Imperio almohade

De Enciclopedia Salmantina
Mapa del Imperio almohade a finales del siglo XII y principios del XIII.

El Califato almohade, fue un Estado musulmán dirigido por los almohades (الموَحدون, al-muwaḥḥidun, "los que reconocen la unicidad de Dios", o Banu ‘Abd al-Mu'min[1] (en árabe: بنو عبد المؤمن)), denominado por Occidente como Imperio almohade, que dominó el norte de África y el sur de la península ibérica desde 1147 a 1269.

El movimiento religioso almohade comenzó en el siglo XII con Ibn Túmart entre las tribus bereberes Masmuda en el Alto Atlas, pero el estado almohade y su dinastía gobernante, conocida como la dinastía de los Mu’miníes, fueron establecidos después de su muerte por Abd al-Mumin, originario de la tribu bereber Koumiya (Zanata). Los almohades tenían como objetivo derrocar a los almorávides, de origen sanhaya. Posteriormente, Abd al-Mu’min y su familia, tomaron el control y eliminaron a los ziríes y hammadíes del Magreb central y oriental. Finalmente, los almohades fueron derrocados por las dinastías bereberes de los meriníes o benimerines, ziyaníes y háfsidas del Magreb.

Su historia se compone de tres fases principales: una de expansión (1117-1163) que duró hasta la muerte del primer califa; otra de apogeo (1163-1199); y una tercera de decadencia (1199-1268) hasta su desaparición, primero en la península ibérica (1229) y luego en el norte de África (1268).[2]

Después de dominar el norte de África, enfrentando a la confederación de tribus bereberes de los masmuda con los lamtunas almorávides, desembarcaron desde 1145 en la península ibérica y trataron de unificar las taifas utilizando como elemento de propaganda la resistencia frente a los cristianos y la defensa de la pureza islámica. Por eso su yihad se dirigió por igual contra cristianos y musulmanes. En poco más de treinta años, los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Santarém, en el actual Portugal, hasta Trípoli en la actual Libia, incluyendo todo el norte de África y la mitad sur de la península ibérica.

Orígenes y lucha contra los almorávides[editar | editar código]

Ibn Túmart y el origen de los almohades[editar | editar código]

El lugar es el sitio de nacimiento de Abd al-Mu’min Ibn Ali, ubicado en el pueblo montañoso de Tajra, en la región de Tremecén.

Abu Abdalah Muhámmad ibn Túmart,[3] fundador del movimiento fundamentalista, había nacido en una tribu bereber, en Igliz, un poblado en la región montañosa del Sus, al sur de Marrakech, nunca bien sometida a los almorávides. Era un ambiente muy austero, donde Ibn Túmart destacó por su capacidad de estudio. Su padre era el jefe del poblado.[4] Hacia los 18 años, emprendió un largo viaje de quince años por el mundo árabe que lo llevó a Córdoba, La Meca, Damasco y Bagdad, entre otras grandes ciudades. De regreso a Sus, y habiendo adquirido una sólida formación religiosa y teológica, emprendió un movimiento de reforma religiosa apoyado en tres grandes pilares:

  • La necesidad de desarrollar la ciencia y el saber para consolidar la fe.
  • La existencia de Dios, que le parece indudable y se percibe a través de la razón.
  • La absoluta unidad de Alá, radicalmente distinto de cualquiera de sus criaturas. Criticará la costumbre típica del islam occidental de asociar lo divino con lo terreno, dotando a Alá de atributos antropomórficos. Dios es un ente puro, casi abstracto, sin ningún atributo que lo acerque a nuestra realidad. Esta unicidad absoluta se reflejaba también en su manera de entender la comunidad islámica, que debía estar dirigida por un imam, con carácter de guía y modelo, a quien todos deben obedecer e imitar.

Fundamentalmente, su movimiento era puritano y reaccionario, y abogaba por el cumplimiento estricto de las normas islámicas.[5] Él y sus partidarios se enfrentaron con los almorávides, que habían impuesto una rígida ortodoxia malikí, pero que apenas habían transformado las costumbres populares poco acordes con el Corán.

Hacia 1120 llegó a Marrakech. Allí provocó incidentes que llevaron a las autoridades a intervenir, sobre todo después de atreverse a dirigir agrias palabras a la hermana de Ali ibn Yusuf, Sura, y a otras mujeres que iban con ella porque, siguiendo el uso corriente, circulaban por la ciudad sin velo que cubriera su cara.[6] Los ulemas de la ciudad lo acusaron de peligroso agitador y fue expulsado de Marrakech por las autoridades almorávides con las que se había enfrentado, a pesar de las escasas diferencias doctrinales que tenía con estas. Entonces, Ibn Túmart se instaló en su región natal del Sus.[7] Allí predicó contra los almorávides y, a finales del 1121, sus seguidores lo reconocieron como mahdi («el [imam] guiado»), creencia de raíz ideológica chiita aunque también aceptada por el sunnismo, y llamó a todos los musulmanes a volver a las fuentes primeras de su fe, es decir, el Corán.[8][9] Poco después se trasladó a Tinmal, donde tuvo que repeler sucesivas campañas almorávides.[9]

Ibn Túmart se había erigido en jefe de un pequeño Estado montañés. Una región, el Sus, movida por una idea nueva, impulsada por un natural de la tierra. Era la lucha, no solo de dos concepciones religiosas, iguales en su esencia, pero distintas en sus matices, dentro del Islam bereber, sino de dos razas o confederaciones de tribus, de dos sistemas de vida, del monte contra el llano.[10] Si el imperio almorávide había tenido su arranque en el desierto, el almohade lo tendría en la montaña y, además, no sería extraño al suelo marroquí, sino nacido y crecido en él, alentado por la idea de la rebelión contra los extranjeros Sinhaya que detentaban el poder. Los Sinhaya velados y todos sus partidarios eran, para los almohades, extraños a la tierra donde habían impuesto su dominación. La actitud ofensiva de los almohades frente a los almorávides se presentaba, al mismo tiempo, como una oposición entre dos confederaciones de tribus, entre los habitantes de la montaña y los del llano, entre concepciones o teorías religiosas, entre costumbres, y entre lo indígena y lo extranjero.[11]

El movimiento de Ibn Túmart, religioso en sus principios y político ya, fue extendiéndose por las montañas, si bien no logró conquistar Marrakech, que atacó en el 1129-1130, sufriendo una gran derrota en la batalla de al-Buhayra.[9][12] Poco después, en agosto o septiembre de 1130, falleció Ibn Túmart, y lo sucedió al

La conquista de las montañas (1130-1145)[editar | editar código]

Fases de la expansión almohade.

