Economía internacional
La economía internacional se ocupa de los efectos que tienen sobre la actividad económica las diferencias internacionales en recursos productivos y preferencias de los consumidores, así como las instituciones internacionales que influyen en ellas. Trata de explicar las pautas y las consecuencias de las transacciones e interacciones entre los habitantes de distintos países, incluidas las relacionadas con el comercio, la inversión y las transacciones financieras.[1]
- El comercio internacional estudia los flujos de bienes y servicios a través de las fronteras internacionales a partir de factores de oferta y demanda, la integración económica, los movimientos internacionales de factores y variables de política económica como los tipos arancelarios y las cuotas comerciales.[2]
- Las finanzas internacionales estudian el flujo de capital a través de los mercados financieros internacionales y los efectos de estos movimientos sobre los tipos de cambio.[3]
- La economía monetaria internacional y la macroeconomía internacional estudian los flujos de dinero entre países y sus efectos resultantes sobre las economías en su conjunto.[4]
- La economía política internacional, una subcategoría de las relaciones internacionales, estudia cuestiones y efectos derivados, por ejemplo, de los conflictos internacionales, las negociaciones internacionales y las sanciones internacionales; la seguridad nacional y el nacionalismo económico; y los acuerdos internacionales y su cumplimiento.[5]
Comercio internacional[editar | editar código]
Ámbito y metodología[editar | editar código]
La teoría económica del comercio internacional se diferencia del resto de la teoría económica sobre todo por la movilidad internacional comparativamente limitada del capital y el trabajo.[6] En ese sentido, parecería diferir en grado, más que en principio, del comercio entre regiones alejadas de un mismo país. Por ello, la metodología de la economía del comercio internacional se distingue poco de la del resto de la economía. Sin embargo, la orientación de la investigación académica sobre el tema se ha visto influida por el hecho de que los gobiernos han tratado con frecuencia de imponer restricciones al comercio internacional, y el motivo para desarrollar la teoría del comercio ha sido a menudo el deseo de determinar las consecuencias de esas restricciones.[cita requerida]
La rama de la teoría del comercio que se clasifica convencionalmente como «clásica» consiste sobre todo en la aplicación de la lógica deductiva, originada en la teoría de la ventaja comparativa de Ricardo y desarrollada en una serie de teoremas cuyo valor práctico depende del realismo de sus postulados. El análisis «moderno» del comercio, en cambio, se basa principalmente en el análisis empírico.[cita requerida]
Teoría clásica[editar | editar código]
La teoría de la ventaja comparativa ofrece una explicación lógica del comercio internacional como consecuencia racional de las ventajas comparativas que surgen de las diferencias interregionales, con independencia de cómo se originen esas diferencias. Desde su exposición por David Ricardo,[7] se le han aplicado las técnicas de la economía neoclásica para modelizar las pautas de comercio que se derivarían de distintas fuentes postuladas de ventaja comparativa. No obstante, ha sido necesario adoptar supuestos extremadamente restrictivos —y con frecuencia poco realistas— para hacer que el problema sea tratable mediante el análisis teórico.[cita requerida]
El más conocido de los modelos resultantes, el teorema de Heckscher-Ohlin (H-O),[8] se basa en los supuestos de ausencia de diferencias internacionales en tecnología, productividad o preferencias de los consumidores; ausencia de obstáculos a la competencia pura o al libre comercio; y ausencia de economías de escala. Sobre esos supuestos, deriva un modelo de las pautas comerciales que surgirían exclusivamente de las diferencias internacionales en la abundancia relativa de trabajo y capital —lo que se denomina dotación de factores—. El teorema resultante establece que, bajo esos supuestos, un país con abundancia relativa de capital exportaría productos intensivos en capital e importaría productos intensivos en trabajo. El teorema demostró tener un valor predictivo muy limitado, como puso de manifiesto lo que pasó a conocerse como la «paradoja de Leontief»: el hallazgo de que, pese a su dotación abundante en capital, Estados Unidos exportaba productos intensivos en trabajo e importaba productos intensivos en capital.[9] No obstante, las técnicas teóricas —y muchos de los supuestos— usados para derivar el modelo H-O se emplearon posteriormente para obtener otros teoremas.[cita requerida]
El teorema de Stolper-Samuelson,[10] que se describe a menudo como un corolario del teorema H-O, fue un ejemplo temprano. En su forma más general afirma que, si el precio de un bien aumenta —o disminuye—, el precio del factor usado intensivamente en esa industria también aumentará —o disminuirá—, mientras que el precio del otro factor disminuirá —o aumentará—. En el contexto del comercio internacional para el que fue formulado, esto significa que el comercio reduce el salario real del factor de producción escaso y que la protección frente al comercio lo eleva.[cita requerida]
