos históricos y tradicionales del linaje imperial y dejar una única historia para los descendientes. El Kojiki surgió del esfuerzo del Emperador Tenmu por compilar las narraciones orales del kataribe Hieda no Are, mientras que Nihonshoki fue encargado por la emperatriz Gensho, un intento de historia del Japón en treinta tomos.

La poesía del periodo Nara está representada por el Manyoshu (Colección de diez mil hojas) probablemente concluida en la segunda mitad del siglo VIII. Se desconoce la identidad de los antólogos, aunque se le atribuye al poeta Ōtomo no Yakamochi un papel importante. La colección reúne cerca de 4500 poemas de finales del siglo VII y la primera mitad del VIII. El Manyoshu representa el triunfo del poema breve: de los cuales 4200 eran poemas tanka, 260 choka y 60 sedoka, todos ellos escritos en caracteres chinos. La temática de estos poemas pueden agruparse en tres categorías: somonka (poemas de amor), banka (elegías) y zoka (misceláneos) dedicados a celebrar viajes, banquetes o leyendas. Entre los poetas destacados de esta antología se hallan, además del propio Ōtomo no Yakamochi, Kakinomoto no Hitomaro (finales del siglo VII), Yamabe no Akahito (primera mitad del VIII), Yamanoue no Okura y Ōtomo no Tabito, considerados los "cinco grandes hombres del Manyô".

Período clásico

El período Heian (794-1186) es considerado como la etapa clásica de la literatura japonesa. Es una época de decreciente interés hacia la cultura china que desde el siglo VI había moldeado de manera decisiva la cultura japonesa. En este lapso de tiempo se comenzó a escribir con caracteres japoneses, ya que anteriormente se utilizaban los caracteres chinos.

La literatura de la época Heian refleja los sólidos valores del mundo de la Corte y en ellas la combinación de artes plásticas y literatura hace difícil encuadrar las obras de artes en categorías estancas. Por otro lado, se trata de una producción literaria realizada tanto por hombres como por mujeres. Las damas japonesas, desde el mundo cerrado de sus alcobas y mansiones, ofrecerán una rica obra literaria llena de sensibilidad y, a veces, de humor.

Entre las obras destacables en la poesía, debe señalarse el Kokinshu (Colección de Poemas japoneses antiguos y modernos) antología ordenada por el emperador Daigo en 905. Esta antología representa la elevación a obra artística de uno de los géneros poético más antiguos y genuinos del Japón, el waka o canción japonesa, y, con ello, la reivindicación nacional y la afirmación de la identidad japonesa tras siglos de influencia china. El Kokinshu constituirá a la postre una especie de canon del clasicismo japonés. Junto al Kokinshu existieron otras antologías imperiales: Gosennshu (Colección escogida posteriormente) y el Shuyshu (Colección de fragmentos reunidos). Estas tres antología constituyen el Sanndayshu (Colección de los tres reinos), es decir Daigo, Murakami y Kwazan.[3]

El diario privado (nikki)

Escena del capítulo "SEKI YA", del pergamino ilustrado del Genji Monogatari.

En la prosa, en la época Heian sobresalen los diarios privados (nikki) y libros de impresiones (shôshi), el relato poético (uta monogatari) y la novela lírica.

Como obra cumbre de los nikki (diario) suele citarse el Tosa Nikki (Diario de Tosa), redactado en el año 935 por Ki no Tsurayuki. Especial importancia en estos géneros tuvo la literatura escrita por mujeres (Nyōbō Bungaku), en la que destaca la obra de Sei Shōnagon Makura no Sōshi (Libro de la almohada), escrita a principios del siglo XI. Libro autobiográfico, que muestra muchos rasgos de la cultura japonesa de la época, como el ideal de belleza de hombres y mujeres entre la aristocracia japonesa. Otros diarios privados escritos por mujeres de la época son el Diario de una mujer efímera de Fujiwara (siglo X), el Diario de Sarashina (mediados del XI) y el Diario de una dama de honor del siglo XII.

Monogatari

Bajo el nombre genérico de monogatari se inicia en el siglo X el género de relato breve escrito en kana. Entre los uta monogatari o narraciones con poemas intercalados encontramos los Ise Monogatari (Cantares de Ise) y los "Cantares del Yamato" (960). Los tsukuri-monogatari o relatos de ficción quedan representados por el Cuento del cortador de bambú (Taketori Monogatari).