Tras la muerte de Ibn Túmart, fue sucedido al frente del movimiento por su discípulo Abd al-Mumin.[13] Si bien fue Ibn Túmart el que creó la doctrina que otorgó cohesión y fundamento al nuevo movimiento religioso y político, fue su discípulo al-Mumin el que aportó el genio militar para convertirlo en un gran imperio.[14]

A la muerte de Ibn Túmart extiste ya, de hecho, un Estado almohade frente al Imperio almorávide. Al-Mumin tuvo complicado hacerse aceptar por todos los seguidores del difunto Ibn Túmart y solo lo logró en el 1133.[13] Durante este tiempo, se ocultó el fallecimiento del fundador del movimiento almohade.[15] Para entonces, los almohades se habían apoderado ya de parte del Alto Atlas.[12]

En el 1132, Abd al-Mumin dirigió su primera campaña militar, contra las tribus de la región del río Draa, al sur del Gran Atlas.[16] Aunque se desconoce su resultado, se sabe que, ese mismo año, a su regreso a Tinmel, fue proclamado califa, quedando así declarada sin ambages la lucha oficial entre dos poderes, el almohade y el almorávide.[16] Los primeros años de su reinado fueron de redoblamiento de las correrías contra los almorávides.[12] Los almohades consiguieron apoderarse del alto Sus.[17]

Mapa físico de Marruecos.

A continuación tuvo lugar la decisiva campaña de siete años (1139-1146) que concluyó con la derrota total de los almorávides.[17] La primera derrota de estos les privó de casi toda la Tadla.[18] Incluso algunos grupos de bereberes sinhaya (también llamados cenhegíes) de la montaña se pasaron a las filas almohades, haciendo caso omiso de los lazos de parentesco que los unían a los sinhaya del desierto.[19] Hasta entonces los choques no dejaron un claro vencedor: mientras que los almohades se extendían sin freno por las montañas, los almorávides seguían controlando las llanuras.[20] La lucha contra los almohades quedó a partir de 1139 en manos del nuevo heredero al trono almorávide, Tasufín ben Alí ben Yúsef, que había sustituido como tal a su hermano Sir, fallecido.[21] Manteniéndose en las montañas, los almohades avanzaron por los valles del Atlas Medio y lo sometieron hasta la línea del Muluya.[18] A finales de 1141 habían dominado la mayor parte del Atlas Medio y gran parte de la zona de los oasis, incluido Tafilalet.[18] Los almorávides perdieron el contacto con su región de origen, el Sahara.[18]

Hacia el 1142-1143, los almohades alcanzaron los alrededores de Tremecén, donde se les unió la tribu Kumiya, a la que pertenecía Abd al-Mumin.[20] En el 1142, se apoderaron de gran parte del Rif, el Marruecos septentrional montañoso, aunque sin infligir grandes derrotas al enemigo.[22]

El descenso al llano (1145-1147)[editar | editar código]

El año decisivo de la contienda fue el de 1145.[12] En febrero de ese año, murió defendiendo Orán Ben Alí; los almohades conquistaron inmediatamente la ciudad.[20][23] Luego hicieron lo mismo con Uchda y Guercif.[23] Seguidamente, el califa se volvió hacia el occidente para conquistar por fin las ciudades de las llanuras.[20] Cayeron en sus manos Fez, Mequinez, Salé y Ceuta en mayo del 1146.[23] El almirante de la flota enemiga se pasó a sus filas.[23] En junio comenzó el asedio a Marrakech, que fue tomada por los almohades en marzo de 1147.[20][23] El emir almorávide pereció en los combates.[23] Mientras se verificaba el sitio de Marrakech, los almohades perdieron varias importantes ciudades (Ceuta, Tánger, Salé y Algeciras), fundamentalmente por alzamientos contra ellos,[23] pero serían recuperadas un año más tarde.[23]

El resto del año de 1147, al-Mumin se dedicó a purificar la ciudad y aplastar una revuelta en el Sus, aunque no dejó de enviar un pequeño contingente al Ándalus, donde los Estados cristianos estaban realizando importantes conquistas.[20]

Expansión por la península ibérica[editar | editar código]

La capital del al-Ándalus almohade fue Sevilla. A la izquierda de la imagen, la Torre del Oro, fortificación albarrana cuyo primer cuerpo es una construcción almohade de 1221.[24]

La petición de auxilio del señor de la taifa de Mértola en septiembre-octubre de 1145 impelió al califa a enviar un primer contingente militar al Ándalus en la primavera del año siguiente.[23] Alfonso VII de León, que a la sazón sitiaba a un general almorávide en Córdoba, abandonó el cerco al conocer la noticia en mayo.[23] También durante la primavera, el almirante de la flota almorávide, que se acababa de pasar a las filas almohades, sometió a Cádiz a la autoridad del califa.[23] Al tiempo que acaecía el largo asedio de Marrakech, varios señores andalusíes más aceptaron la autoridad del califa almohade, lo que luego facilitó la conquista de la península.[25]

El enviado del califa, un antiguo almorávide, pasó en la primavera del 1147 a la península ibérica donde, cooperando con las fuerzas del señor de Mértola, que se había alzado contra los almorávides, consiguió someter Jerez, Niebla, la propia Mértola y Silves en el Algarve, Beja y Badajoz.[26][25] En enero de 1148, las fuerzas almohades y sus coligados conquistaron Sevilla.[27][25] Los almorávides se encastillaron en Carmona.[25] Una gran rebelión de las tribus del Sus y del Atlas occidental, que se extendió a Ceuta, Tánger y Siyilmasa, detuvo temporalmente la expansión.[27][28] No solo gran parte del Magreb marroquí se alzó contra el califa, sino que también lo hicieron los territorios andalusíes que se le habían sometido, salvo Ronda y Jerez.[28] El acoso de Alfonso VII al general almorávide Yahya ibn Ganiya, al que hizo pagar tributo, impelió a este a acordarse con los almohades.[28] A cambio de su auxilio, les cedió Córdoba y Carmona.[28] Alfonso intentó nuevamente conquistar Córdoba, pero la llegada de socorros venidos del Magreb, de Niebla, Ronda y Jerez le hicieron retirarse.[28]