Otro corolario del teorema H-O es el teorema de igualación del precio de los factores de Samuelson, según el cual, dado que el comercio entre países tiende a igualar los precios de sus productos, también tiende a igualar los precios pagados a sus factores de producción.[11] A veces se ha interpretado que estas teorías implican que el comercio entre un país industrializado y un país en desarrollo reduciría los salarios de los trabajadores no cualificados del país industrializado. Sin embargo, como se indica más adelante, esa conclusión depende del supuesto improbable de que la productividad sea la misma en ambos países. Se han producido numerosos trabajos académicos en los que se ha intentado desarrollar los teoremas H-O y Stolper-Samuelson y, aunque muchos de ellos se consideran valiosos por las ideas que aportan, rara vez han resultado directamente aplicables a la tarea de explicar las pautas comerciales.[12]
Análisis moderno[editar | editar código]
El análisis moderno del comercio se aleja de los supuestos restrictivos del teorema H-O y estudia los efectos sobre el comercio de una amplia gama de factores, incluidos la tecnología y las economías de escala. Hace un amplio uso de la econometría para identificar, a partir de las estadísticas disponibles, la contribución de factores particulares entre los muchos factores distintos que influyen en el comercio. Un ejemplo de ese tipo de modelo econométrico es la ecuación de gravedad. Las contribuciones de las diferencias tecnológicas se han evaluado en varios estudios de este tipo. La ventaja temporal que surge del desarrollo de una nueva tecnología por parte de un país aparece como factor explicativo en un estudio.[13]
Otros investigadores han considerado que el gasto en investigación y desarrollo, las patentes concedidas y la disponibilidad de mano de obra cualificada son indicadores del liderazgo tecnológico que permite a algunos países producir un flujo de innovaciones tecnológicas.[14] También han observado que los líderes tecnológicos tienden a exportar productos de alta tecnología a otros países y a recibir de ellos importaciones de productos más estandarizados. Otro estudio econométrico estableció asimismo una correlación entre el tamaño del país y la proporción de exportaciones compuesta por bienes en cuya producción existen economías de escala.[15] El estudio sugirió además que los bienes objeto de comercio internacional se dividen en tres categorías, cada una con un tipo diferente de ventaja comparativa:
- bienes producidos mediante la extracción y el procesamiento rutinario de recursos naturales disponibles —como carbón, petróleo y trigo—, en los que los países en desarrollo suelen tener una ventaja frente a otros tipos de producción, y que podrían denominarse «bienes ricardianos»;
- bienes de baja tecnología, como textiles y acero, que tienden a desplazarse hacia países con dotaciones de factores adecuadas, y que podrían denominarse «bienes Heckscher-Ohlin»; y
- bienes de alta tecnología y bienes con elevadas economías de escala, como ordenadores y aviones, para los que la ventaja comparativa surge de la disponibilidad de recursos de I+D y de cualificaciones específicas, así como de la proximidad a mercados grandes y sofisticados.
Existe una fuerte presunción de que cualquier intercambio realizado libremente beneficiará a ambas partes, aunque ello no excluye la posibilidad de que perjudique a terceros. No obstante, bajo supuestos que incluían rendimientos constantes y condiciones competitivas, Paul Samuelson demostró que siempre será posible que los ganadores del comercio internacional compensen a los perdedores.[16] Además, en esa demostración, Samuelson no tuvo en cuenta las ganancias para otros derivadas de una mayor elección del consumidor, de la especialización internacional de las actividades productivas —y las consiguientes economías de escala— y de la transmisión de los beneficios de la innovación tecnológica. Un estudio de la OCDE ha sugerido que existen ganancias dinámicas adicionales derivadas de una mejor asignación de recursos, una especialización más profunda, rendimientos crecientes de la I+D y derrames tecnológicos. Los autores encontraron que la evidencia sobre las tasas de crecimiento era mixta, pero que existe una fuerte evidencia de que un aumento del 1 % en la apertura comercial incrementa el nivel del PIB per cápita entre un 0,9 % y un 2,0 %.[17] Sugirieron que gran parte de la ganancia surge del crecimiento de las empresas más productivas a expensas de las menos productivas. Estos hallazgos y otros[18] han contribuido a un amplio consenso entre los economistas según el cual el comercio genera beneficios netos muy sustanciales y las restricciones gubernamentales al comercio son, en general, perjudiciales.