La otra gran obra del periodo Heian, y sin duda una de las obras más importantes de la literatura japonesa de todos los tiempos, corresponde a una novela cortesana, el Genji Monogatari (La historia de Genji) de Murasaki Shikibu, aparecida en el año 1000. Se trata de un inmenso relato de más de 4000 páginas, que narra la historia del hijo de un mikado (emperador japonés) y que refleja los valores de la élite aristocrática del período Heian.

Lejos del refinamiento estético del mundo de Genji, encontramos a la "otra" sociedad en el Konjaku Monogatarishū (Cuentos de antaño), una recopilación de más de mil historias de China, la India y Japón. Estos manuscritos quedaron abandonados en un templo budista, hasta que fueron descubiertos en el siglo XVIII.

En la misma época debemos situar a Sugawara no Michizane, autor de Suga-ke Bunsō (菅家文草, 'Suga-ke Bunsō'?) escrito en 900 y el Suga-ke Goshū (菅家後集, 'Suga-ke Goshū'?) en 903 que introducen una tímida aparición de la literatura de crítica social.

En la etapa que abarca desde fines del siglo XII hasta principios del siglo XVII, es de digna mención el Cantar de los Taira (Heike-monogatari).

Siglos XIII-XVI

El ensayo

Esta etapa que abarca de fines del siglo XII, hasta principios del siglo XVII, fue muy pobre, debido a las constantes guerras y hambrunas, hubo poca producción literaria la cual recayó sobre los monjes. Así, son de digna mención las obras Heike-monogatari (Cantar de los Taira) y Tsurezuregusa de Yoshida Kenkō.

El teatro

En el siglo XIV aparecen las representaciones teatrales llamadas , que tenían como propósito la exaltación patriótica y la propaganda religiosa, recordemos que la literatura de estos tiempos fue elaborada por monjes budistas.

Aislamiento (siglos XVII-XIX)

Los primeros europeos en tener contacto con la cultura japonesa, fueron los marinos, mercaderes y misioneros del siglo XVI. Ante estos primeros encuentros, los japoneses mostraron bastante tolerancia, incluso aceptando el catolicismo. Pero los dirigentes del país, el shogunato Tokugawa, desconfiaron de las intenciones de los europeos, expulsándolos y llevando al país a un aislamiento de más de doscientos años.

Esta etapa dio inicio en el siglo XVII prolongándose hasta mediados del XIX, que fue cuando Japón abrió de nuevo sus puertas al mundo. Dentro de la producción literaria del país, se hace notable en cuanto a poesía, novela y teatro.

Haikai

En la poesía, destaca Matsuo Bashō, quien compuso los haiku, pequeños poemas que, con la mínima cantidad de palabras, tratan de expresar el máximo de cosas.

Narrativa popular

En cuanto a novela, destaca Saikaku Ihara, escritor de Hombre lascivo y sin linaje, su obra más conocida, donde se muestra un vivido reflejo de la vida de la época. Causa por la cual estuvo cerca de morir en la hoguera.

Teatro

En el caso del teatro hubo dos tendencias distintas en ejecución, una el kabuki, representado por personas, y el jōruri, donde se empleaban marionetas.

Chikamatsu Monzaemon

El más grande representante del teatro en esta época fue Chikamatsu Monzaemon.

Era Meiji

Después de doscientos cincuenta años de aislamiento, con la llegada al poder de Meiji, los escritores gozaron de cierta libertad para escribir. Hubo evolución en el aspecto lingüístico, se simplificó la estructura del lenguaje y se agregaron palabras para designar ideas tan comunes en Occidente como deporte o derechos humanos. Esto gracias a la disposición del país a aprender del mundo occidental, siendo los escritores los principales promotores de la comunicación entre la cultura japonesa y la ciencia occidental.

Era Taishō

Ryūnosuke Akutagawa

Ryunosuke Akutagawa (1892-1927), cuentista que recuperó la obra de Cuentos de antaño, entre los cuales podemos destacar el cuento titulado El tabaco y el demonio, donde se explica como fue introducido el tabaco en el Japón. Otro de esos cuentos es El biombo del infierno, donde induce al lector a reflexionar sobre qué es la belleza de Japón.

Era Shōwa (1926-1989)

Preguerra

Junichirō Tanizaki

Junichirō Tanizaki (1886-1965) tiene una importancia crucial para la novela contemporánea japonesa, con su obra cumbre aparecida muy poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial: Las hermanas Makioka (1947). Escribió todas sus novelas alrededor de un solo tema: el sexo.

