Ciudad medieval
Durante la Plena Edad Media y la Baja Edad Media, Europa se transformó en un mundo urbano. A pesar de que la mayoría de la población continuó siendo rural, a partir de este periodo las ciudades se convirtieron, de forma definitiva, en los centros rectores de la vida económica, social, política y cultural en este continente.
Las ciudades medievales presentan una variada casuística y morfología, pudiendo distinguir tres grandes grandes áreas: la Europa cristiana, el Islam y el Imperio bizantino.
La ciudad medieval forma parte de un sistema económico y político en estrecha relación con el campo y con otros poderes locales, regionales, estatales e incluso extranjeros.
La ciudad medieval juega un papel crucial en la demografía, economía, sociedad, política y cultura de la Edad Media.
La historia urbana y las ciudades medievales[editar | editar código]
En la Plena Edad Media se da una gran expansión en el desarrollo de las ciudades, facilitada por fenómenos demográficos y migratorios. Durante la Baja Edad Media se producen cambios y reajustes.
Modelos de origen y desarrollo[editar | editar código]
En lo que respecta al origen y desarrollo de las ciudades medievales, se pueden identificar distintos modelos.
Europa occidental cristiana[editar | editar código]
En la Europa occidental medieval, los historiadores suelen distinguir tres modelos de origen y desarrollo que, a grandes rasgos, coinciden con tres áreas del continente: el occidente septentrional, el occidente meridional, y el oriente eslavo.[1]
Las ciudades del norte. En Alemania, Flandes y la Francia situada entre los ríos Sena y Rin, fueron apareciendo wiks y portus junto a plazas fuertes semiabandonadas o en sus cercanías, aprovechando algún palacio (real o episcopal) o alguna abadía. Estos wiks y portus eran pequeños establecimientos en que algunos mercaderes ambulantes instalaron sus almacenes y organizaron unos mínimos intercambios que se consolidaron durante el siglo X y comienzos del XI cuando los comerciantes obtuvieron privilegios tanto para ellos como para los barrios en que habitaban.[1] El doble carácter de estos núcleos se reflejó en su plano: de un lado, estaba la civitas o el castrum inicial y, de otro, el burgus comerciante y artesano. A finales del siglo XI, las comunidades de vecinos de los burgos estaban ya plenamente asentadas. Un siglo más tarde alcanzaban su madurez en Brujas, Gante, Colonia, Estrasburgo, Basilea o Londres.[1]
Las ciudades mediterráneas. Los núcleos del sur de Europa adquirieron rasgos diferentes a los del norte debido a la tradición municipal romana y una cierta pervivencia de la aristocracia (sobre todo eclesiástica, y en menor medida laica). Dentro de estos núcleos meridionales se suelen distinguir tres espacios regionales: el italiano, el francés y el hispano.[1] El espacio italiano fue el que conservó mejor los núcleos físicos de época romana e incluso la mentalidad que permitió su renacimiento urbano en el siglo XI. Fue también en este espacio donde la aristocracia señorial y terrateniente se incorporó más tempranamente a las empresas mercantiles.[1] El espacio francés fue un reverso del italiano. En el norte, la ruina de algunos portus de época del Imperio carolingio benefició a otros situados más al norte. En el sudeste, la zona más romanizada, la deserción urbana fue intensa. Los núcleos se convirtieron en reductos fortificados de las aristocracias, sólo interesadas en el comercio de lujo de larga distancia. Las escasas ciudades de la zona empiezan a reanimarse a finales del siglo XI gracias a la paz.[1] El espacio hispanocristiano mostró una mayor variedad de modelos urbanos. Los primeros brotes se detectaron a finales del siglo X en León, Nájera y Barcelona en relación con la actividad económica desarrollada en el Ándalus. Un siglo después, el renacimiento urbano se hizo visible en dos áreas: la septentrional y la de avance reconquistador en el sur.[1] En el área septentrional surgieron núcleos a lo largo del Camino de Santiago, donde se instalaron mercaderes y artesanos, en parte, extranjeros.[1] En la zona de avance reconquistador en el sur, el desarrollo de las ciudades en el siglo XII respondería más al proceso de repoblación que a la actividad mercantil: tal es el caso de ciudades como Ávila, Segovia y Salamanca, con excepción de la conquistada Zaragoza (1118), que heredaba las tradiciones romana e islámica. Después, en el siglo XIII, se incorporarían al espacio cristiano mediante conquista ciudades como Valencia, Córdoba (1236) y Sevilla (1248), ciudades de grandes dimensiones características del sur de la península ibérica desde la Edad Antigua y que, durante la Edad Media, solo habían existido hasta entonces en el espacio islámico.[1]
Las ciudades eslavas. El origen de las ciudades eslavas medievales se halla en los recintos fortificados, los gorods, a cuyo pie se fueron instalando pequeños núcleos de artesanos. Algunos eran sedes episcopales como Cracovia; otros eran residencias de príncipes, como Esztergom en Hungría o Nóvgorod en Rusia. Muchos de ellos se beneficiaron del comercio de los vikingos suecos o varegos. Cuando, desde mediados del siglo XII, los alemanes sustituyeron a aquéllos en las actividades mercantiles de la zona, la difusión del derecho municipal germánico contribuyó a fortalecer el papel de los núcleos urbanos.[1]
Islam[editar | editar código]
Imperio bizantino[editar | editar código]
Los sistemas urbanos y sus contextos[editar | editar código]
En el espacio urbano de la ciudad medieval se pueden identificar modelos y peculiaridades.
Economía[editar | editar código]
En la ciudad medieval se llevaban a cabo variadas actividades económicas, como la agricultura, la artesanía, el comercio, y se produce el despertar de la actividad financiera, claves para un desarrollo protocapitalista.
Agricultura[editar | editar código]
Artesanía[editar | editar código]
Comercio[editar | editar código]
Finanzas[editar | editar código]
La sociedad urbana: los grupos sociales del común a las élites[editar | editar código]
La sociedad urbana de la ciudad medieval es compleja, y su estructura se transforma a lo largo del periodo. Distintos grupos sociales se fueron afectados por factores de integración y exclusión.
Hombres y mujeres[editar | editar código]
Mayorías y minorías religiosas[editar | editar código]
Los forasteros[editar | editar código]
El gobierno de la ciudad y la conflictividad[editar | editar código]
En la ciudad medieval existían estatus jurídicos y económicos diferenciados. Surgieron oligarquías que terminaron dominando las ciudades, y se gestó progresivamente un sentimiento de identidad entre el grupo de no privilegiados, llamado el “común”. Desde una perspectiva institucional, la política urbana juega un papel fundamental en la elaboración de leyes, la impartición de justicia, la recaudación de impuestos y la organización de la vida de las personas en la ciudad. Junto con el orden, se observan también fenómenos de conflictividad y resistencia.
La ciudad como centro religioso y cultural[editar | editar código]
Las ciudades medievales eran centros religiosos y culturales de primer orden. En ellas se produce la implantación de nuevas órdenes religiosas y nuevas formas de devoción, así como la aparición de las universidades, la proliferación del notariado (y con él la extensión de la escritura), y la introducción de nuevas corrientes artísticas e intelectuales.
La ciudad y la construcción del Estado[editar | editar código]
Notas[editar | editar código]
Referencias[editar | editar código]
- Fasoli, G.; Bocchi, F. (1973). La città medievale italiana (en italiano). Florencia.
- García de Cortázar, José Ángel; Sesma Muñoz, José Ángel (2014). Manual de historia medieval. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-8875-6.