Igualación del precio de los factores[editar | editar código]
No obstante, han existido recelos generalizados sobre los efectos del comercio internacional en los asalariados de los países desarrollados. El teorema de igualación del precio de los factores de Samuelson indica que, si la productividad fuera la misma en ambos países, el efecto del comercio sería producir una igualdad de los salarios. Como se ha señalado antes, a veces se interpreta que ese teorema implica que el comercio entre un país industrializado y un país en desarrollo reduciría los salarios de los trabajadores no cualificados del país industrializado. Sin embargo, no es razonable suponer que la productividad sería la misma en un país en desarrollo de salarios bajos que en un país desarrollado de salarios altos. Un estudio de 1999 encontró que las diferencias internacionales en los salarios se correspondían aproximadamente con diferencias equivalentes de productividad.[19] Las discrepancias restantes probablemente eran resultado de la sobrevaloración o infravaloración de los tipos de cambio o de rigideces en los mercados de trabajo. Se ha argumentado que, aunque a veces pueda haber presiones de corto plazo sobre los salarios en los países desarrollados, cabe esperar que la competencia entre empleadores en los países en desarrollo lleve finalmente los salarios a alinearse con los productos marginales de sus empleados. Las diferencias salariales internacionales restantes serían entonces resultado de diferencias de productividad, de modo que no habría diferencia entre los costes laborales unitarios de los países en desarrollo y los países desarrollados, ni presión a la baja sobre los salarios de los países desarrollados.[20]
Relación real de intercambio[editar | editar código]
También ha existido preocupación por la posibilidad de que el comercio internacional opere contra los intereses de los países en desarrollo. Estudios influyentes publicados en 1950 por el economista argentino Raúl Prebisch[21] y el economista británico Hans Singer[22] sugerían que existe una tendencia a que los precios de los productos agrícolas caigan en relación con los precios de los bienes manufacturados, volviendo la relación real de intercambio contra los países en desarrollo y produciendo una transferencia no intencionada de riqueza desde estos hacia los países desarrollados.
Sus hallazgos han sido confirmados por varios estudios posteriores, aunque se ha sugerido que el efecto puede deberse a un sesgo de calidad en los números índice utilizados o al poder de mercado de los fabricantes.[23] Los hallazgos de Prebisch y Singer siguen siendo controvertidos, pero se utilizaron en su momento —y se han utilizado posteriormente— para sugerir que los países en desarrollo deberían levantar barreras contra las importaciones manufactureras para fomentar sus propias «industrias nacientes» y reducir así su necesidad de exportar productos agrícolas. Los argumentos a favor y en contra de esta política son similares a los relativos a la protección de las industrias nacientes en general.[cita requerida]
Industrias nacientes[editar | editar código]
El término «industria naciente» se usa para designar una nueva industria que tiene perspectivas de adquirir ventaja comparativa a largo plazo, pero que no podría sobrevivir frente a la competencia de los bienes importados. Esta situación puede producirse cuando se necesita tiempo para alcanzar posibles economías de escala o para adquirir posibles economías de curva de aprendizaje. La identificación acertada de tal situación, seguida de la imposición temporal de una barrera contra las importaciones, puede en principio generar beneficios sustanciales para el país que la aplica: una política conocida como «industrialización por sustitución de importaciones». Que estas políticas tengan éxito depende de la capacidad de los gobiernos para elegir ganadores, con expectativas razonables tanto de éxitos como de fracasos. Se ha afirmado que la industria automovilística de Corea del Sur debe su existencia a la protección inicial frente a las importaciones,[24] pero un estudio sobre la protección de industrias nacientes en Turquía revela la ausencia de cualquier asociación entre aumentos de productividad y grado de protección, tal como cabría esperar de una política exitosa de sustitución de importaciones.[25]
Otro estudio ofrece evidencia descriptiva que sugiere que los intentos de industrialización por sustitución de importaciones desde la década de 1970 han fracasado por lo general,[26] aunque la evidencia empírica sobre la cuestión ha sido contradictoria y no concluyente.[27] Se ha argumentado que la crítica a la industrialización por sustitución de importaciones no consiste en que esté condenada al fracaso, sino en que los subsidios y los incentivos fiscales hacen mejor esa tarea.[28] También se ha señalado que, en cualquier caso, no podía esperarse que las restricciones comerciales corrigieran las imperfecciones del mercado interno que a menudo dificultan el desarrollo de las industrias nacientes.[29]
Un ejemplo: el caso del agua[editar | editar código]