En mayo y a pesar del sostén ofrecido a los rebeldes por el gobernador almorávide de Córdoba, el califa logró sofocar el levantamiento.[27] En 1150, la autoridad califal de al-Mumin fue reconocida por los señores de Ronda, Jerez, Badajoz, Tavira, Beja, Évora y Niebla.[28] El califa ordenó después una depuración de la administración para eliminar los abusos, pero también una gran purga de las tribus en la que perecieron unas treinta mil personas, tenidas por desafectas.[27] En 1153, los almohades se apoderaron de Málaga; en los años siguientes, de Granada; en 1157, de Almería y en 1157-1158, dominaron completamente el Algarve.[29] Al tiempo, los Estados cristianos peninsulares aprovecharon la contienda para extenderse hacia el sur, y conquistaron importantes plazas como Lisboa, Lérida o Tortosa.[29] La ardua conquista andalusí quedó en todo caso en manos de generales y gobernadores, mientras el califa se dedicaba a sojuzgar el Magreb.[30] La capital del Ándalus almohade fue Sevilla y en tiempos de la expansión por el Magreb oriental el gobernador de los territorios peninsulares era el hijo y sucesor del califa, Abu Yaqub.[30]

A finales de la década de 1150 (1157-1160), los almohades sufrieron otra serie de graves reveses en el Ándalus: los rebeldes dominaban Carmona, Écija, Úbeda, Jaén y sitiaban Córdoba, amenazando a Sevilla, donde se encontraba el gobernador.[31]

Conquista del Magreb central y oriental[editar | editar código]

Mezquita Kutubía de Marrakech, capital del Imperio almohade.

Dominado ya casi el Ándalus (antes de los reveses de 1157-1160), el califa al-Mumin emprendió dos campañas en las que conquistó el resto del Magreb que aún no estaba en su poder.[14] La primera la realizó en el 1152-1153 contra los hamadíes, de cuyo territorio se apoderó.[14] Argel y otras localidades cayeron en sus manos sin apenas tener que combatir.[32] Aunque se rebelaron algunas tribu, el califa las derrotó, asegurando así el dominio de la región.[33]

En 1153-1155, al-Mumin proclamó a su hijo sucesor,[34] lo que precipitó el levantamiento de diversos grupos contra este intento de fundar una dinastía.[35] Al-Mumin aplastó a los rebeldes con la ayuda de los grupos árabes recién sometidos.[35] Derrotó a las cinco tribus que habían constituido hasta entonces el núcleo del movimiento: la Hintata, Tinmal, Ganfisa Gadmiwa y Harwa.[36] Los jeques masmudíes, tan importantes en los primeros tiempos del movimiento, quedaron relegados a un segundo plano durante el reinado de los primeros califas de la dinastía de Abd al-Mumin,[34] aunque recobraron parte de su poder después, con la crisis del Estado.[37] Arrumbados los masmudíes, al-Mumin se sostuvo gracias al respaldo de su propia tribu, la Kumiya,[38] y de los grupos árabes.[39] Creó además un nutrido grupo de funcionarios menores, los hafices, fundamentalmente de origen árabe y versados en la doctrina almohade, que sustituyeron a los jefes bereberes en la nueva administración estatal.[40] A partir de entonces comenzó además a entregar gobiernos provinciales a algunos de sus hijos, en general acompañados de algún notable almohade.[41]

En la siguiente campaña por la región, acometida en el 1159-1160, se adueñó de Ifriqiya, alcanzó Trípoli y eliminó la presencia cristiana en la zona, que había expulsado de ella a los ziríes y se había extendido por la costa.[42][43] Arrebató a Roger II de Sicilia la ciudad de Mahdía, que este había conquistado en el 1147-1148, el 21 de enero de 1160.[44][45] Aprovechó estas conquistas para añadir a sus fuerzas soldados de las tribus árabes que habitaban la región desde el siglo anterior.[46] La amenaza normanda en la zona fue la que llevó al soberano almohade a partir de Marrakech para acometer una ofensiva en ella.[47]

Apuros en el Ándalus y revueltas en el Magreb[editar | editar código]

Califas almohades

En noviembre del 1160, el califa pasó al Ándalus para coordinar con sus lugartenientes la gran campaña de sumisión del territorio.[48] El califa pasó dos meses en la península, organizando su gobierno, antes de regresar al Magreb en enero del 1161.[49] Si a finales de 1161 los almohades recuperaron Carmona, al año siguiente perdieron Granada, entregada por uno de sus habitantes judíos a sus enemigos debido al descontento que cundía entre la población hebrea por la conversión forzosa al islam que habían impuesto los magrebíes.[50] Los andalusíes derrotaron en sus alrededores a las fuerzas que acudieron para recuperar la plaza, pero la perdieron ante un gran ejército enviado con el mismo fin en julio.[51]

La principal tarea del califa en el 1162 fue preparar la gran expedición que pensaba acometer en la primavera del año siguiente, y para la que reunió una gran flota.[52] Al-Mumin falleció en Salé en mayo del 1163,[52] cuando aprestaba tropas para realizar una campaña en la península ibérica.[53] Poco antes había decidido cambiar de heredero: Muhámmad, tenido por disoluto, dejó el puesto a su hermano Abu Yaacub Yúsuf, que había acudido a Marrakech.[54][55]

Abu Yaacub Yúsuf heredó el trono, pero tuvo dificultades para sostenerse en él, y tuvo que afrontar levantamientos de los Gumara (en torno a Ceuta, en el 1167) y estabilizar la situación en el Ándalus.[56] Únicamente superados estos apuros asumió el título de amir al-mu'minin, en el 1168.[57][58] En 1165 y tras aplastar una revuelta bereber en su contra, pudo enviar tropas a la península ibérica, que obtuvieron una serie de victorias.[59]

Los avances portugueses entre 1165 y 1169 (conquista de Trujillo, Cáceres y Évora [1165]; de Badajoz [1169]) hicieron que Fernando II de León se coligase con los almohades y los ayudase a recuperar Badajoz.[60]