La posguerra (I): primeras voces

Una vez concluyó la guerra, Japón recuperó el dinamismo cultural en sentido amplio, y ello tuvo su reflejo en la literatura. Se publicó sin limitaciones y fue una etapa de notable actividad, que incluyó el interés por cualquier obra, la reentrada de la literatura occidental en Japón y un nuevo período de cosmopolitismo. Según Donald Keene, en este periodo Japón habría finalmente sobrepasado a la novela europea.[4] Los tres premios Nobel de Japón (Yasunari Kawabata, Kenzaburō Ōe y Kazuo Ishiguro) reflejan las características de sus tres generaciones.

Inmediatamente después de que Hiroshima y Nagasaki fueran bombardeadas por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Japón se rindió. Los cambios sociales, políticos e ideológicos, dieron pie al surgimiento de una nueva generación de escritores. De entre todos ellos destacan Osamu Dazai, Yasunari Kawabata y Yukio Mishima.

Miyamoto, Yuriko

La posguerra (II): Buraiha

La escuela de los decadentes o burai-ha (無頼派? , literalmente «escuela de la irresponsabilidad y la decadencia») fue un grupo de escritores nihilistas, con vidas erráticas e individualistas que rehuían todo encasillamiento, aunque provenían de familias acomodadas y que en general simpatizaron con el Partido Comunista. Expresaron la falta de rumbo y la crisis de identidad del Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial.[5] Recibieron este nombre debido al estilo de vida decadente que llevaban, pasando tiempo en bares, consumiendo narcóticos y manteniendo frecuentes relaciones sexuales.[5] El término «burai», que fue aplicado al grupo por críticos conservadores y que literalmente significa «poco fiable», hace referencia a alguien cuyo comportamiento va en contra de las convenciones sociales tradicionales. Debido al carácter subversivo de sus obras, inicialmente fueron denominados Shingesakuha (新戯作派 literalmente «la nueva escuela Gesaku»?), en alusión a un movimiento literario del período Edo, pero este término fue sustituido a medida que se hicieron populares obras menos irreverentes.[5]

Aunque no constituían una auténtica escuela literaria, los escritores de la burai-ha estaban vinculados entre sí por un enfoque similar del contenido temático y del estilo literario. Los personajes principales de sus obras suelen ser antihéroes disolutos y sin objetivos claros. Su obra se basaba en una crítica del conjunto completo de la literatura japonesa de preguerra, así como de los valores sociales estadounidenses introducidos en la sociedad japonesa con la ocupación. Su producción no apelaba a ningún grupo concreto y su alcance no estaba bien definido.

El término se aplicó principalmente a Osamu Dazai, Ango Sakaguchi,y Sakunosuke Oda; sin embargo, también se utilizó con frecuencia para referirse a otros autores.

Ango Sakaguchi conmocionó al público japonés con la publicación de un ensayo titulado Un discurso sobre la decadencia (堕落論 darakuron?). Según un crítico, este texto «permitió al pueblo japonés, especialmente a la juventud de Japón, redimir su sentido del yo y comenzar la vida en el período de posguerra».[6]

Osamu Dazai

Dazai en 1947/48.

El representante más conocido de este grupo es Osamu Dazai (1909-1948). Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Dazai emergió como la voz literaria de su tiempo, capturando el período confuso de posguerra cuando los valores tradicionales fueron desacreditados. Entre las obras de Dazai destacan El ocaso (1947) e Indigno de ser humano (1948), las dos en parte autobiográficas, donde critica la hipocresía del mundo moderno. En ese mismo 1948 se suicidó junto a su amante.

Dazai se consideraba antes que nada «libertino» y necesitaba el alcohol para ser «capaz de hablar como si fuera alguien importante». Pero la escasez de sake y su alto precio lo llevó a tomar kasutori, una bebida sin apenas destilar, que añadió degeneración física al poso de escapismo y excitación de los movimientos marginales. El especialista en literatura japonesa Carlos Rubio lo denomina la «cultura del matarratas» y formó parte importante (junto al tabaco y las cerezas) de la vida y la obra de Dazai. También de su muerte, pues tuvo éxito en su cuarto intento de suicidio, con su pareja, después de tres ocasiones fallidas, en una de las cuales provocó la muerte de su amante (recién casada con otro hombre) aunque él salió ileso.[7]

La posguerra (III): Generación de Posguerra

Se considera este período a partir de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, fecha que marca la apertura de Japón al mundo, momento en que se abre paso una mentalidad cosmopolita y moderna.

Un escritor destacado es Shūsaku Endō (1923-1996), cuyo prestigio está basado en dos de sus obras, Silencio (1966) y El samurai, que han causado gran polémica en su país. Silencio fue adaptada al cine por el director estadounidense Martin Scorsese.