Delbourg y Dinar (2020) buscan esclarecer cuáles son los factores determinantes detrás de los flujos del comercio de agua virtual —es decir, el comercio de productos agrícolas que incorporan recursos hídricos en su producción— con el fin de resolver si dicho comercio está motivado principalmente por las diferencias en las dotaciones relativas de agua entre países o por la ventaja comparativa en la productividad y utilización eficiente del recurso.[30] El marco teórico se fundamenta en la teoría de la ventaja comparativa de David Ricardo aplicada a los recursos naturales, combinada con el modelo Heckscher-Ohlin-Samuelson sobre la dotación de factores en el comercio internacional, el cual postula que las naciones exportarán bienes que hagan uso intensivo de sus recursos más abundantes y baratos.[31] A partir de esta base, los autores estructuran el debate científico en torno a dos hipótesis contrapuestas dentro de la literatura: la postura cuantitativa o de "dotación de agua", que sostiene que el agua virtual fluye de países con abundancia hídrica a países con escasez, y la postura cualitativa o de "productividad del agua", que defiende que los flujos se dirigen desde economías con un uso más eficiente (menor huella hídrica) hacia aquellas menos eficientes.[32]
Para contrastar estas hipótesis, la investigación implementa un modelo de gravedad con dos efectos fijos de alta dimensión aplicado a un conjunto de datos de panel transnacionales que abarcan las relaciones comerciales internacionales entre los años 1994 y 2007 [32]. El estudio analiza los flujos anuales de comercio bilateral en toneladas de 146 cultivos y 144 productos ganaderos provenientes de la base de datos armonizada BACI, extraída originalmente de la división estadística de las Naciones Unidas (COMTRADE).[33] Las variables hídricas clave se operacionalizan a través de razones o ratios relativos entre el exportador e importador: la dotación hídrica se calcula como los recursos hídricos renovables anuales por hectárea de tierra arable combinando datos de FAO Aquastat y el Banco Mundial,[34] mientras que la productividad se mide utilizando los datos históricos promedio de huella hídrica nacional por tonelada de la Water Footprint Network.[34] El modelo incorpora además controles económicos y demográficos tradicionales de los modelos de gravedad, tales como el PIB per cápita, el crecimiento poblacional, los índices de precios de los alimentos, la distancia geográfica, la contigüidad, el idioma común, el pasado colonial compartido y la pertenencia a acuerdos comerciales regionales.[35] Los resultados empíricos demuestran que las asimetrías en las dotaciones de agua por hectárea de tierra influyen positivamente en las exportaciones alimentarias, confirmando que los países áridos actúan como importadores netos de agua virtual y utilizan el comercio internacional como una herramienta para mitigar su escasez de recursos.[32] No obstante, en lo relativo a la productividad del agua, se revela una marcada relación no lineal: inicialmente, el agua virtual fluye de manera eficiente desde naciones más productivas hacia las menos productivas (generando un ahorro global de agua), pero al superar un determinado umbral de asimetría, la tendencia se revierte y los países con alta productividad hídrica importan bienes de naciones menos eficientes, desafiando la lógica pura de la ventaja comparativa.[31] A nivel agregado, el análisis revela que el comercio internacional de alimentos logró ahorrar un total de 4750 km³ de agua entre 1994 y 2007 —equivalente a cerca del 25% de los recursos hídricos totales transaccionados—, destacando al sector de los cereales como el más eficiente en la distribución global respecto a la productividad hídrica.[31]
Los autores concluyen que, si bien el comercio agrícola global es un mecanismo viable para aliviar los déficits hídricos locales, persisten graves exclusiones en el sistema, ya que diversas economías con extrema escasez de agua ubicadas en África continúan marginadas de las redes de intercambio comercial.[36] La inversión del principio de ventaja comparativa en niveles extremos de asimetría evidencia que muchos países ignoran la gestión óptima del agua debido a la ausencia histórica de incentivos económicos adecuados, como precios regulados o sanciones, priorizando en su lugar la explotación de otros factores de producción abundantes y baratos como la tierra o la mano de obra.[31] En consecuencia, se recomienda el diseño de políticas públicas diferenciadas: los países poco eficientes en el uso del agua que exportan productos intensivos en mano de obra barata deben replantear su asignación de recursos hídricos, mientras que aquellos que exportan cultivos debido a condiciones climáticas específicas deben enfocar sus esfuerzos institucionales en invertir en tecnología y conocimiento para incrementar la productividad de sus recursos hídricos locales.[36]
Políticas comerciales[editar | editar código]
Las conclusiones de los economistas sobre los beneficios del comercio han sido rechazadas con frecuencia por los responsables de las políticas públicas, que a menudo han tratado de proteger las industrias nacionales frente a la competencia exterior mediante barreras como aranceles y cuotas de importación. Los niveles arancelarios medios, situados en torno al 15 % a finales del siglo XIX, aumentaron hasta alrededor del 30 % en la década de 1930 tras la aprobación en Estados Unidos de la Ley arancelaria Smoot-Hawley.[37] Principalmente como resultado de acuerdos internacionales bajo los auspicios del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y posteriormente de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los niveles arancelarios medios se redujeron progresivamente hasta alrededor del 7 % durante la segunda mitad del siglo XX, y también se eliminaron algunas otras restricciones comerciales. No obstante, las restricciones que permanecen tienen gran importancia económica: entre otras estimaciones,[38] el Banco Mundial estimó en 2004 que la eliminación de todas las restricciones comerciales produciría beneficios superiores a 500 000 millones de dólares anuales en 2015.[39][actualizar]
