Córdoba del siglo IX

De Enciclopedia Salmantina

Conspiración (805)

El mayor conflicto con el que habría de enfrentarse el emir al-Hakam I (r. 796-822) vino de la propia ciudad de Córdoba. Sus causas parecen haber sido varias y no siempre conexas entre sí, pero hay indicios claros de que había un fuerte descontento político y fiscal entre diversos sectores de la población, reacción lógica ante los intentos de consolidación estatal, que requerían financiación y medidas legales claras; y un gran resentimiento por parte de los muladíes de la ciudad, que, como buenos neófitos, eran sumamente rigurosos desde el punto de vista religioso, por lo que estaban disconformes ante la actitud que en ese sentido mostraban las clases dominantes de origen árabe, incluido el propio emir. Este motivo «religioso» no era sino la parte «mostrable» de un conjunto de lo que hoy llamaríamos reivindicaciones de igualdad.

La revuelta tuvo dos fases: en 805 hubo una conspiración en Córdoba para situar en el trono a un primo del emir, de nombre Muhammad. Éste, no muy conforme con el asunto, lo reveló al soberano. Numerosos conspiradores fueron entonces ejecutados, entre ellos destacados notables de la élite árabe y altos cargos de palacio. Esta primera revuelta no parece haber sido, pues, de carácter antiomeya ni producida por descontento social, sino que tuvo que ver con clases privilegiadas que no deseaban perder su condición, la cual sentían amenazada por la política del emir. La consecuencia más inmediata de estos sucesos fue que el soberano, temeroso, se reforzó en el alcázar, rodeándose cada vez en mayor medida de su guardia personal de esclavos. Como consecuencia, se creó un círculo vicioso de incomunicación y recelo entre él y los cordobeses.

Revuelta del Arrabal (818)

En 818 tuvo lugar la segunda fase. Se trata de la conocida revuelta del Arrabal, gran barrio al otro lado del Guadalquivir. Al parecer, sus habitantes, en su inmensa mayoría muladíes, se mostraron muy disconformes ante la imposición de abusivos impuestos no coránicos. La situación era inadmisible desde el punto de vista religioso, por lo que a las voces del «pueblo llano» se unieron las de algunos reconocidos juristas. La población del Arrabal cruzó el puente y asoló la ciudad, pero fue reducida mediante una maniobra envolvente de las tropas emirales. Los rebeldes fueron masacrados, los supervivientes fueron exiliados o vendidos como esclavos y el Arrabal reducido a escombros y cenizas.

Véase también

Referencias

  • Carrasco Manchado, Ana I.; Martos Quesada, Juan; Souto Lasala, Juan (2009). Al-Andalus. Madrid: Istmo. pp. 32-33.