En junio del 1169 hubo un ultimátum almohade a los señores andalusíes para que se sometiesen definitivamente al califa. Ese mismo año, el califa se reunió con sus gobernadores andalusíes para preparar por fin una campaña dirigida en persona por el califa en la península.[61] La larga enfermedad, de septiembre de ese año a noviembre del siguiente, le impidió hacerlo como estaba previsto, por lo que delegó el mando de algunas fuerzas en uno de sus jeques, que pasó a la península en julio del 1170, socorrió Badajoz y luego acudió a enfrentarse a Ibn Mardanís en la primavera del 1171.[62] Los almohades tomaron Quesada y volvieron ante Murcia.[62] Al poco Lorca, Elche, Almería y Alcira se rebelaron contra Ibn Mardanís y se entregaron a los almohades.[62] La llegada de un nuevo ejército almohade el 8 de junio, esta vez al mando del califa, desbarató los intentos de Ibn Mardanís y su hermano —señor de Valencia— de recuperar Alcira.[63]

Enl 1171, el califa Abu Yaacub Yúsuf regresó al Ándalus, donde permaneció hasta en 1176; durante su estancia emprendió varias campañas de escaso éxito.[64] En la primera, realizada en julio del 1171, parte del ejército corrió las tierras toledanas, mientras el califa y el grueso de sus huestes permanecían en Córdoba.[65] En septiembre volvió a Sevilla, donde se encargó de atender los asuntos gubernamentales andalusíes.[65] Mientras, uno de sus hermanos continuaba el acoso a Ibn Mardanís.[65] Este, abandonado de todos, accedió a someterse al califa, pero murió antes de poder hacerlo, en marzo del 1172.[66] Sus familiares, que en el último momento se habían alzado contra él, se reconciliaron con los almohades y recuperaron parte de sus señoríos (Valencia, Denia, Játiva o Alcira).[66] Abu Yaacub Yúsuf, sin embargo, asentó a parte de sus tropas, tanto bereberes como árabes, en la región.[66]

Sometido el Levante, el ejército almohade se volvió contra los castellanos, que oficialmente estaban en paz con el califa, pero que privadamente habían combatido como mercenarios a sueldo de Ibn Mardanís.[67] Pese a la conquista de Vilches y Alcaraz a finales de junio del 1172, la campaña no tuvo mucho éxito.[67] Tras cruzar la frontera castellana, el ejército sitió infructuosamente Huete durante diez días en julio, con notable desinterés del califa por la suerte de los combates.[68] Abandonado el asedio,[69] el ejército partió a socorrer Cuenca, cercada por los cristianos desde hacía cinco meses, y logró desbaratar el cerco.[70]

En el 1173 los almohades abordaron sendas incursiones contra Talavera y Toledo y firmaron una tregua con Portugal y Castilla.[71] Entre 1174 y 1178, los almohades estuvieron en guerra con los leoneses.[71] En 1174, despojaron a los leoneses de Alcántara y de gran parte de los territorios al sur del Sistema Central y asediaron en vano Ciudad Rodrigo.[72]

En el 1176 el califa retornó al Magreb, azotado por una epidemia de peste que se extendió al Ándalus.[71] Al año siguiente los castellanos atacaron Cuenca y los almohades, Talavera.[71] Cuenca cayó tras nueve meses de asedio,[72] en octubre.[71] Al caducar la tregua, Alfonso I de Portugal ordenó incursiones en tierras de Sevilla en 1178.[71]

Revueltas en Ifriqiya y enfrentamiento con los Banu Ganiya[editar | editar código]

El califa Abu Ya'qub Yúsuf también tuvo que realizar una campaña por Ifriqiya que, al ser una provincia lejana, tendía a la rebeldía.[73][71] La provincia, lejana del centro político, fue un foco continuo de problemas para el imperio y acabó con el tiempo en manos de una dinastía local, los hafsíes.[74] En el 1180, una nueva rebelión en Gafsa en la que murió el gobernador almohade desencadenó otra intervención del califa.[75] Tras esta campaña, de escaso éxito pues muchas tribus continuaron hostigando a los almohades, nuevos contingentes árabes pasaron al Magreb occidental, para participar en la guerra santa en la península ibérica.[76]

A finales de septiembre del 1183, comenzaron a reunirse las huestes que debían pasar a la península ibérica para detener los avances portugueses.[77] En mayo del 1184 el ejército cruzó el estrecho.[77] Abu Yaqub Yúsuf falleció en julio, en el cerco de Santarém.[64]

Tras la muerte de Abu Yaqub Yúsuf, lo sucedió su hijo, Abu Yúsuf Yaqub al-Mansur (r. 1184-1199).[78][79][80] La proclamación de este como soberano y califa aconteció en Sevilla,[81] y luego se confirmó en Marrakech, sin oposición alguna.[78] Hombre piadoso, más inclinado a la escuela zahirí que a la predominante malikí, fue perdiendo la devoción por el fundador del movimiento almohade, tendencia que culminó luego en su hijo, que abandonó el credo de Ibn Túmart.[82] Su religiosidad le hizo perseguir la filosofía y la lógica y ordenar la destrucción de las obras dedicadas a estas materias.[83] Al final de su reinado obligó además a los judíos a vestir de manera especial, para que se los distinguiese.[83][nota 3]

Al-Mansur puso fin inmediatamente a la campaña militar y regresó con el ejército al Magreb.[78] Como habían hecho su padre y su abuelo, siguió incorporando contingentes árabes al ejército y, como había hecho ya su padre, incluyó también soldados de origen turco.[78] Con este soberano el imperio alcanzó su apogeo, si bien el reinado estuvo cuajado de problemas, principalmente la crisis en el Ándalus y la rebelión de Ifriqiya, fomentada por los Banu Ganiya,[84][85] descendientes de los desaparecidos soberanos almorávides.[86][87] Los problemas magrebíes hicieron que, pese a los apuros que pasaban sus partidarios andalusíes por las acometidas portuguesas y castellanas, el califa no pudiese pasar a la península hasta el 1190.[85]

El 22 de mayo de 1185, Ali ibn Ishaq ibn Ganiya tomó Bugía.[88][87] Por la misma época, Qaraqus, un soldado mameluco de un sobrino de Saladino, se apoderó del Fezán y luego del Yebel Nefusa.[86] Ambos unieron fuerzas contra los almohades.[89][90] Con ayuda de algunas tribus árabes, los Banu Ganiya se hicieron luego con Argel, Asir, Miliana y Qal'a.[89][87] Perdieron Bugía a los siete meses de conquistarla,[87] recuperada por una flota almohade pero, junto con Qaraqus, conquistaron otras plazas: Gabes, Gafsa.[91] Qaraqus conquistó Trípoli.[92][90]