Las mayores políticas restantes que distorsionan el comercio son las relativas a la agricultura. En los países de la OCDE, los pagos gubernamentales representan el 30 % de los ingresos de los agricultores y son frecuentes los aranceles superiores al 100 %.[40] Los economistas de la OCDE estiman que reducir todos los aranceles y subsidios agrícolas en un 50 % desencadenaría una reacción en cadena de reajustes en los patrones de producción y consumo que añadiría 26 000 millones de dólares adicionales a la renta mundial anual.[41][cita requerida]
Las cuotas inducen a los proveedores extranjeros a elevar sus precios hacia el nivel interno del país importador. Eso alivia parte de la presión competitiva sobre los proveedores nacionales, y tanto ellos como los proveedores extranjeros ganan a costa de una pérdida para los consumidores y para la economía nacional, a lo que se añade una pérdida irrecuperable de eficiencia para la economía mundial. Cuando las cuotas fueron prohibidas por las normas del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Europea recurrieron a acuerdos equivalentes conocidos como acuerdos de restricción voluntaria o restricciones voluntarias a la exportación, negociados con los gobiernos de los países exportadores —principalmente Japón—, hasta que también fueron prohibidos. Se ha considerado que los aranceles son menos perjudiciales que las cuotas, aunque puede demostrarse que sus efectos sobre el bienestar solo difieren cuando existen tendencias significativas al alza o a la baja en las importaciones.[42] Los gobiernos también imponen una amplia gama de barreras no arancelarias[43] que tienen efectos similares a las cuotas, algunas de las cuales están sujetas a acuerdos de la OMC.[44] Un ejemplo reciente[¿cuándo?] ha sido la aplicación del principio de precaución para excluir productos innovadores.
Finanzas internacionales[editar | editar código]
Ámbito y metodología[editar | editar código]
La economía de las finanzas internacionales no difiere en principio de la economía del comercio internacional, pero presenta diferencias importantes de énfasis. La práctica de las finanzas internacionales tiende a implicar mayores incertidumbres y riesgos porque los activos negociados son derechos sobre flujos de rendimientos que a menudo se extienden durante muchos años en el futuro. Los mercados de activos financieros tienden a ser más volátiles que los mercados de bienes y servicios porque las decisiones se revisan con mayor frecuencia y se ponen en práctica más rápidamente. Existe la misma presunción de que una transacción realizada libremente beneficiará a ambas partes, pero hay un peligro mucho mayor de que resulte perjudicial para terceros.[cita requerida]
Por ejemplo, la mala gestión de los préstamos hipotecarios en Estados Unidos condujo en 2008 a quiebras bancarias y escasez de crédito en otros países desarrollados, y las reversiones repentinas de los flujos internacionales de capital han provocado con frecuencia crisis financieras dañinas en países en desarrollo. Además, debido a la incidencia de cambios rápidos, la metodología de la estática comparativa tiene menos aplicaciones que en la teoría del comercio internacional, y el análisis empírico se emplea con mayor amplitud. Asimismo, el consenso entre los economistas sobre sus principales cuestiones es más estrecho y está más abierto a controversia que el consenso sobre el comercio internacional.[cita requerida]
Tipos de cambio y movilidad del capital[editar | editar código]
A finales del siglo XX se produjo un cambio importante en la organización de las finanzas internacionales, y los economistas siguen debatiendo sus implicaciones. Al final de la Segunda Guerra Mundial, los países signatarios del Acuerdo de Bretton Woods habían acordado mantener sus monedas a un tipo de cambio fijo respecto del dólar estadounidense y el gobierno de Estados Unidos se había comprometido a comprar oro a petición a un precio fijo de 35 dólares por onza. En apoyo de esos compromisos, la mayoría de los países signatarios habían mantenido un control estricto sobre el uso de divisas por sus nacionales y sobre sus operaciones con activos financieros internacionales.
Pero en 1971 el gobierno de Estados Unidos anunció que suspendía la convertibilidad del dólar, y siguió una transición progresiva hacia el régimen actual de tipos de cambio flotantes, en el que la mayoría de los gobiernos ya no intentan controlar sus tipos de cambio ni imponer controles sobre el acceso a divisas extranjeras o a los mercados financieros internacionales. El comportamiento del sistema financiero internacional se transformó. Los tipos de cambio se volvieron muy volátiles y se produjo una larga serie de crisis financieras dañinas. Un estudio estimó que, al final del siglo XX, se habían producido 112 crisis bancarias en 93 países;[45] otro estudio estimó que se habían producido 26 crisis bancarias, 86 crisis cambiarias y 27 crisis mixtas bancarias y cambiarias,[46] muchas veces más que en los años previos de la posguerra.
