Incendio
Un incendio es una ocurrencia de fuego no controlada que puede afectar o abrasar algo que no está destinado a quemarse. Se trata de un proceso fundamentado en una reacción química de oxidación fuertemente exotérmica, la cual se manifiesta visualmente a través de la emisión de calor, humo y llamas.
Tipos[editar | editar código]
Existen múltiples criterios de clasificación de los incendios.[1]
Según el combustible[editar | editar código]
En primer lugar, según la naturaleza del combustible, los incendios se dividen convencionalmente en distintas clases. Los incendios que involucran combustibles sólidos ordinarios que generalmente dejan brasas se agrupan en una clase, mientras que los referidos a líquidos inflamables o sólidos licuables conforman otra. También se diferencian aquellos que comprometen gases inflamables o metales combustibles.[1]
En Europa, según la Normativa Europea de clasificación de incendios en función del combustible (EN 2: 1992), los incendios se clasifican en cinco grupos.[2][3]
Clase A[editar | editar código]
Son los fuegos originados por combustibles sólidos, generalmente de naturaleza orgánica, cuya combustión se realiza normalmente con la formación de brasas, como la madera, tejidos, goma, papel y algunos tipos de plástico.
Clase B[editar | editar código]
Son los fuegos de líquidos o de sólidos licuables,[3] como el petróleo o la gasolina, pintura, algunas ceras y plásticos.
Clase C[editar | editar código]
Incendios que implican gases inflamables, como el gas natural, el hidrógeno, el propano y el butano.
Clase D[editar | editar código]
Incendios que implican metales combustibles, como el sodio, el magnesio, el potasio y muchos otros cuando están reducidos a virutas muy finas.
Clase F[editar | editar código]
Son los fuegos derivados de la utilización de aceites. Las altas temperaturas de los aceites en un incendio exceden con mucho las de otros líquidos inflamables, haciendo inefectivos los agentes de extinción normales.[4][5]
Según la forma del foco[editar | editar código]
Por la forma del foco de incendio, pueden clasificarse en incendios puntuales, lineales o difusos, dependiendo de cómo se distribuya inicialmente el fuego en el espacio.[6]
Según la superficie afectada[editar | editar código]
Según la superficie afectada, varían desde pequeños conatos que pueden ser controlados rápidamente, hasta siniestros de grandes proporciones que superan la capacidad de respuesta y requieren movilización superior.[6]
Según la forma de desarrollo[editar | editar código]
Por la forma en que se desarrollan, los incendios pueden ser catalogados en función de los elementos que limitan su crecimiento. Existen escenarios en los que el incendio está limitado por la cantidad de combustible disponible, mientras que en otros recintos cerrados el fuego puede estar condicionado fundamentalmente por la ventilación y la entrada de oxígeno fresco.[7]
Según el lugar de desarrollo[editar | editar código]
Según el lugar donde se desarrollan, distinguimos operativamente entre incendios de interior y de exterior.[8]
Incendio interior[editar | editar código]
Tienen lugar en el interior de los edificios, sin manifestarse al exterior. Sin aporte de oxígeno, consumen el del interior creando brasas y una elevada presión de gases tóxicos y combustibles.[8]
Incendio exterior[editar | editar código]
En el caso de los incendios en un edificio, son los que tienen manifestación visible al exterior del edificio. Son los que se producen en los materiales del exterior del edificio o los que se originan en el interior y se manifiestan con llamas al exterior por puertas o ventanas. Se alimentan por el oxígeno del aire exterior, por lo que se propagan rápidamente.[8] Los incendios forestales pueden considerarse un tipo de incendio exterior.