Para acabar con la rebelión, al-Mansur partió hacia la provincia desde la capital imperial en diciembre de 1186.[93][90] Parte del ejército resultó vencido en junio del 1187 cerca de Gafsa.[94] El califa a continuación batió a los enemigos el 14 de octubre, cerca de Gabes.[95] A continuación, fue sometiendo todas las ciudades de la región que estaban en poder de la liga enemiga.[96][90] El éxito de la campaña fue, no obstante, temporal, y no acabó con las acciones enemigas, que continuaron.[97] A finales de la década del 1190, la región se hallaba nuevamente en rebelión y en parte en poder de los Banu Ganiya, Qaraqus y sus aliados árabes.[97][98]

Concluida la campaña en el este, el soberano almohade hubo de aprestarse a pasar al Ándalus para hacer frente a las incursiones portuguesas y castellanas, cada vez más graves.[90] Alfonso VIII de Castilla seguía con sus cabalgadas por el sur peninsular y en junio del 1190 se adueñó de Magacela.[99]

Resistencia y descalabro en el Ándalus (1190-1213)[editar | editar código]

Tras las campañas en el Magreb, el califa pudo pasar por fin al Ándalus en la primavera de 1190.[85][90] Firmó una tregua con los castellanos y, al tener una vigente con los leoneses, se dedicó a combatir a los portugueses.[100] Los portugueses se avinieron entonces a firmar una tregua.[100] En octubre del 1191 y tras firmar treguas, que debían durar hasta el 1195, con castellanos y leoneses, volvió al Magreb.[85]

Abu Yúsuf Ya'qub retornó a la península ibérica en junio de 1195, porque había caducado la tregua firmada con los castellanos y estos habían retomado con decisión sus incursiones.[98] Infligió a los cristianos una aplastante derrota en la batalla de Alarcos el 18 de julio; el rey castellano no esperó a los refuerzos navarros y leoneses prometidos, atacó a los musulmanes y resultó derrotado.[81][85][69] Las fuerzas almohades se apoderaron de Alarcos y de una serie de plazas cercanas.[101][nota 4] El califa se negó a hacer la paz con los castellanos, y realizó aceifas contra ellos en 1196 y 1197.[102][69] Contó con la colaboración de los leoneses y con los ataques simultáneos de Navarra y Aragón contra Alfonso.[101][69] En la primera campaña, tomó Montánchez, ocupó Trujillo y Santa Cruz y rindió Plasencia.[101][69] No pudo, sin embargo, tomar Talavera, Maqueda ni Toledo.[82] En el 1197 realizó una cabalgada similar, aunque algo más extensa (llegó a pasar por las tierras de Madrid, Alcalá de Henares, Guadalajara y Cuenca, antes de regresar por Jaén).[82][69] Las incursiones almohades sirvieron principalmente para eliminar los puestos avanzados castellanos en La Mancha, ya que en el Tajo se les resistieron muchas plazas.[69] La actividad de los Banu Ganiya le impelió finalmente a pactar con los castellanos, aunque no con los leoneses, abandonar la campañas y volver a Sevilla.[103] De allí pasó de nuevo al Magreb en abril del 1198, ya enfermo, donde murió en enero del año siguiente.[81]

Ascendió al trono califal su hijo Muhámmad an-Násir (r. 1199-1213),[81] durante cuyo reinado quedó patente la incapacidad almohade para enfrentarse a la vez a los Estados cristianos peninsulares, a sus rivales magrebíes y a las revueltas en su territorio.[81] En el 1200, en Ifriquiya los almohades solo conservaban Túnez y Constantina, el resto del territorio había quedado sometido a los Banu Ganiya.[83] Para resolver el problema, las autoridades del califato decidieron atacar el territorio balear del enemigo: en 1202 enviaron una flota que se hizo con Ibiza; al año siguiente, conquistaron Mallorca.[104] Esto no desanimó a los Banu Ganiya, que continuaron sus avances en el Magreb oriental: en diciembre de 1203, despojaron a los almohades de Túnez.[105] En febrero de 1205 el califa partió al frente de un ejército que infligió una grave derrota a Yahya ibn Ganiya en octubre; este tuvo que abandonar Túnez y otras ciudades y concentrar sus fuerzas en la defensa de Mahdía que, pese a todo, perdió el enero del 1206.[105] El nuevo gobernador almohade, al que se concedieron amplísimos poderes para acabar con los restos de los Banu Ganiya, fue el antepasado de la dinastía hafsí que luego se hizo con el poder en la región.[105]

Batalla de Las Navas de Tolosa, de Van Halen. Palacio del Senado (Madrid).

En la península, las treguas se respetaron fundamentalmente hasta finales de la primera década del siglo XIII. En mayo del 1211 el califa pasó a Sevilla y fue debelado al año siguiente en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) por una amplia coalición cristiana.[106][107] Esta derrota marcó la extensión de la debilidad en el califato.[81] A los cristianos, les permitió retomar la repoblación de la submeseta sur, encargada, al igual que la defensa de la zona, a las órdenes militares.[108][nota 5] La victoria cristiana no tuvo grandes efectos inmediatos, no obstante, debido a la crisis en la que se sumieron Castilla y Aragón casi de inmediato, con la muerte de sus reyes y el advenimiento de menores de edad.[110][nota 6] Muhámmad an-Násir volvió enseguida al Magreb tras el descalabro,[111] se encerró en el alcázar real y fue asesinado en él por sus cortesanos a finales de 1213.[112] Le sucedió un hijo de corta edad, Abu Yaqub Yúsuf II al-Mustánsir (r. 1213-1224), que hubo de hacer frente a la pujante amenaza bereber de los benimerines.[112]

Apogeo[editar | editar código]

A principios del siglo XIII había conseguido alcanzar su máxima expansión territorial con la sumisión del actual territorio tunecino y la conquista de las Baleares.