Al formular en la década de 1950 una defensa influyente de los tipos de cambio flexibles, Milton Friedman había sostenido que, si se producía alguna inestabilidad, esta sería principalmente consecuencia de la inestabilidad macroeconómica;[47] pero un análisis empírico de 1999 no encontró ninguna conexión aparente.[48]
La teoría neoclásica llevaba a esperar que el capital fluyera desde las economías desarrolladas ricas en capital hacia los países en desarrollo pobres en capital, porque allí los rendimientos del capital serían más altos. Los flujos de capital financiero tenderían a aumentar el nivel de inversión en los países en desarrollo al reducir sus costes de capital, y la inversión directa de capital físico tendería a promover la especialización y la transferencia de capacidades y tecnología. Sin embargo, el resultado final de esas políticas no fue el esperado. Las consideraciones teóricas por sí solas no pueden determinar el balance entre esos beneficios y los costes de la volatilidad, por lo que la cuestión ha debido abordarse mediante análisis empírico.
Un documento de trabajo de 2006 del Fondo Monetario Internacional ofrece un resumen de la evidencia empírica. Sus autores encontraron poca evidencia tanto de los beneficios de la liberalización de los movimientos de capital como de las afirmaciones según las cuales esa liberalización es responsable de la sucesión de crisis financieras. Sugieren que pueden obtenerse beneficios netos en los países que son capaces de cumplir condiciones umbral de competencia financiera, pero que, para otros, es probable que los beneficios se retrasen y que aumente la vulnerabilidad a las interrupciones de los flujos de capital.[49]
Políticas e instituciones[editar | editar código]
Aunque la mayoría de los países desarrollados tienen actualmente tipos de cambio flotantes, algunos de ellos —junto con muchos países en desarrollo— mantienen tipos de cambio nominalmente fijos, normalmente respecto del dólar estadounidense o del euro. La adopción de un tipo fijo requiere intervenir en el mercado de divisas por parte del banco central del país, y suele ir acompañada de cierto grado de control sobre el acceso de sus ciudadanos a los mercados internacionales.[cita requerida]
Algunos gobiernos han abandonado sus monedas nacionales en favor de la moneda común de una zona monetaria como la Eurozona, y otros, como Dinamarca, han conservado sus monedas nacionales pero las han vinculado a un tipo fijo con una moneda común adyacente. A escala internacional, las políticas económicas promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) han tenido una gran influencia, especialmente en los países en desarrollo.
El FMI fue creado en 1944 para fomentar la cooperación internacional en asuntos monetarios, estabilizar los tipos de cambio y crear un sistema internacional de pagos. Su principal actividad consiste en conceder préstamos para ayudar a los países miembros a superar problemas de balanza de pagos, sobre todo mediante la restauración de sus reservas de divisas agotadas. Sin embargo, sus préstamos están condicionados a la introducción, por parte de los gobiernos receptores, de medidas económicas que los economistas del Fondo consideran favorables a la recuperación.
Las políticas económicas recomendadas han sido, en términos generales, las adoptadas en Estados Unidos y en otros grandes países desarrollados —conocidas como el «Consenso de Washington»— y han incluido a menudo la eliminación de todas las restricciones a la inversión entrante. El Fondo ha sido duramente criticado por Joseph Stiglitz y otros por lo que consideran la imposición inapropiada de esas políticas y por no haber advertido a los países receptores de los peligros que pueden derivarse de la volatilidad de los movimientos de capital.
Estabilidad financiera internacional[editar | editar código]
Desde la época de la Gran Depresión en adelante, los reguladores y sus asesores económicos han sido conscientes de que las crisis económicas y financieras pueden propagarse rápidamente de un país a otro y de que las crisis financieras pueden tener consecuencias económicas graves. Durante muchas décadas, esa conciencia llevó a los gobiernos a imponer controles estrictos sobre las actividades y la conducta de bancos y otras entidades de crédito, pero en la década de 1980 muchos gobiernos siguieron una política de desregulación bajo la creencia de que las ganancias de eficiencia resultantes superarían cualquier riesgo sistémico. Las amplias innovaciones financieras que siguieron se describen en el artículo sobre economía financiera.