Kōbō Abe

Entre los escritores de estos tiempos destaca Kōbō Abe (1924-1993), autor de la novela La pared o El crimen del señor Karuma (1951), catalogada como la obra más vanguardista de la literatura del Japón.

La posguerra (IV): literatura de autoras

Yasunari Kawabata

Kawabata en 1968.

Yasunari Kawabata (1899-1972) se centró en el amor no correspondido. En sus obras hay poca acción: le preocupaban más las formas, el equilibrio entre personajes y su bagaje. Kawabata formaba parte del grupo de los neopercepcionistas. En la obra de Kawabata se aprecia su devoción por las tradiciones japonesas y su amor por el paisaje nipón.[8] Apreciaba especialmente los aspectos femeninos de la tradición nipona.

Los numerosos viajes de Kawabata enmarcan su principal obra, empezada en 1938 y rehecha en numerosas ocasiones, País de nieve (Yukiguni, 1956). Es un relato de amor entre un hombre y una bella aprendiz de geisha en Niigata, una de las regiones más frías de Japón, que da lugar a descripciones de paisajes y a reflexiones sobre la modernidad. Esta novela fue criticada por el escritor decadente Osamu Dazai, que aseguraba que apenas era materia literaria desnuda de «pajarillos en jaula y bailarinas danzando».[9] Una de sus obras más conocidas es la novela Mil grullas, publicada en dos partes (1949, 1951) y basada en el Romance de Genji, pero en un contexto moderno.

Kawabata fue el primer japonés en ganar el premio Nobel de Literatura, en 1968, en el centenario de la Revolución Meiji. Esa inanidad de Kawabata, a la que hacía referencia Dazai, tal vez fuera su principal activo cuando la Academia Sueca decidió que debía conceder el Nobel a la vibrante literatura nipona, porque entonces no se conocía su pasado militarista.

Kawabata murió en 1972, aunque nunca ha quedado claro si se suicidó o falleció como consecuencia de un simple accidente doméstico. Es posible que se hubiera dejado abierta de forma inadvertida la espita del gas mientras se bañaba, o pudo haberse quitado la vida, bien a causa de su salud, bien por su vacilante personalidad.

Literatura años 30 Era Shōwa

Mishima, Yukio

Yukio Mishima (1925-1970), gran figura de este período, escribió ficción, drama y ensayo. Mishima es ejemplo de la continuidad de los disolutos que buscan la autodestrucción romántica, con una estética asociada a la sangre y la muerte como la última experiencia sexual y como la realización suprema de la belleza. Sus obras son de muy diversa factura.

Confesiones de una máscara (1949) narra las vicisitudes de un joven en un proceso de autoconocimiento, con un tira y afloja entre las proclividades homosexuales y el deseo hacia la mujer que ama. En El pabellón de oro (1956), a partir de un hecho real, Mishima se centra en los debates internos de un joven monje budista tartamudo.

Su gran obra maestra es la tetralogía de novelas El mar de la fertilidad (1969-1971). Cuando entregó esta última obra al editor, en 1970, una hora después se hizo el seppuku con esa parafernalia grandilocuente tan propia de su personaje, en protesta a la democracia occidental que no toleraba. Su seppuku en el edificio de las Fuerzas de Autodefensa y su último discurso a favor de una militarización de Japón es la actividad más conocida de Mishima en su faceta política. No obstante, catalogarlo como uyoku es una simplificación, porque Mishima era un participante asiduo de las actividades de izquierdas, con la única excepción de los asuntos relacionados con la autoridad imperial.

Según un buen número de expertos, la obra de Mishima atesora más calidad para recibir el premio Nobel que la de Kawabata. Se ha dicho que si la Academia Sueca nunca otorgó el Nobel a Mishima, es posible que se deba al juicio de algunos expertos de ideas conservadores que lo consideraban demasiado radical.[10]

Literatura años 40 Era Shōwa

Kenzaburō Ōe

Kenzaburō Ōe en 2012.

Kenzaburō Ōe (1935-2023) pertenece a una generación de escritores educados en la literatura universal, entre los que también se encuentran Shōhei Ōoka y Kōbō Abe. Estos escritores eran conscientes de su responsabilidad de abrir Japón al mundo, y de abrir el mundo a Japón.

Kenzaburō Ōe, licenciado en literatura francesa, fue el segundo autor japonés en obtener el premio Nobel de Literatura, en 1994. Su discurso ante la Academia Sueca —«Japón, lo ambiguo y yo mismo»— fue muy parecido al de su predecesor —«Japón, la belleza y yo mismo»—, pero, en lugar del orientalismo estético de Kawabata, Ōe derrochó universalidad. Hizo referencias al pensamiento clásico japonés de Kawabata y recordó que ese budismo zen tenía su origen en China. Y mostró un profundo conocimiento de la cultura europea, dejando muy claro su enfoque universalista. Tampoco olvidó criticar una modernización que no acababa de llegar después de más de un siglo.