Decadencia[editar | editar código]

Abu Yaqub II al-Mustánsir (r. 1213-1224) logró apaciguar la situación y es considerado el último gran soberano del imperio.[113] En realidad, carecía de poder, no abandonó la capital salvo para visitar la tumba de Ibn Túmart, el fundador del movimiento almohade, y dejó la gestión del Estado en manos de sus tíos, tíos abuelos y algunos notables almohades, dedicados más a intrigar que a afrontar la grave crisis del califato.[114] Al-Mustánsir relevó a diversos gobernadores andalusíes y firmó treguas con los castellanos en 1214 y 1221; el reino cristiano pasaba por entonces por la minoría de dos reyes (Enrique I y Fernando III).[115][116] Las treguas en realidad solo se respetaban en parte.[116] Tuvo que aplastar revueltas bereberes y enfrentarse a los Banu Ganiya en los límites de Ifriqiya.[117] La principal amenaza para la dinastía, sin embargo, provino de los benimerines, bereberes cenetes que en el 1216 derrotaron al gobernador de Fez y en el 1217 al de Taza.[117] Fueron extendiendo su autoridad por las zonas rurales y a cobrar tributos a algunas ciudades (Fez, Mequinez, Rabat).[117]

Falleció en 1224, poco antes de la reanudación de las incursiones castellanas en el Ándalus.[118] Su poder, sin embargo, había menguado respecto del de sus predecesores.[119] Murió quizá envenenado y no dejó hijos.[119]

Luchas por el poder y califas efímeros[editar | editar código]

Al morir sin descendencia, Abu Yaqub II al-Mustánsir fue sucedido por su tío abuelo al-Wáhid al-Majlú,[120] efímero gobernador de Sevilla en el 1121-1122, durante cuyo reinado se agudizó la decadencia almohade, tanto por las disensiones internas como por la expansión de los benimerines, que desde comienzos de siglo señoreaban las zonas rurales del Magreb.[113][81] Su advenimiento quebró la tradicional sucesión de padres a hijos típica de la dinastía, lo que desencadenó la ambición de otros miembros de la familia.[117] El que debiese el trono a uno de los visires también otorgó a estos gran influencia en la política del califato.[121] En septiembre, tras tan solo ocho meses en el poder, fue depuesto y a los tres días, estrangulado.[122] Los gobernadores andalusíes trataron de afianzarse en sus provincias y sacudirse el control magrebí.[123] El derrocamiento de al-Wáhid marcó el comienzo de las disputas por el poder entre los hijos del antiguo califa Abu Yúsuf Yaacub.[124] A mediados de esa década, al resurgimiento del poder de los Estados cristianos peninsulares por la solución de las crisis surgidas la década anterior se unió la agudización de la crisis almohade, caracterizada por las diferencias entre almohades peninsulares y magrebíes, entre andalusíes y almohades y entre grupos almohades en la península.[125]

En marzo de 1224, se rebeló el gobernador de Murcia, al-Ádil, al que al-Mustánsir había nombrado en 1222 retirándole el gobierno de Granada.[123][124][125] Se proclamó califa y obtuvo el reconocimiento de su hermano Abu l-‘Ula, gobernador de Córdoba y Granada, el de Abdalah al-Bayyasi, gobernador de Sevilla, y el del resto de los territorios musulmanes de la península, a excepción de Valencia, que siguió fiel al efímero al-Wáhid.[123][126][127] Al-Wáhid fue destronado al poco y al-Ádil reconocido por corto tiempo en todo el imperio.[123][119] A finales de año, no obstante, al-Bayyasi (el Baezano) se alzó contra él desde su nuevo feudo en Córdoba y obtuvo el respaldo de Jaén, Quesada y las plazas fuertes de la frontera media.[123][128] Ante este alzamiento, al-Ádil, que en principio había permanecido en la península a pesar de haber sido reconocido soberano también en el Magreb, la abandonó y pasó a África, donde murió asesinado en octubre del 1226.[119] Para sostenerse contra Abu l-‘Ula, el baezano suscribió un pacto con Fernando III de Castilla, que le auxilió a cambio de la entrega de algunas plazas fuertes; en el 1226, fue, empero, asesinado por su alianza con Castilla.[128] Los castellanos se apoderan de Capilla y Baeza.[128]

Abu l-‘Ula, hermano del califa y gobernador de Sevilla, se proclamó a su vez califa en 1227,[128] veinte días antes del asesinato de al-Ádil, con el nombre de al-Mamún.[123][124][129] Para tratar de evitar los ataques castellanos, les pagó trescientos mil maravedíes de plata.[128] Ibn Hud se rebeló contra él, pero fue derrotado, aunque este revés tuvo escasa consecuencias.[128] El califa andalusí luego se aprestó a pasar al Magreb y, en previsión, amplió el pacto con el rey castellano, al que cedió varias fortalezas fronterizas más.[130] Pasó[128] al Magreb un año después de su proclamación como soberano, en octubre del 1228, para tratar de imponer su dominio en el imperio, pues en África regía un sobrino suyo, al-Mutásim, al que arrebató el poder.[123][124][129] Su marcha marcó el fin del poder almohade en la península ibérica, salvo en algunos núcleos aislados, que pierden el contacto con el Gobierno central.[124][131] El vacío lo ocupó Ibn Hud, que extendió su influencia por al-Ándalus.[130]

Al tiempo que Fernando avanzaba en el Ándalus y sometía a vasallaje a los principales rebeldes al poder almohade —los señores de Baeza y Valencia—, se extendían las sublevaciones en la península.[132] La principal fue la del nuevo señor de Murcia, Ibn Hud, que reconoció la autoridad religiosa de los califas abasíes de Bagdad y obtuvo el respaldo de Córdoba, Jaén, Sevilla[124] y Granada.[132] En el extremo oriental, la nobleza y burguesía catalanas decidieron acabar con el foco de piratería que suponían las Baleares.[133] En septiembre del 1229, partió la expedición de conquista de Mallorca, que cayó el último día de diciembre.[133] El resto de la isla, sin defensas militares, fue ocupado con facilidad.[133] En el 1231 Menorca se avino a pagar tributo a Jaime I el conquistador y en el 1235 un grupo de nobles catalanes se adueñaron de Ibiza.[133]

En 1232 Muhámmad I de Granada, conocido como al-Ahmar, se proclama emir en Arjona, Jaén, Guadix y Baza. En 1237 es reconocido como emir en Granada. Un ejército formado por fuerzas de las órdenes militares y del obispo de Plasencia puso sitio a la ciudad de Trujillo; Ibn Hud acudió a la petición de socorro, pero se retiró sin hostigar a los sitiadores, y la ciudad fue conquistada en enero de 1232.[134]

En el norte de África[editar | editar código]

Dírham de plata almohade.