Uno de sus efectos ha sido aumentar considerablemente la interconexión internacional de los mercados financieros y crear un sistema financiero internacional con las características que en la teoría de control se denominan «complejo-interactivo». La estabilidad de un sistema así es difícil de analizar porque existen muchas secuencias posibles de fallo. Las crisis sistémicas internacionales que siguieron incluyeron el desplome bursátil de octubre de 1987,[50] el colapso japonés de los precios de los activos en la década de 1990,[51] la crisis financiera asiática de 1997,[52] la suspensión de pagos del gobierno ruso en 1998[53] —que provocó la caída del fondo de cobertura Long-Term Capital Management— y la crisis de las hipotecas de alto riesgo de 2007-2008.[54] Los síntomas han incluido por lo general desplomes en los precios de los activos, aumentos de las primas de riesgo y reducciones generales de la liquidez.[cita requerida]
Varias instituciones internacionales han propuesto medidas destinadas a reducir la vulnerabilidad del sistema financiero internacional. El Banco de Pagos Internacionales formuló dos recomendaciones sucesivas —Basilea I y Basilea II—[55] sobre la regulación de los bancos, y un grupo coordinador de autoridades reguladoras, el Foro de Estabilidad Financiera, creado en 1999 para identificar y abordar las debilidades del sistema, presentó algunas propuestas en un informe provisional.[56]
Migración[editar | editar código]
Consideraciones elementales llevan a presumir que la migración internacional produce una ganancia neta de bienestar económico. Se ha encontrado que las diferencias salariales entre países desarrollados y países en desarrollo se deben principalmente a diferencias de productividad,[19] que puede suponerse que surgen sobre todo de diferencias en la disponibilidad de capital físico, social y humano. La teoría económica indica que el movimiento de un trabajador cualificado desde un lugar donde los rendimientos de la cualificación son relativamente bajos hacia otro donde son relativamente altos debería producir una ganancia neta, aunque tendería a deprimir los salarios de los trabajadores cualificados en el país receptor.[cita requerida]
Se han realizado muchos estudios econométricos orientados a cuantificar esas ganancias. Un estudio del Copenhagen Consensus sugiere que, si la proporción de trabajadores extranjeros creciera hasta el 3 % de la fuerza laboral en los países ricos, habría beneficios globales de 675 000 millones de dólares anuales en 2025.[57] Sin embargo, una revisión de la evidencia llevó a un comité de la Cámara de los Lores a concluir que los beneficios económicos de la inmigración para el Reino Unido son relativamente pequeños.[58] La evidencia de Estados Unidos también sugiere que los beneficios económicos para el país receptor son relativamente pequeños,[59] y que la presencia de inmigrantes en su mercado laboral produce solo una pequeña reducción de los salarios locales.[59]
Desde el punto de vista de un país en desarrollo, la emigración de trabajadores cualificados representa una pérdida de capital humano —conocida como fuga de cerebros— que deja al resto de la fuerza de trabajo sin el beneficio de su apoyo. Ese efecto sobre el bienestar del país de origen se ve compensado en cierta medida por las remesas que los emigrantes envían a casa y por la mayor cualificación y educación con que algunos de ellos regresan. Un estudio introduce un factor compensatorio adicional al sugerir que la oportunidad de migrar fomenta la matriculación educativa, promoviendo así una «ganancia de cerebros» que puede contrarrestar la pérdida de capital humano asociada a la emigración.[60] Sin embargo, estos factores pueden verse contrarrestados a su vez en función de los fines para los que se utilicen las remesas. Como sugiere la evidencia de Armenia, en lugar de actuar como herramienta contractual, las remesas pueden incentivar aún más la emigración al servir como recurso para facilitar el proceso migratorio.[61]
Mientras que algunos estudios sugieren que los países de origen pueden beneficiarse de la emigración de trabajadores cualificados,[62] por lo general es la emigración de trabajadores no cualificados y semicualificados la que resulta económicamente beneficiosa para los países de origen, al reducir la presión para crear empleo. Cuando la emigración cualificada se concentra en sectores altamente especializados concretos, como la medicina, las consecuencias son graves e incluso catastróficas en los casos en que ha emigrado alrededor del 50 % de los médicos formados. Las cuestiones cruciales, como ha reconocido recientemente la OCDE, son el retorno y la reinversión de los propios migrantes en sus países de origen; por ello, las políticas gubernamentales en Europa se centran cada vez más en facilitar la migración temporal cualificada junto con las remesas de los migrantes.
A diferencia del movimiento de capital y bienes, desde 1973 las políticas gubernamentales han intentado restringir los flujos migratorios, a menudo sin justificación económica. Tales restricciones han tenido efectos de desviación, canalizando la gran mayoría de los flujos migratorios hacia la migración ilegal y la «falsa» solicitud de asilo. Dado que esos migrantes trabajan en industrias no cualificadas con salarios más bajos y a menudo con costes nulos de seguro social, la ganancia derivada de los flujos de migración laboral es en realidad mayor que las ganancias mínimas calculadas para los flujos legales. Sin embargo, los efectos secundarios acompañantes son significativos e incluyen daños políticos a la idea de inmigración, salarios no cualificados más bajos para la población del país receptor y mayores costes de control policial junto con menores ingresos fiscales.
