Inteligencia
Una definición clásica de la inteligencia dice que es la capacidad de resolver problemas nuevos. En los dos últimos siglos, la inteligencia ha solido definirse dentro del campo cognitivo y se ha evaluado por sus capacidades cognitivas básicas como, por ejemplo, percibir, relacionar, aprender y argumentar.
Robert J. Sternberg es autor de una teoría de la inteligencia muy respetada en ambientes académicos. En su libro ¿Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas? alerta sobre una paradoja de la condición humana.
Para los informáticos, encabezados por Allen Newell, colega del economista Herbert Simon, la inteligencia es la aplicación de la información a la consecución de metas. Al filósofo José Antonio Marina, sin embargo, le parece «falso excluir de la inteligencia la elección de los objetivos. Inventar fines es la característica más propia de la inteligencia humana. Y si se equivoca en los fines se equivoca en todo».[1]
Inteligencia emocional[editar | editar código]
El concepto de inteligencia emocional, propuesto por Peter Salovey y popularizado por Daniel Goleman con su libro Inteligencia emocional (1995), hace referencia a cinco competencias fundamentales:
- El conocimiento de las propias emociones.
- La capacidad de controlar las emociones.
- La capacidad de motivarse a sí mismo.
- El reconocimiento de las emociones ajenas.
- El control de las relaciones.
Las dos primeras competencias recogen dos viejas ideas de la tradición clásica griega: conócete a ti mismo (Γνῶθι σεαυτόν) y no dejes que la pasión se adueñe de tu alma, tal y como, en el mito platónico, la razón es el auriga de un carro movido por caballos díscolos y desbocados, las pasiones.
Véase también[editar | editar código]
Notas[editar | editar código]
- ↑ Marina, 2004, p. 25.
Referencias[editar | editar código]
- Marina, José Antonio (2004). La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez. Anagrama.