En el norte de África, ostentaron el menguante poder otros cinco califas: al-Mamún (1229-1232), al-Rashid (1232-1242), as-Saíd (1242-1248), al-Murtada (1248-1266) y Abu Dabús (1266-1269).[131] La crisis política y militar se agudizó por las debilidades del Estado almohade: una doctrina religiosa que chocaba con los dictados malikíes, cuando eran los letrados de esta escuela los que llevaban el peso de la Administración estatal; gran diversidad cultural; arrumbamiento de los bereberes, primer sostén de los almohades que luego quedaron relegados por los árabes y por ello se rebelaron repetidamente y formaron el núcleo de dos dinastías rivales (benimerines y abdalwadíes).[131]

Tras la invasión de Berbería Oriental de los hermanos Alí y Yahia ben Ghania, descendientes de los almorávides que Abd el-Mumin había desposeído después de atravesar Argelia victorioso. Los dos hermanos habían establecido un principado en el Djerid; Alí fue asesinado, pero su hermano Yahia comenzó la conquista del centro y norte de Ifriqiya. Se las arregló para apoderarse de Mahdía, de Cairuán y de Túnez en 1202. Ben Ghania saqueó las ciudades, sus jardines y sus animales. Ante esta situación, el califa an-Násir, que reinaba en Marrakech, partió a la reconquista de Ifriqiya. Entró en febrero de 1206, en Túnez, abandonado por el enemigo, y permaneció allí un año para restablecer la autoridad almohade en todo el territorio. Entonces, antes de regresar a Marruecos, le confió el gobierno de la provincia a uno de sus lugartenientes de confianza, Abd el-Wáhid Abu Hafs el-Hentati (forma arabizada del nombre bereber Faska u-Mzal Inti).

El nuevo gobierno había sido investido de amplios poderes: reclutó tropas que eran necesarias para la paz y para la guerra, designó funcionarios del Estado, los cadis. Fue un soberano inteligente y enérgico. Después de su muerte, su hijo Abu Zakariya lo sucedió en 1228 y un año después de su nombramiento, se declaró independiente del califa de Marrakech, con el pretexto de que había abrazado el sunnismo. Abu Zakaria fundó la dinastía háfsida que gobernó el Magreb oriental durante tres siglos.

El final[editar | editar código]

Torre de Espantaperros, en la alcazaba de Badajoz.

El territorio imperial quedó repartido en una serie de Estados regidos por nuevas dinastías: benimerines, hafsíes, nazaríes y abdalwadíes.[112] En la Península, el fracaso militar ante los Estados cristianos y la incapacidad almohade para mantener la unidad por la fuerza sellaron la pérdida de la autoridad; en el este del Magreb, el poder de los jeques, sostenidos por las poderosas tribus árabes de la zona, llevó al surgimiento de los hafsíes; en la zona central, surgieron los abdalwadíes, bereberes; en la zona occidental, fueron benimerines, también bereberes, los que despojaron del poder a los almohades.[135]

En el Magreb, se impusieron las dinastías locales: los hafsíes en Túnez en 1229; los abdalwadíes en el Magreb central en 1239; o los meriníes, que en 1244 conquistaron Mequinez, situada en el oeste del Magreb. En el Ándalus, surgieron los terceros reinos de taifas;[136] de estos, el único que perduraría sería el reino nazarí de Granada, hasta 1492. Al mismo tiempo, los cristianos avanzaban en sus conquistas: Córdoba cayó en 1236; Valencia, en 1238; Sevilla, en 1248. Murcia, por su parte, se integraba en 1243 como protectorado en la Corona de Castilla y era definitivamente conquistada en 1266. La dinastía almohade termina con Abû al-`Ulâ al-Wâthiq Idrîs, después de la toma de Marrakech por los benimerines en 1268.[137]

Arquitectura[editar | editar código]

Antiguo alminar de la mezquita mayor de Sevilla.

La arquitectura almohade es sencilla y austera. Algunas de sus principales realizaciones se localizan en Sevilla, ciudad en la que, a pesar de la prosperidad vivida durante el Renacimiento y el Barroco, al fin fueron sus monumentos de época almohade los que permanecieron hasta nuestros días como emblema ciudadano. De la mezquita mayor de la ciudad, de la que solo se conserva su alminar (la actual Giralda), decorado con la típica sebka o red de rombos almohade; y la Torre del Oro, edificio defensivo poligonal, rematado en almenas, situado a orillas del río Guadalquivir; su modelo fue la Torre de Espantaperros de la alcazaba de Badajoz.

Véase también[editar | editar código]

Notas[editar | editar código]

  1. Califa en Tinmel, renunció a los cinco días.
  2. En Tinmel.
  3. De azul oscuro y con bonete. Durante el reinado siguiente lograron, mediante donativos, que se les permitiese vestir de amarillo en vez de azul.[83]
  4. Guadalferza, Malagón, Calatrava la Vieja y Caracuel.[101]
  5. La Orden de Santiago fijó su sede en Uclés y la de Calatrava, en la localidad homónima (primero en Calatrava la Vieja y luego en la Nueva.[109]
  6. Pedro II de Aragón pereció en la batalla de Muret del 1213, combatiendo a los cruzados de Simón de Montfort y Alfonso VIII de Castilla falleció al año siguiente.[110]

Referencias[editar | editar código]