Globalización[editar | editar código]
El término globalización tiene diversos significados, pero en términos económicos se refiere al movimiento que se está produciendo hacia la movilidad completa del capital, el trabajo y sus productos, de modo que las economías del mundo avanzan hacia una integración total. Las fuerzas impulsoras del proceso son la reducción de las barreras impuestas políticamente y de los costes de transporte.
Es un proceso con orígenes antiguos[cita requerida] que se ha acelerado en los últimos cincuenta años, pero que está muy lejos de completarse. En sus etapas finales, los tipos de interés, los salarios y los tipos impositivos sobre sociedades y renta serían iguales en todas partes, impulsados hacia la igualdad por la competencia, a medida que inversores, asalariados y contribuyentes empresariales y personales amenazaran con migrar en busca de mejores condiciones. De hecho, hay pocos indicios de convergencia internacional de tipos de interés, salarios o tipos impositivos. Aunque el mundo está más integrado en algunos aspectos, puede sostenerse que, en conjunto, está ahora menos integrado que antes de la Primera Guerra Mundial,[63] y que muchos países de Oriente Medio están menos globalizados que hace 25 años.[64]
Entre los avances hacia la integración que se han producido, el más intenso ha tenido lugar en los mercados financieros, en los que se estima que la globalización se ha triplicado desde mediados de la década de 1970.[65] Investigaciones recientes han mostrado que ha mejorado el reparto del riesgo, pero solo en los países desarrollados, y que en los países en desarrollo ha aumentado la volatilidad macroeconómica. Se estima que ha generado ganancias netas de bienestar en todo el mundo, aunque con perdedores además de ganadores.[66]
El aumento de la globalización también ha facilitado que las recesiones se propaguen de un país a otro. Una reducción de la actividad económica en un país puede provocar una reducción de la actividad en sus socios comerciales como consecuencia de la disminución de la demanda de sus exportaciones, que es uno de los mecanismos por los que el ciclo económico se transmite de un país a otro. La investigación empírica confirma que, cuanto mayor es el vínculo comercial entre países, más coordinados están sus ciclos económicos.[67]
La globalización también puede influir de manera significativa en la conducción de la política macroeconómica. El modelo Mundell-Fleming y sus extensiones[68] se utilizan a menudo para analizar el papel de la movilidad del capital, y también fue utilizado por Paul Krugman para ofrecer una explicación sencilla de la crisis financiera asiática.[69] Parte del aumento de la desigualdad de ingresos que se ha producido dentro de los países es atribuible —en algunos casos— a la globalización. Un informe reciente del FMI muestra que el aumento de la desigualdad en los países en desarrollo durante el periodo 1981-2004 se debió por completo al cambio tecnológico, con una contribución negativa parcialmente compensatoria de la globalización, y que en los países desarrollados la globalización y el cambio tecnológico fueron igualmente responsables.[70]
Oposición[editar | editar código]
La mayoría de los economistas consideran que la globalización contribuye al bienestar económico, aunque no todos. El profesor Joseph Stiglitz,[71] de la School of International and Public Affairs, Columbia University, ha defendido el argumento de la industria naciente para la protección en los países en desarrollo y ha criticado las condiciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional para prestar ayuda.[72] El profesor Dani Rodrik, de Harvard,[73] ha señalado que los beneficios de la globalización se distribuyen de forma desigual y que esta ha generado desigualdades de renta, pérdidas dañinas de capital social en los países de origen y tensiones sociales derivadas de la inmigración en los países receptores.[74] Martin Wolf ha realizado un amplio análisis crítico de estas afirmaciones,[75] y una conferencia del profesor Jagdish Bhagwati ha revisado el debate mantenido entre los economistas.[76]
Véase también[editar | editar código]
- Anexo:Temas de comercio internacional
- Arbitraje
- Ventaja comparativa
- Ganancias del comercio
- Geopolítica
Notas[editar | editar código]
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Referencias[editar | editar código]
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Enlaces externos[editar | editar código]
- Alan Deardorff. Glossary of International Economics. Glosario alfabético con numerosos términos microeconómicos y macroeconómicos.
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- Council on Foreign Relations. «IIGG Interactive Guide to Global Finance».
- International Economics: The Great Outsourcing Shift. «The essential guide to understanding why domestic companies will soon change their outsourcing focus from China to Mexico». Enlace archivado, 22 de mayo de 2013.
- Documentos históricos sobre comercio internacional y finanzas internacionales disponibles en FRASER.
- Organization for International Economic Relations (OiER).