Según su magnitud[editar | editar código]
Finalmente, por su magnitud, los siniestros se categorizan a efectos del mando y control de la emergencia.[9]
Evolución[editar | editar código]
Todo incendio sigue un ciclo vital predecible que se divide en varias fases claramente diferenciadas, desde que surge la primera ignición hasta que se da por apagado de forma definitiva.[9]
Inicio[editar | editar código]
La fase de inicio ocurre cuando se conjugan los elementos del triángulo del fuego. En este momento, el fuego suele estar circunscrito a un área muy reducida y las temperaturas ambientales aún no han aumentado de manera crítica.[9]
Desarrollo[editar | editar código]
Si no se controla mediante primera intervención, el incendio pasa a la fase de desarrollo. En esta etapa, el fuego comienza a involucrar de manera paulatina mayor cantidad de combustible circundante. La acumulación de temperatura empieza a jugar un papel crucial en la gasificación de otros elementos cercanos.[9]
Propagación[editar | editar código]
Posteriormente, se entra en la fase de propagación, donde el incendio alcanza una alta intensidad y se extiende a lo largo de todo el espacio disponible. Es en esta fase cuando la dinámica del incendio obliga a un mayor despliegue de los servicios de emergencia para frenar su avance incontrolado.[9]
Extinción[editar | editar código]
Por último, cuando el combustible se agota o se aplican con éxito los agentes extintores adecuados, el incendio entra en la fase de extinción. La intensidad de las llamas disminuye progresivamente hasta apagarse. En la extinción de incendios, esto da paso a las labores de refrigeración final para evitar posibles reproducciones.[9]
Transmisión[editar | editar código]
Para comprender la dinámica de propagación de un incendio es fundamental analizar los mecanismos físicos mediante los cuales el calor se transmite de un cuerpo a otro, facilitando el avance del fuego.[9]
Conducción[editar | editar código]
La conducción es la transferencia de calor por contacto directo a través de la masa de un material sólido. La energía se transmite debido a la agitación molecular; las moléculas más calientes transfieren su energía a las contiguas más frías. Este fenómeno puede provocar que elementos con alta conductividad transporten el calor hasta iniciar focos en lugares apartados de las llamas originales.[10]
Convección[editar | editar código]
La convección es la transmisión de calor provocada por el movimiento ascendente de fluidos, ya sean líquidos o gases. Al calentarse durante la combustión, los gases y el aire se expanden, reducen su densidad y ascienden rápidamente, arrastrando inmensas cantidades de energía térmica que pueden propagar el incendio hacia las zonas superiores de las estructuras.[10]
Radiación[editar | editar código]
Por último, la radiación es la transferencia de calor mediante ondas electromagnéticas, principalmente infrarrojas, que no requieren de contacto ni de un medio material para propagarse. La enorme energía radiada por las llamas y los gases incandescentes es capaz de calentar los combustibles situados a distancia. Si dicha radiación es muy intensa, los objetos circundantes absorberán energía hasta alcanzar su punto de ignición, originando así nuevos frentes de fuego.[11]
Véase también[editar | editar código]
- Combustión
- Delito de incendio
- Incendio forestal
- Protección contra incendios
- Tormenta ígnea
- Triángulo del fuego
- Ecología del fuego
Notas[editar | editar código]
- ↑ 1,0 1,1 CEIS Guadalajara, 2015, p. 39.
- ↑ Norma europea EN 2:1992
- ↑ 3,0 3,1 Norma española UNE-EN 2:1994
- ↑ Norma europea EN 2:1992/A1:2004
- ↑ Norma española UNE-en 2:1994-A1:2005
- ↑ 6,0 6,1 CEIS Guadalajara, 2015, p. 40.
- ↑ CEIS Guadalajara, 2015, p. 41.
- ↑ 8,0 8,1 8,2 CEIS Guadalajara, 2015, p. 42.
- ↑ 9,0 9,1 9,2 9,3 9,4 9,5 9,6 CEIS Guadalajara, 2015, p. 43.
- ↑ 10,0 10,1 CEIS Guadalajara, 2015, p. 44.
- ↑ CEIS Guadalajara, 2015, p. 45.
Referencias[editar | editar código]
- CEIS Guadalajara (2015). Manual de incendios. España: Dirección General de Protección Civil y Emergencias.