  1. «الموحدون/بنو عبد المؤمن (Les Almohades / Banu Abd al-Mu'min)» (en árabe). 
  2. Viguera Molins, 1999, p. 19.
  3. Viguera Molins, 2007, p. 205.
  4. Bosch Vilá, 1990a, p. 202.
  5. Viguera Molins, 2007, pp. 205-209.
  6. Bosch Vilá, 1990a, p. 204. Véase también Ibn Jaldún, Berbères, II, p. 167.
  7. Kennedy, 1996, pp. 198-199.
  8. Viguera Molins, 2007, pp. 205-207.
  9. 9,0 9,1 9,2 Kennedy, 1996, p. 200.
  10. Bosch Vilá, 1990a, pp. 209-210.
  11. Bosch Vilá, 1990b, p. 223.
  12. 12,0 12,1 12,2 12,3 Viguera Molins, 2007, p. 216.
  13. 13,0 13,1 Viguera Molins, 2007, p. 213.
  14. 14,0 14,1 14,2 Aguilar Sebastián, 2012, pp. 95-96.
  15. Viguera Molins, 2007, p. 215.
  16. 16,0 16,1 Bosch Vilá y Molina López, 1998, p. 224.
  17. 17,0 17,1 Bosch Vilá y Molina López, 1998, p. 227.
  18. 18,0 18,1 18,2 18,3 Bosch Vilá y Molina López, 1998, p. 228.
  19. Bosch Vilá, 1990b, pp. 226-228.
  20. 20,0 20,1 20,2 20,3 20,4 20,5 Kennedy, 1996, p. 202.
  21. Bosch Vilá y Molina López, 1998, pp. 224-225.
  22. Bosch Vilá y Molina López, 1998, p. 231.
  23. 23,00 23,01 23,02 23,03 23,04 23,05 23,06 23,07 23,08 23,09 23,10 Viguera Molins, 2007, p. 217.
  24. Valor Piechotta y Ramírez de Río, 1999, p. 38.
  25. 25,0 25,1 25,2 25,3 Viguera Molins, 2007, p. 218.
  26. Kennedy, 1996, pp. 202-203.
  27. 27,0 27,1 27,2 27,3 Kennedy, 1996, p. 203.
  28. 28,0 28,1 28,2 28,3 28,4 28,5 Viguera Molins, 2007, p. 219.
  29. 29,0 29,1 Viguera Molins, 2007, p. 220.
  30. 30,0 30,1 Viguera Molins, 2007, p. 223.
  31. Viguera Molins, 2007, pp. 224-225.
  32. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 96, 103.
  33. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 104-105.
  34. 34,0 34,1 Viguera Molins, 2007, p. 241.
  35. 35,0 35,1 Aguilar Sebastián, 2012, pp. 110-111.
  36. Aguilar Sebastián, 2012, p. 111.
  37. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 111-112.
  38. Viguera Molins, 2007, p. 244.
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  44. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 115, 117.
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  70. Viguera Molins, 2007, pp. 277-278.
  71. 71,0 71,1 71,2 71,3 71,4 71,5 71,6 Viguera Molins, 2007, p. 279.
  72. 72,0 72,1 Mínguez, 1989, p. 167.
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  74. Aguilar Sebastián, 2012, p. 156.
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  76. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 157-158, 161-162.
  77. 77,0 77,1 Viguera Molins, 2007, p. 280.
  78. 78,0 78,1 78,2 78,3 Aguilar Sebastián, 2012, p. 168.
  79. Viguera Molins, 2007, p. 246.
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  81. 81,0 81,1 81,2 81,3 81,4 81,5 81,6 Viguera Molins, 1999, p. 21.
  82. 82,0 82,1 82,2 Viguera Molins, 2007, p. 292.
  83. 83,0 83,1 83,2 83,3 Viguera Molins, 2007, p. 293.
  84. Aguilar Sebastián, 2012, p. 169.
  85. 85,0 85,1 85,2 85,3 85,4 Viguera Molins, 2007, p. 283.
  86. 86,0 86,1 Aguilar Sebastián, 2012, p. 179.
  87. 87,0 87,1 87,2 87,3 Viguera Molins, 2007, p. 287.
  88. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 178-179.
  89. 89,0 89,1 Aguilar Sebastián, 2012, p. 180.
  90. 90,0 90,1 90,2 90,3 90,4 90,5 Viguera Molins, 2007, p. 288.
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  92. Aguilar Sebastián, 2012, p. 182.
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  96. Aguilar Sebastián, 2012, pp. 187-189.
  97. 97,0 97,1 Aguilar Sebastián, 2012, p. 193.
  98. 98,0 98,1 Viguera Molins, 2007, p. 290.
  99. Viguera Molins, 2007, pp. 288-289.
  100. 100,0 100,1 Viguera Molins, 2007, p. 289.
  101. 101,0 101,1 101,2 101,3 Viguera Molins, 2007, p. 291.
  102. Viguera Molins, 1999, pp. 21, 291.
  103. Viguera Molins, 1999, pp. 21, 292.
  104. Viguera Molins, 2007, p. 307.
  105. 105,0 105,1 105,2 Viguera Molins, 2007, p. 308.
  106. Viguera Molins, 1999, pp. 21, 310-311.
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  108. Mínguez, 1989, pp. 169-171.
  109. Mínguez, 1989, pp. 171-172.
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  112. 112,0 112,1 112,2 Viguera Molins, 2007, p. 303.
  113. 113,0 113,1 Rodríguez López, 1994, p. 109.
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  116. 116,0 116,1 Viguera Molins, 2007, p. 319.
  117. 117,0 117,1 117,2 117,3 Viguera Molins, 2007, p. 320.
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  119. 119,0 119,1 119,2 119,3 Viguera Molins, 2007, p. 315.
  120. Viguera Molins, 2007, pp. 315, 320.
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  131. 131,0 131,1 131,2 Viguera Molins, 2007, p. 316.
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Bibliografía[editar | editar código]

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  • Ali-de-Unzaga, Miriam, “Análisis Técnico y Contextualización de dos Banderas Marinies,” in Ysabel, La Reina Católica, M.L. Gómez Nebreda, ed. (Planeta, 2005), pp. 336-342. ISBN 9788493425340.
  • Ali-de-Unzaga, Miriam, “Abu Al-Hasan’s Banner,” en Ibn Jaldún: el Mediterráneo en el siglo XIV: auge y declive (El Legado Andalusi, 2006), pp. 124-127. [1]ISBN 9788496556348
  • Ali-de-Unzaga, Miriam, “Qur’anic Inscriptions on the so-called Pennon of Las Navas de Tolosa and Three Marinid Banners,” in Word of God, Art of Man: The Qur’an and its Creative Expressions, F. Suleman, ed. (Oxford University Press in association with The Institute of Ismaili Studies, 2007), pp. 239-270. ISBN 9780199591497
  • Ali-de-Unzaga, Miriam, “La bannière de Las Huelgas dite de Las Navas de Tolosa;” “Les bannières perdues des sultans mérinides,” in Le Maroc Médiéval. Un empire de l’Afrique à l’Espagne (Musée du Louvre, 2014), pp. 98-99; pp. 542-547. [2]ISBN 978-2-35031-490-7
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  • Bennison, Amira K., "Drums, Banners and Baraka: Symbols of authority during the first century of Marinid rule, 1250-1350," in The Articulation of Power in Medieval Iberia and the Maghrib, A. K. Bennison, ed. (Oxford University Press, 2014). ISBN 9780191771897 [3]
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