Sus obras se han ido desarrollando en paralelo a su experiencia personal: el nacimiento de su hijo con problemas cerebrales, al que ha conseguido convertir en un excelso compositor; su labor como activista frente a los problemas sociales, aprendiendo la difícil lengua de Okinawa en solidaridad con su gente, o denunciando los daños de la energía nuclear. Obras como Una experiencia personal (1964) muestran gran evolución en su estilo, debido mayormente a sus vivencias.

Ciencia ficción

Hoshi, Shin’ichi

Ficción de misterio

Tsutsui, Yasutaka

Década de 1980

Banana Yoshimoto

Década de 1990

Kawakami, Hiromi

Década de 2000

Haruki Murakami

Haruki Murakami (n. 1949) se integra, junto con Banana Yoshimoto, en la generación literaria de la «subcultura». Es catalogado como uno de los nombres más importantes en el surrealismo japonés. Su obra, traducida a más de cincuenta lenguas, es desconcertante. En sus novelas, la trama suele ser irrelevante e imprevisible. La novela que lo popularizó es Tokio Blues (1987), en la que se narra el proceso de maduración de Toru Watanabe, al son de la música de los años 1960, en especial los Beatles y su «Norwegian Wood» (a esa canción hace referencia el título original de la novela, Noruwei no mori, «Bosque de Noruega»), y de su amor hacia una bella suicida, Midori. Los personajes son antológicos, desde la inocencia pícara de Midori o la moribundez de su padre, hasta las diferencias entre los trágicos griegos Eurípides y Sófocles o las similitudes entre los médicos y pacientes del hospital psiquiátrico.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995) trata un tema parecido al de Hogueras en la llanura (1951) de Shōhei Ōoka, las difíciles condiciones vividas por los soldados y las secuelas que sufren después de participar en combate: el señor Honda, tras haber quedado casi sordo en la batalla de Jaljin Gol (1939) contra la Unión Soviética, al tiempo que la invasión alemana de Polonia daba origen a lo que sería la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), es sin embargo capaz de escuchar a los espíritus.

Véase también

Notas

  1. Kayoko Takagi, (2004). Prólogo a El cuento del contador de bambú. Madrid, Cátedra. ISBN 84-376-2183-6
  2. Rubio, C., (2007). Claves y textos de la literatura japonesa. Madrid, Cátedra. ISBN 978-84-376-24422-8
  3. Antología de la literatura japonesa. Selección e introducción de Michel Revon. Barcelona. Círculo de Lectores,2000. ISBN 87-226-7100-X
  4. Donald Keene, Dawn to the West: Japanese Literature of the Modern Era (Henry Holdt & Company, 1984), p. 9.
  5. 5,0 5,1 5,2 Orbaugh, Sharalyn. Bruce Fulton, Joshoua S. Mostow, ed. The Columbia Companion to Modern East Asian Literature; Part II Japan. Columbia University Press. ISBN 0231113145. 
  6. Smith, Ian. "Darakuron," an essay by Sakaguchi Ango. Translated with a critical essay by Ian Smith, Sakaguchi Ango and the Morality of Decadence (en inglés). Tesis doctoral; Universidad de Oregón. Archivado desde el original el 12 de febrero de 2006. Consultado el 7 de abril de 2006. «Sakaguchi Ango consideraba el final de la guerra como una oportunidad para que el pueblo japonés descubriera sus propias identidades subjetivas. Pero sostenía que la única manera de comenzar a lograrlo era descender hasta las profundidades mismas de la decadencia, con el fin de purificarse del código moral al que no solo se habían sometido, sino que habían abrazado activamente.»  Parámetro desconocido |estado-url= ignorado (ayuda)
  7. La introducción de Carlos Rubio a la obra Recuerdos, de Ozamu Dazai, es un excelente recuento de su obra y de esos momentos, (Satori, 2015), pp. 9-47.
  8. Donald Keene, Un occidental en Japón, en traducción de José Pazó (Nocturna, 2011, [1.ª ed. 2008]), pp. 264-265.
  9. Carlos Rubio, en la «Introducción» a Recuerdos, de Ozamu Dazai (Satori, 2015), pp. 11-12.
  10. Donald Keene, Un occidental en Japón, en traducción de José Pazó (Nocturna, 2011, [1.ª ed. 2008]), p. 267.

Referencias

Enlaces externos